Publicado: abril 19, 2026, 5:00 pm
El prorruso y euroescéptico Rumen Radev ha ganado las elecciones legislativas en Bulgaria con hasta el 39% de los votos, una victoria clara pero insuficiente para gobernar en solitario, según los primeros sondeos a pie de urna.
Según la encuesta de la agencia Alpha Research, Bulgaria Progresista, la formación creada por Radev después de dimitir como jefe de Estado en enero, habrÃa obtenido el 37,5% de los votos, mientras que la empresa demoscópica Trend le da incluso el 39,2%.
Radev, de 62 años, llegaba a estos comicios anticipados como el claro favorito, tras haber dimitido en enero pasado como presidente de Bulgaria, un año antes de concluir su segundo y último mandato.
Bulgaria celebró este domingo sus octavas legislativas desde 2021 en un clima de hartazgo ciudadano que ha impulsado al exmilitar, favorecido por el rechazo a una clase polÃtica percibida como corrupta y por la frustración por la falta de mejoras en el nivel de vida en el paÃs más pobre de la Unión Europea (UE).
Su renuncia como jefe del Estado para concurrir a los comicios, según explicó, respondió a la necesidad de «escuchar a los ciudadanos» en un momento de profunda crisis polÃtica, marcada por protestas contra la corrupción y la inestabilidad institucional.
Antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas, Radev inició su carrera militar en 1987, todavÃa bajo el régimen comunista, y se consolidó como uno de los militares más destacados del paÃs.
Graduado en Bulgaria con honores y más tarde, cuando llegó la democracia, en Estados Unidos, donde fue el mejor estudiante extranjero en la institución militar Air Command and Staff College, construyó una reputación de gran profesional antes de dar el salto a la polÃtica.
En 2016 fue elegido presidente como candidato independiente con el respaldo del Partido Socialista, y en 2021 revalidó el cargo.
Durante sus años en la jefatura del Estado (2017-2026), Radev mantuvo una relación tensa con el lÃder populista conservador Boiko Borisov, el polÃtico más destacado del paÃs en los últimos 15 años, a quien acusó de forma repetida de tolerar la corrupción.
Su enfrentamiento con los polÃticos tradicionales le granjeó apoyo popular, especialmente al respaldar varias protestas ciudadanas, entre ellas la movilización contra la corrupción y el encarecimiento que llevó el pasado diciembre a la caÃda del Gobierno de coalición liderado por el conservador Rosen Zhelyazkov.
Ahora, con un mensaje nacionalista centrado en la regeneración del Estado, la seguridad nacional y la rendición de cuentas, Radev ha logrado capitalizar el descontento ciudadano.
Su objetivo declarado es «transformar Bulgaria», aunque sus crÃticos advierten que su estilo personalista y sus planteamientos podrÃan deteriorar la democracia.
En este sentido, Radev no oculta su admiración por Orbán, a quien considera un modelo, aunque se le considera más pragmático y nunca ha puesto en duda la pertenencia del paÃs a la UE ni a la OTAN.
En su campaña, se ha centrado en la lucha contra la inflación y en priorizar la economÃa «por encima de ideologÃas», defendiendo reabrir el diálogo con Rusia para aprovechar sus recursos energéticos, cuestionando el Pacto Verde Europeo y mostrando una postura crÃtica con principios liberales, incluidas las polÃticas hacia la minorÃa LGBTI.
Este mismo domingo habÃa asegurado, después de votar, que buscará en el poder unas relaciones «prácticas y de respeto mutuo» con Moscú y volvió a subrayar que era necesaria una cooperación entre la UE y Rusia.
En polÃtica exterior, Radev defiende que se puede combinar la pertenencia a la Unión Europea y la OTAN con una postura crÃtica hacia las sanciones contra Rusia.
También aboga por mantener el diálogo con Moscú y se opone al envÃo de ayuda militar a Ucrania, argumentando que prolonga el conflicto.
En 2025 promovió, sin éxito, un referéndum sobre la adopción del euro en 2026, subrayando que una decisión de ese calibre debÃa contar con un amplio consenso social, especialmente en un paÃs donde un tercio de la población vive en riesgo de pobreza.
Su discurso combina elementos euroescépticos con una crÃtica frontal a las élites polÃticas y económicas, a las que acusa de beneficiarse del sistema en detrimento de la ciudadanÃa.
En este sentido, denuncia la influencia de figuras como Borisov y el empresario Delyan Peevski, sancionado por EEUU y el Reino Unido por corrupción, y a quienes responsabiliza de distorsionar la vida polÃtica del paÃs.
