Publicado: diciembre 31, 2025, 5:00 am

Cierra un año complejo para Venezuela y para el ejercicio del periodismo independiente. Un año marcado por hechos políticos determinantes, por una sociedad que volvió a expresarse con claridad y por un poder que respondió, una vez más, con represión, censura y persecución, como lo han documentado de manera amplia y reiterada este año la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Amnistía Internacional y Human Rights Watch.
Las elecciones y sus consecuencias confirmaron la brecha existente entre la voluntad ciudadana y quienes se aferran al poder. El intento de imponer el silencio no logró borrar el mensaje expresado en las urnas ni la exigencia de cambio que persiste en amplios sectores de la sociedad.
Este año también dejó una realidad inaceptable: periodistas presos por informar. Venezuela termina el año con comunicadores detenidos, judicializados o forzados al exilio por ejercer su derecho a la libertad de expresión. Entre ellos se encuentra Rory Branker, periodista de La Patilla, detenido de forma arbitraria en febrero de este año. Su encarcelamiento constituye una violación directa del artículo 58 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, que garantiza a todos los ciudadanos el derecho a recibir información veraz, y contraviene estándares internacionales de derechos humanos recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos y en el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. Mientras el oficialismo habla de “paz”, se impone una paz ficticia, basada en la persecución, la censura y el miedo. Informar no es un delito, y criminalizar el periodismo es una vulneración flagrante del Estado de derecho.
La censura no se ha limitado a la persecución personal. La Patilla continúa bloqueada en Venezuela, como muchos otros portales independientes, y solo puede ser leída mediante el uso de VPN. El bloqueo de portales informativos se ha convertido en una práctica arbitraria y sistemática para restringir el acceso a la información y controlar el flujo de noticias. Aun así, nuestros lectores han encontrado la manera de mantenerse informados.
El deterioro de los servicios públicos, la precariedad salarial, la inflación y la corrupción estructural continuaron profundizándose. Frente a este panorama, La Patilla sostuvo su línea editorial: informar con hechos, contrastar fuentes y ofrecer contexto, sin alinearse con intereses políticos ni la propaganda oficialista.
En el plano internacional, Venezuela siguió siendo objeto de decisiones y pronunciamientos con impacto real sobre el país. Nuestra labor ha sido cubrir esos procesos con rigor profesional.
Nada de esto sería posible sin nuestros lectores. Sin quienes leen, comparten, y confían, incluso en condiciones de censura. Sin quienes, dentro y fuera de Venezuela, siguen viendo en La Patilla un espacio para la información veraz que otros intentan ocultar.
A nuestros lectores y colaboradores, gracias por preferir este medio en un entorno hostil para la prensa libre. Hoy ese esfuerzo incluye a quienes han sido perseguidos, encarcelados o censurados por informar.
Cerramos el año reafirmando nuestro compromiso con la verdad y el Estado de derecho: seguir informando y ejerciendo el periodismo profesional, aún bloqueados y bajo presión, exigiendo que Rory Branker y todos los periodistas detenidos por cumplir con su labor recobren plenamente su libertad, y que el Estado de derecho y la justicia restablezcan los derechos de todos los comunicadores presos y garanticen a los venezolanos su derecho constitucional a estar informados.
El equipo de La Patilla
