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Donald Trump es objeto de tres atentados en menos de dos años, una cifra sin precedentes en EEUU

Publicado: abril 26, 2026, 7:30 am

El tiroteo vivido este sábado en la cena de corresponsales de la Casa Blanca ha vuelto a hacer sonar todas las alarmas. Aunque no se han reportado víctimas y únicamente un agente resultó herido leve, los hechos han sucedido en medio de un clima estadounidense en el que ya es costumbre las noticias sobre tiroteos en escuelas, centros comerciales o lugares públicos. Además, se ha convertido ya en el tercer intento de asesinato contra el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en menos de dos años, una cifra sin precedentes en la historia moderna del país.

El primer de ellos se dio en plena carrera presidencial. El 13 de julio de 2024, durante un mitin en Butler, Pensilvania, resonaron una serie de disparos mientras el magnate pronunciaba su discurso. Rápidamente, un grupo de agentes rodeo al republicano de inmediato. Muchos se esperaron lo peor, pero las dudas se disiparon en el momento en el que Trump se levantó y, con la cara ensangrentada, alzó el puño y gritó ¡Fight! ¡Fight! ¡Fight!» («¡Lucha! ¡Lucha! ¡Lucha!»), una imagen que quedó para el recuerdo.

Ese momento se convirtió así en todo un símbolo de la carrera a la Casa Blanca y muchos analistas consideran que aquella jornada fue clave para que el magnate multimillonario recuperara la presidencia. Tras los hechos, en los que murió un asistente al acto, se llegaron a hacer todo tipo de camisetas y tazas y el propio Trump llegó a asegurar que había sido salvado por una fuerza superior para completar su misión de «Hacer América grande de nuevo».

Momentos después de los hechos, el tirador fue abatido tras caer de un edificio cercano. Fue identificado como Thomas Matthew Crooks, un hombre blanco de 20 años originario de Bethel Park, en Pensilvania, cerca del lugar donde ocurrió todo. Nunca quedó clara su motivación ni su afiliación política.

Dos meses después, de igual forma, se produjo otro intento de asesinato contra Trump, aunque esta vez en su residencia de Mar-a-Lago, en Florida. En esta ocasión, eso sí, no llegó a haber disparos. El 15 de septiembre de 2024, un gante de Servicio Secreto vio aparecer un rifle AK-47 entre los arbustos de la valla de seguridad del complejo y, en seguida, abrió fuego contra él.

En ese momento, el republicano volvió al interior de la residencia y la policía pudo detener al sospechoso. Junto a él, en los arbustos localizaron el arma de fuego y dos mochilas. El agresor fue identificado como Ryan Routh, de 58 años, un contratista de Carolina del Norte con un historial criminal previo. Antes de los hechos, además, había dejado una carta escrita confesando sus intenciones. Tras lo ocurrido, fue condenado a cadena perpetua.

Además de estos dos, cabe destacar que el 12 de octubre de ese mismo año, un hombre armado, Vem Miller, de 49 años, fue detenido en el control de seguridad de un mitin de Trump en Coachella, California. Fue puesto en libertad el mismo día bajo fianza y negó cualquier intención de matar al expresidente.

Estados Unidos, un país con cuatro presidentes asesinados

Los recientes episodios contra Trump no son, sin embargo, una anomalía en la historia del país. Cuatro presidentes en ejercicio han sido asesinados a lo largo de la historia estadounidense: Abraham Lincoln en 1865, James A. Garfield en 1881, William McKinley en 1901 y John F. Kennedy en 1963. Una estadística que, según los Archivos Nacionales de EE.UU., equivale a que uno de cada nueve presidentes ha perdido la vida a manos de un agresor.

El primero fue Lincoln, abatido a quemarropa en el Teatro Ford de Washington por el actor confederado John Wilkes Booth mientras asistía a una función teatral. Le siguieron Garfield, tiroteado en una estación de ferrocarril de la capital por un aspirante a cargo público despechado, y McKinley, alcanzado por dos balas durante un acto público en Búfalo.

McKinley llegó a disuadir a los presentes de linchar a su atacante, pero murió una semana después, ya que una de las balas nunca pudo ser extraída. Kennedy cerró esta negra lista el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas, cuando el exmarine Lee Harvey Oswald le disparó desde un edificio cercano durante un desfile en automóvil descapotable.

Intentos de magnicidio

Esa violencia política no se ha limitado a los asesinatos consumados. Los Archivos Nacionales recogen que se han producido intentos de magnicidio contra uno de cada cuatro presidentes desde 1865. Theodore Roosevelt sobrevivió en 1912 a un disparo en el pecho mientras pronunciaba un discurso en Milwaukee -el folio doblado del texto que llevaba consigo amortiguó el proyectil-, y Ronald Reagan fue gravemente herido en marzo de 1981 cuando John Hinckley Jr. le disparó a la salida de un hotel en Washington.

Los intentos fallidos suman también una larga lista. En 1950, dos nacionalistas puertorriqueños irrumpieron en Blair House, residencia provisional de Harry Truman; el agente Leslie Coffelt murió en el tiroteo, al igual que uno de los atacantes. Gerald Ford padeció dos intentonas en un mismo mes de 1975, y Bill Clinton estuvo en 1994 al margen de un hombre que descargó 29 proyectiles contra la verja norte de la Casa Blanca.

La proliferación de armas, la polarización política y la visibilidad mediática de los líderes convierten a Estados Unidos en un caso singular de riesgo para sus dirigentes entre las democracias occidentales. Fue precisamente el asesinato de McKinley el que impulsó la creación de un sistema de protección presidencial permanente y sistemático, germen del actual Servicio Secreto.

En el tiroteo ocurrido este sábado, los agentes también han conseguido detener el atacante, quien ha sido identificado como Cole Allen, un hombre de 31 años natural de Torrance, California, donde trabajaba como profesor además de ser ingeniero mecánico. La agencia Reuters cita a fuentes del Servicio Secreto que apuntan a que Allen iba armado con al menos una escopeta aunque el presidente Trump, que lo ha calificado como un «lobo solitario», ha dicho que portaba varias armas.

Al parecer, Allen habría realizado varios disparos y uno de ellos alcanzó a un agente, que no sufrió heridas de gravedad gracias al chaleco antibalas. En total, los testigos hablan de entre cinco y ocho disparos en el incidente.

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