Publicado: junio 20, 2026, 8:30 am
Miles de turistas colombianos y extranjeros quedaron bloqueados durante el lunes 15 de junio en hoteles y pueblos del Parque Nacional Tayrona durante los fuertes combates entre el Ejército Nacional de Colombia y las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada. El objetivo del operativo era capturar a un importante lÃder narcotraficante que consiguió escapar del cerco.
El enfrentamiento armado se inició en la madrugada de un dÃa festivo en Colombia, afectó a la población indÃgena y provocó el cierre de la carretera troncal que conecta Santa Marta con la Guajira durante 24 horas.
En las imágenes tomadas por testigos se pudieron ver barricadas con árboles cortados, filas de coches inmovilizados y un autobús quemado. Tras los combates las tropas gubernamentales decomisaron fusiles, morteros, municiones y drones del grupo criminal.
Algunos empresarios denunciaron graves daños en las instalaciones hoteleras cercanas al lugar donde se desarrollaron las operaciones militares y valoraron las pérdidas como millonarias. En las imágenes mostradas en los videos se pudieron ver habitaciones destruidas, televisiones averiadas, colchones rasgados, puertas y mobiliario afectados.
La situación de inseguridad en el Caribe colombiano se suma a una caÃda superior al 90% de la actividad turÃstica y a las denuncias de los empresarios sobre extorsiones que sufren por estos grupos criminales.
Las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada son un grupo armado narcoparamilitar con fuerte arraigo en Santa Marta y los alrededores. Operan principalmente en los departamentos de Magdalena, La Guajira y Cesar y creado entre 2006 y 2008 como herederas del Bloque Resistencia Tayrona, un antiguo grupo armado de las Autodefensas de Colombia.
Controlan las rutas estratégicas de narcotráfico hacia el Caribe, asà como redes de extorsión locales y mantienen una fuerte disputa territorial con el Clan del Golfo, uno de los carteles más duros de América Latina. El aumento de los enfrentamientos entre ambos grupos criminales por uno de los corredores más estratégicos del narcotráfico ha deteriorado la situación de seguridad en los últimos meses en toda la región.
Informes de inteligencia militar colombiana aseguran que esta zona montañosa es utilizada para el tránsito de grandes cargamentos de cocaÃna y clorhidrato de cocaÃna hacia el mar Caribe con destino Centroamérica y Estados Unidos.
En los últimos años, paÃses como Costa Rica, paraÃsos del turismo, se han convertido en sucursales estratégicas donde los narcos colombianos y mexicanos guardan los excedentes de cocaÃna. La debilidad institucional de un paÃs que no tiene ejército y una policÃa muy corrupta ha posibilitado que Costa Rica sea una ruta clave para la exportación de cocaÃna a Estados Unidos y Europa, según informes de la DEA, la agencia federal estadounidense que combate el narcotráfico.
El ejército colombiano tuvo que mandar refuerzos para controlar los territorios afectados por los combates. La operación militar incluyó un amplio despliegue aéreo y terrestre. La Fuerza Aeroespacial Colombiana participó con varias aeronaves en la persecución de los narcotraficantes, además de unidades especializadas del Ejército que se desplegaron en la zona para expulsar a los grupos armados de las principales vÃas comunicación.
Colombia vive ensombrecida por varios conflictos armados con bandas criminales que han disparado el número de homicidios durante el último año. La población rural de varios departamentos del PacÃfico, la frontera con Venezuela y el sur del paÃs también sufre los combates entre diferentes carteles del narcotráfico y la minerÃa ilegal y el ejército y la policÃa colombianas.
El Clan del Golfo, también autodenominado Ejército Gaitanista de Colombia, es la organización criminal y narcotraficante más grande y poderosa del paÃs, con entre 7.000 a 10.000 miembros. Aunque su mayor bastión histórico se encuentra en el golfo de Uraba, con una frontera selvática con Panamá muy difÃcil de vigilar, este grupo armado ha ampliado sus operaciones y su influencia criminal en más de 400 municipios de 17 departamentos, que suponen más de la mitad de los 32 en los que está dividido administrativamente el paÃs.
Sus principales ingresos provienen del tráfico transnacional de cocaÃna pero también consiguen lucrarse de la minerÃa de oro, la extorsión y los secuestros, la prostitución y el control de los flujos migratorios irregulares. El gobierno de Estados Unidos ha catalogado a este cartel como una organización terrorista y ha ordenado la persecución internacional de sus cabecillas y sus finanzas.
En agosto de 2024 comenzó formalmente una negociación entre el gobierno del presidente Gustavo Petro y los responsables de este grupo criminal. La mayor parte del diálogo se desarrolló en Qatar, paÃs que actuó como mediador. El objetivo era el desarme y la integración en la vida civil con la creación de las llamadas Zonas de Ubicación Temporal para concentrar a los combatientes.
La generosidad del estado avanzó hasta la suspensión de las órdenes de captura de los cabecillas. Pero en febrero de 2026 se rompieron las negociaciones cuando el gobierno colombiano pactó con Estados Unidos reforzar la cooperación para capturar a los cabecillas al conocer que el cartel se habÃa reforzado militarmente durante las negociaciones.
En otras zonas del paÃs, especialmente en los departamentos bañados por el PacÃfico, los enfrentamientos entre el Clan del Golfo y las disidencias de las FARC, una guerrilla que desmovilizó a la mayorÃa de sus combatientes a partir de los acuerdos de paz firmados en 2016, y el ELN, la guerrilla más activa y antigua de Colombia y quizá del mundo, fundada hace más de sesenta años en julio de 1964, por el control de los corredores de la cocaÃna, ha provocado graves desplazamientos y confinamientos de la población civil, atrapada entre varios fuegos.
El Clan de Golfo, el ELN y las disidencias de las FARC acumulan a la inmensa mayorÃa de los 27.000 combatientes ilegales que hay desplegados en el paÃs. Pero también existen decenas de grupos criminales y centenares de organizaciones de delincuencia organizadas cuya atomización dificulta la lucha del estado por imponer el orden público.
Los dos carteles mexicanos más temidos, el de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación, han creado sus propias estructuras locales en Colombia y tienen presencia en los departamentos costeros, clave para la salida de los cargamentos de cocaÃna. En algunas zonas del paÃs han creado alianzas con los carteles locales y han reforzado sus redes de sicarios. Además, en las grandes capitales del paÃs como Bogotá, MedellÃn y Cali, han conseguido fortalecer sus actividades financieras ilegales orientadas al lavado de dinero.
