Publicado: julio 18, 2026, 3:30 am
La guerra entre Estados Unidos e Irán no termina. Teherán parece estar calculando que su presión sobre el estrecho de Ormuz obligará a Washington a ceder por completo. En la Casa Blanca parecen apostar por que sus nuevas acciones militares obligarán al régimen iraní a ceder y permitir el flujo normalizado del comercio. Mientras cada uno cree lo que cree, el conflicto prosigue. Sus finales son falsos finales. Tanto es así que EEUU podría estar poniendo en riesgo su capacidad militar para nuevos conflictos.
Lo último que ha dicho el presidente Donald Trump es que los ataques contra Irán «continuarán» hasta que él diga «basta». En una entrevista con la cadena Fox, ha advertido que recrudecerá la dureza de los mismos, a menos que Teherán «se siente a la mesa y negocie». Según el mandatario, «hace dos días teníamos un acuerdo y luego lo rompieron en el último momento».
En las últimas horas, el Comando Central estadounidense (Centcom) informó de una nueva ronda de ataques contra decenas de objetivos militares cerca del estrecho y en zonas costeras iraníes. En respuesta, la Guardia Revolucionaria de Irán aseguró que el estrecho de Ormuz «permanecerá cerrado» hasta que cesen los ataques de EEUU.
En tiempos de paz, antes de los ataques de que EEUU e Israel iniciaran la guerra el 28 de febrero pasado, por Ormuz transitaba el 20% del tráfico mundial de petróleo y gas natural licuado. Su cierre, dice Irán, pone en peligro los intereses de los rivales económicos de Estados Unidos.
Washington y Teherán parecen vivir su propio día de la marmota. La guerra va a acabar pero nunca acaba. El resultado es que las reservas de armas clave de EEUU se han reducido considerablemente, según expertos consultados por CNN News. La situación de los arsenales podría afectar la capacidad estadounidense para afrontar una eventual guerra con China o incluso con Corea del Norte.
Un nivel de riesgo alto
Armas clave son los misiles utilizados para ataques de precisión de largo alcance y para defenderse de ataques aéreos y con misiles enemigos. Según un análisis del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS), para cuando cesaron las hostilidasdes en abril, el Pentágono había utilizado al menos la mitad de sus interceptores de misiles balísticos THAAD, casi la mitad de sus interceptores Patriot y alrededor del 30% de sus misiles de ataque terrestre Tomahawk.
«Si la guerra continúa al ritmo de los últimos cinco días… las reservas se reducirán lo suficiente como para generar un nivel de riesgo más alto… en el Indo-Pacífico», le ha dicho a la CNN Mark Cancian, coronel retirado del Cuerpo de Marines y analista de defensa del CSIS.
Hasta ahora se entendía que la capacidad de EEUU para sostener una campaña prolongada de presión militar y económica sobre Irán iba a depender del precio mundial del petróleo, el gas natural licuado y los fertilizantes que transitan por el estrecho de Ormuz. Ya dijo Trump que no quería ser como Herbert Hoover y ser el presidente de una nueva Gran Depresión. Pero los análisis militares demuestran que hay otro límite para la Casa Blanca, que no es tanto el arsenal presente como el futuro.
Según el calendario de entregas para el actual año fiscal, el Pentágono recibe aproximadamente 15 nuevos misiles Tomahawk y 20 Patriot al mes. No hay entregas previstas de misiles THAAD para 2026.
De 3 a 5 años para recuperar existencias
El CSIS calcula que se necesitarán tres años o más para recuperar las existencias a los niveles previos a la guerra con Irán. Elaine McCusker, investigadora del American Enterprise Institute y exsubsecretaria del Pentágono, dijo a CNN que «el plazo para reponer las municiones, en la mayoría de los casos, se medirá en años: entre dos y cinco para la mayoría».
En las últimas semanas, la Casa Blanca solicitó formalmente al Congreso fondos adicionales para cubrir los costos de la guerra con Irán, pero la medida enfrenta un camino complicado en el Capitolio. John Ferrari, general retirado del Ejército y también vinculado al American Enterprise Institute, destacó que «el Congreso no ha aprobado ni un solo dólar para reemplazar un solo misil» desde que comenzó la guerra, por lo que solo está en marcha «el lento proceso anual habitual de tiempos de paz».
Trump invocó en junio la Ley de Producción para la Defensa con el fin de eliminar trabas regulatorias y acelerar la fabricación de misiles, y el Departamento de Defensa ha firmado acuerdos con fabricantes para ampliar sus líneas de producción. Según Cancian, recurrir a esa ley es “útil”, pero su impacto «limitado».
