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El adelanto electoral de la socialista Frederiksen… y cómo puede ser un mal espejo en el que se mire Sánchez

Publicado: octubre 3, 2026, 2:30 am

Hay temas que movilizan mucho más que otros y en el caso de Pedro Sánchez la vivienda puede ser uno de ellos. La caída de los dos decretos presentados por el Gobierno ha abierto de nuevo la opción de un adelanto electoral, teniendo además de fondo la movilización en Sol y una crisis que va a más y que el Ejecutivo no ha sabido paliar en sus ocho años en el poder. En ese escenario, el presidente tiene un espejo en el que mirarse: Mette Frederiksen. La danesa adelantó las elecciones bajo la premisa de convertirlas en una especie de plebiscito frente a las ínfulas expansionistas de Donald Trump con Groenlandia.

Y le salió bien o mal en función de cómo se mire: los socialdemócratas ganaron las elecciones, la primera ministra creció en los sondeos durante la campaña… pero el partido cosechó el peor resultado de su historia. No ocultó Frederiksen entonces que la principal motivación del adelanto fue la situación de la isla, y el tema copó la primera parte de la campaña. Pero los temas domésticos acabaron ocupando buena parte del debate: inmigración, coste de vida, pensiones, una posible reforma fiscal sobre la riqueza y medidas contra delincuentes extranjeros. También aparecieron con fuerza cuestiones medioambientales, como la protección del agua potable y el uso de pesticidas.

En las elecciones, los socialdemócratas de Frederiksen fueron la fuerza más votada, pero obtuvieron 38 de los 175 escaños que tiene el Parlamento, su peor resultado electoral desde 1903. Tras varias semanas de negociaciones, Frederiksen terminó formando en junio un Gobierno minoritario con los Socialdemócratas, el Partido Popular Socialista, Radikale Venstre -liberales- y los Moderados. Es decir, reeditó (más o menos) el Ejecutivo que ya tenía pero con menos peso para su formación.

La comparación tiene matices, pero Sánchez puede mirarse en el espejo de Frederiksen. ¿Qué juega a favor del presidente del Gobierno? El factor movilizador de un tema como la vivienda, que ha desatado las protestas ciudadanas y una acampada en Sol que ya muchos comparan con el 15-M. Esas marchas, unidas al desahucio de Mari Carmen, llevaron al Ejecutivo a presentar dos decretos sobre el asunto: la idea inicial era que pudiera salir adelante en el Congreso uno de los dos, el más liviano, aunque el segundo no lo hiciera. Pero la negativa de Junts a ambos llevó al Gobierno a una situación que algunas voces socialistas calificaron de «insostenible».

Sánchez se encuentra ante la posibilidad de señalar a la derecha como responsable de que las medidas no salgan adelante, en un foco que se pone no solo sobre los independentistas catalanes, sino también sobre el PNV y sobre todo sobre el PP. Es decir, el presidente del Gobierno podría colocar las elecciones anticipadas como un plebiscito sobre la crisis habitacional. «Me gusta ser un traidor a los fondos buitre», llegó a decir el jefe del Ejecutivo como respuesta a las críticas de Génova acusándole de «traicionar» a los españoles.

¿Y en contra? Hay dos factores clave: el primero, que el Gobierno ha pretendido hacer en pocas semanas lo que no ha logrado, según sus críticos, en ocho años en el poder. Desde 2023 ha aprobado distintas medidas en materia de vivienda: la Ley de Vivienda, que permite declarar zonas tensionadas y establece mecanismos de regulación de los alquileres; límites extraordinarios a la actualización de las rentas o la movilización de hasta 50.000 viviendas de la Sareb y la creación de CASA47 para gestionar y ampliar el parque público. Además, ha lanzado el Plan Estatal de Vivienda 2026-2030, dotado con 7.000 millones, entre otras medidas. Otras, en cambio, no han salido adelante en el Congreso.

Pero todo eso no ha resuelto el problema: según Eurostat, en el segundo trimestre de 2026 los precios de la vivienda crecieron en España un 12,1% interanual, frente al 4,7% de media en la UE; España registró así un aumento claramente superior al promedio europeo, aunque por debajo de países como Portugal (16,5%) y Bulgaria (15,5%). A esto se suma un déficit estructural de vivienda social: Bruselas estima que el parque destinado a fines sociales representa solo el 1,7% del parque residencial español, frente a aproximadamente el 7% en la UE, y señala un fuerte desajuste entre oferta y demanda, especialmente en grandes áreas urbanas, islas y zonas costeras. Por lo tanto, España combina actualmente un crecimiento de los precios de la vivienda muy superior a la media comunitaria con un parque de vivienda social considerablemente menor.

El segundo factor que no favorece a Sánchez es el desgaste de su figura. Su aprobación, según el CIS, se sitúa en un 4,18 sobre 10 y más de un 62% de la gente asegura tener poca o ninguna confianza en el presidente. A esto hay que sumar también la falta de una mayoría parlamentaria que respalde las medidas que quiere llevar adelante, algo que ha quedado en evidencia en numerosas ocasiones a lo largo de la legislatura.

Los sondeos, muy desfavorables para Sánchez

Vista esa foto, Sánchez tiene las encuestas en contra, pero mucho margen para crecer; algo parecido a lo que le ha pasado a Frederiksen. Ceuta, sin ir más lejos, le pasa factura, tal como se reflejó en la última encuesta del Instituto DYM para 20minutos (que no tenía en cuenta el ‘factor vivienda’). Según ese sondeo, el PP obtendría ahora mismo el 34,7% de los sufragios (144-148 escaños), dos décimas menos que en un sondeo en julio, aunque dicha cifra confirma una vez más su mejora de los resultados cosechados en los comicios de 2023, que ganó con el 33,1% de las papeletas.

Sea como fuere, está todavía por debajo del pico del 37,1% en intención de voto que llegó a alcanzar a finales de aquel año electoral. Vox, por su parte, se lleva la mejor parte del pastel, principalmente en detrimento del PP: sube casi un punto con respecto a hace dos meses y cinco desde las últimas elecciones generales, hasta el 17,3% (58-61 escaños), consolidándose en la tercera posición. El 10,4% de quienes votaron a los populares hace tres años lo harían hoy al partido de Santiago Abascal. Sea como fuere, la suma de PP y Vox les otorgaría una holgada mayoría absoluta en el Congreso, establecida en 176 escaños.

Los socialistas —a los que un 8,7% de los que los votaron en 2023 lo abandonarían hoy por el PP— obtendrían el 26,3% de los votos y una horquilla de entre 102 y 105 escaños. Son cinco puntos menos que en los comicios de 2023 y un dato muy cercano al que obtenía en la encuesta que DYM hizo en junio de 2025, en pleno estallido del caso Cerdán, cuando alcanzó su mínimo al registrar el 26,1% de los sufragios.

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