Publicado: junio 8, 2026, 5:00 am
México y Corea del Sur viven un momento que ya no puede leerse solo como una relación con potencial. Durante años hablamos de oportunidades futuras, de complementariedad industrial y de la posibilidad de construir un puente más sólido entre Asia y Norteamérica. Hoy, esa relación dejó de estar en el terreno de las promesas. Ya existe, produce, emplea, invierte y abre una ruta estratégica para la diversificación comercial de México.
Hoy, nuestro país es el principal socio comercial de Corea del Sur en América Latina y el décimo a nivel mundial. Más de 2,000 empresas surcoreanas operan en territorio mexicano y generan alrededor de 150,000 empleos. Además, en 2025, el comercio bilateral alcanzó los 29,600 millones de dólares, lo que reafirma a Corea del Sur como uno de nuestros socios más relevantes en Asia.
Detrás de esas cifras hay una realidad: Corea del Sur entendió a México como una plataforma de manufactura y exportación hacia Norteamérica. Las empresas surcoreanas llegaron al país, invirtieron, aprendieron a operar en nuestro entorno y encontraron talento, capacidades productivas y una ubicación estratégica. Se percataron de la oportunidad que representa México. Ahora corresponde a México dar el siguiente paso: percatarse de la oportunidad que representa Corea del Sur.
La diversificación comercial no se construye solo con tratados, estadísticas o misiones empresariales. Se construye también con confianza, conocimiento mutuo y capacidad para entender cómo piensa el otro. Corea del Sur es una economía altamente disciplinada, tecnológica y orientada a la innovación. México, por su parte, cuenta con una base manufacturera sólida, una red de acuerdos internacionales y una posición geográfica difícil de igualar. La combinación de ambos perfiles es una ventaja estratégica que no se debe desaprovechar.
A pesar de que nuestros países aún no cuentan con un tratado de libre comercio, la integración industrial se ha vuelto una realidad. La prueba está en sectores como el automotriz y de autopartes, electrónica, electrodomésticos, acero, materiales avanzados, energía, baterías, electrificación, automatización industrial y semiconductores. En todos ellos existen espacios concretos para ampliar inversiones, desarrollar proveedores, elevar contenido regional y construir cadenas de valor más sofisticadas.
En ese sentido, Corea del Sur representa una puerta hacia Asia, pero también un socio para fortalecer la posición de México en Norteamérica. Para las empresas surcoreanas, México es una plataforma de entrada al mercado norteamericano y, al mismo tiempo, un punto natural de conexión con América Latina y el Caribe.
La inversión confirma que el interés existe. En 2025, la inversión coreana en nuestro país registró 527 millones de dólares, con más del noventa por ciento de esta inversión dirigida a manufactura, especialmente a la producción de equipo de transporte. Al mismo tiempo, Corea del Sur incrementó su inversión en América Latina un 9.5% con respecto a 2024. México debe aprovechar esta tendencia con una propuesta clara: certidumbre, talento, infraestructura, proveedores y visión estratégica.
Desde el Comité Empresarial Bilateral México–Corea del Sur del COMCE trabajamos para que estos objetivos se cumplan. Acercamos a las empresas, facilitamos el entendimiento y convertimos la complementariedad en proyectos concretos. México y Corea del Sur ya demostraron que pueden construir juntos. El reto ahora es acelerar el proceso.
La diversificación comercial no inicia solo cuando se firma un acuerdo. Inicia cuando dos países deciden conocerse mejor, confiar más y trabajar con una visión común. México y Corea del Sur ya iniciaron ese camino. Ahora toca recorrerlo con decisión.
