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El bádminton después de Carolina Marín: ¿y ahora qué?

Publicado: abril 13, 2026, 12:30 am

Para siempre, su nombre en todos los récords del bádminton mundial. Para siempre, sus medallas, sus trofeos, sus éxitos, su camino, sus barreras rotas para que otros prosigan su senda. Algo que desea la propia Carolina Marín, ya leyenda de este deporte tras recibir el homenaje en su ciudad natal, en su pabellón, con su gente. Y algo que también persigue la Federación Española, que tampoco quiere que el bádminton desaparezca una vez la onubense ha salido del escenario. Se ha intentado aprovechar sus éxitos para ganar afición, reconocimiento y cantera con los que cimentar una nueva era del bádminton español, y se siguen poniendo las bases de un futuro que esperan esté cerca ya de dar más alegrías. Aunque se reconoce de primeras que « Carolina Marín solo hay una , en España, en Europa y en el mundo», pero se insiste en que sus medallas no van a caer en el olvido. Por el momento, en este Europeo que termina con los oros de Christo Popov y Kirsty Gilmour en el cuadro individual; de Gabriela y Stefani Stoeva en dobles femenino; de Ben Lane y Sean Vendy en dobles masculino, y de Mathias Christiansen y Alexandra Boje en dobles mixto, hubo una participación de 12 jugadores españoles, la mayor hasta el momento. Pero pretenden que esto solo sea el inicio de algo mucho mayor. «Desde 2021 estamos desarrollando un plan estratégico pensando precisamente en este pos-Carolina. Hemos pasado de 9 a 19 jugadores en el Centro de Alto Rendimiento, con expertos que vienen de todos los países para preparar tanto las pruebas de individual como las de dobles. Y un plan de preparación física que también ayuda en la base y en las áreas de tecnificación», comenta a este periódico Arturo Ruiz, director deportivo de la federación. Ha sido tanto el éxito de Marín que los objetivos realistas del presente parecen cortos, pero consideran desde la Federación que es la forma de asentar una buena base para evitar que este deporte vuelva a quedar relegado a algunos pabellones y colegios. «Necesitamos tiempo porque venimos de un periodo donde se centralizaban muchos los recursos en las pruebas de individual, y se partía casi de cero en otras pruebas. El que conoce el deporte sabe que se necesitan diez años para alcanzar ciertas metas, pero vamos a intentar acortarlo para que podamos aspirar a tener jugadores top 20 del mundo. Ya tenemos tres júniores entre los quince mejores del mundo, y una pareja top 50 cuando hace tres años no había ninguna dentro del top 100», prosigue Ruiz. Van a echar de menos a la onubense, claro, y le abren las puertas para que su legado continúe con ella en persona, como están intentando hacer con los demás exjugadores. Para que su camino no se corte, sino que solo sea una parada más para los que llegan por detrás. Pero también observan la dificultad que hay de extrapolar un talento indiscutible como el de la onubense a que surjan cien como ella. «Los recursos técnicos que necesita una jugadora que tiene que ganar una medalla de oro son muchos y salían del mismo presupuesto. El Consejo Superior de Deportes nos ayudó muchísimo con el plan ‘Team Élite España’, pero es verdad que había que hacer un equilibrio entre lo que necesitaba ella para lograr el podio y no descuidar el resto de proyectos, a los que no podíamos apoyar quizá como deberíamos. No era fácil. Son decisiones estratégicas que tienes que tomar y que tienen también sus pros y sus contras». Había unas 7.000 licencias cuando la onubense comenzó a brillar, y deja el bádminton con unas 12.000, un aumento que Ruiz considera adecuado y completa con el bum que no registran los datos: «Hay mucho practicante no federado y hay que considerar que el bádminton tiene sus condicionantes. Tenemos el hándicap de que no hay muchos pabellones con pistas que se puedan alquilar; no es como el pádel, por ejemplo. Pero se está apoyando a los centros de tecnificación, y se han desarrollado mucho las ligas regionales y nacionales», defiende el director deportivo. No solo se dibuja un plan para los jugadores, a los que se sigue en sus respectivas provincias y se les invita al CAR a entrenarse. También para los entrenadores: «Tenemos un ‘plan emerge’, donde entrenadores jóvenes se suman al ‘staff’ técnico del CAR para que aprendan lo que estamos haciendo. Y formación continua para todos. Digamos que hemos pasado de un CAR bastante cerrado en cuanto a entrenamientos individuales y formación, y ahora hay especialización en dobles y dobles mixtos y con formadores de los que aprendemos todos». Subraya la palabra tiempo, y también señala que se van viendo pequeños pasos hacia una meta ambiciosa que todos tienen en mente: «En las pruebas de doble no teníamos prácticamente ni experiencia ni conocimiento y ahora tenemos jugadores top 100 del mundo; que aspiramos a tener más top 50 y, estamos cerca de empezar a soñar con medallas a nivel europeo. Nuestra exigencia es que España esté la tercera del mundo, tras Dinamarca y Francia; abrir el CAR y crecer como equipo; y sacar una masa de jugadores, para alcanzar el mayor número top 100. Creemos que desde la construcción de equipos vamos a conseguir individualidades tarde o temprano». ¿Y ‘crear’ una nueva Carolina? «Nos encantará tener esa exigencia. Poner el listón así de alto. Y ya estamos implementando todo lo que está en nuestra mano para ello en cuestión de tecnología, para decidir cómo queremos que sea el deportista, la Carolina de dentro de 20 años. Con dispositivos con inteligencia artificial para el control de cargas; análisis diario de saliva para los niveles de testosterona y cortisol; GPS y acelerómetro en los chalecos. Hemos desarrollado una plataforma donde los entrenadores van a saber qué tienen que trabajar con los niños de 11 años, de 13, de 15, 17, 19 y hasta ser mayores a nivel técnico, táctico, físico, psicológico y nutricional». Además de la palabra «equipo» y «tiempo», Ruiz repite otra: «valores». Porque quiere éxitos, como todos, pero no a cualquier precio: «Quiero que ganen, pero quiero que sean personas y la formación del plan estratégico también va por ahí. El legado de Carolina es haber puesto el bádminton en España, y con la referencia de que se puede conquistar el mundo, y la responsabilidad de la Federación es que el bádminton tenga contenido, valores y se siga trabajando en alcanzar los éxitos».

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