Publicado: julio 19, 2026, 3:00 am

La ingeniera geóloga Luiraima Salazar analizó el comportamiento de las secuencias sísmicas registradas recientemente en México y Venezuela, y destacó que tras el doble terremoto de magnitudes 7,2 y 7,5 ocurrido el pasado 24 de junio en territorio venezolano se produjo una baja cantidad de réplicas moderadas y fuertes, un comportamiento que, según explicó, merece una revisión instrumental y sismológica detallada.
lapatilla.com
Salazar explicó en X que la ley de Båth establece que la diferencia promedio entre la magnitud de un terremoto principal y la de su mayor réplica se ubica aproximadamente 1,2 unidades por debajo. Sin embargo, aclaró que se trata de un valor estadístico global y no de una regla determinante. “Por supuesto, esto no significa que tales sismos estén ‘pendientes’ ni que deban ocurrir necesariamente”, advirtió sobre la posibilidad de interpretar esta relación como una predicción.
Asimismo, la ingeniera geóloga comparó el caso venezolano con el terremoto registrado el 17 de julio en Chiapas, México. De acuerdo con los datos citados por Salazar, el Servicio Sismológico Nacional (SSN) estimó el evento principal en magnitud 7,4 y su mayor réplica en 6,5, mientras el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) calculó magnitudes de 7,3 y 6,0, respectivamente. Ambas mediciones, señaló, se encuentran dentro de la dispersión estadística de la ley de Båth.
En Venezuela, en cambio, Salazar indicó que el doblete de magnitudes 7,2 y 7,5, separado por apenas 39 segundos, formó parte del proceso inicial de ruptura y no de una secuencia convencional entre un evento principal y su mayor réplica. Para un terremoto de magnitud 7,5, el promedio establecido por la ley de Båth apuntaría a una réplica cercana a 6,3, pero hasta el momento los catálogos sísmicos públicos no reflejan un movimiento de ese orden. “Lo llamativo no es la ausencia de actividad, sino la baja productividad de réplicas moderadas y fuertes, especialmente de magnitudes cercanas a M 5 y M 6, cuyo comportamiento merece una revisión instrumental y sismológica detallada”, afirmó.
Por otra parte, planteó como posibles explicaciones que la ruptura inicial liberara una parte considerable del esfuerzo acumulado o que persistan sectores más resistentes en la falla de San Sebastián y otras estructuras asociadas. No obstante, recalcó que la ausencia de una réplica de magnitud 6 no demuestra que exista una zona cargada próxima a romperse. También consideró necesario revisar la secuencia completa mediante un catálogo unificado, relocalización de eventos, análisis de formas de onda y datos InSAR y GNSS antes de asegurar que “faltan” movimientos de determinadas magnitudes.
Finalmente, Salazar señaló que la disminución progresiva de la frecuencia de las réplicas representa una evolución favorable, aunque pidió mantener la vigilancia y las medidas preventivas. “La reducción sostenida de la actividad sísmica es favorable, pero no elimina la posibilidad de una réplica moderada o fuerte, por lo que la secuencia debe continuar analizándose y comunicándose sin alarmismo ni falsa seguridad”, sostuvo. La ingeniera geóloga recomendó continuar con los planes de prevención estructural y social, así como con las acciones destinadas a mitigar posibles daños.
