Publicado: noviembre 2, 2026, 7:30 pm
Acaba de conquistar el Mundial un adolescente italiano de 20 años y los tiburones de la Fórmula 1 hablan, como Luis de la Fuente, de nueva era, de las buenas personas, de altruismo. « Con Antonelli, el prototipo de piloto egoísta, oportunista y despiadado ha muerto -dice el jefe de Mercedes, Toto Wolff-. Es un modelo para los arrogantes y quejicas por radio. Tenemos un campeón que representa valores como la humildad, la integridad, la lealtad y el respeto. Kimi ha demostrado que puedes ganar a todos siendo una buena persona». Es la antítesis de la historia del deporte, donde los campeones precoces, juveniles con acné, ascendieron a la cumbre a base de ambición insaciable, una codicia feroz y un carácter desalmado entrenado durante años. En el circuito de México, a Andrea Kimi Antonelli lo izaron en hombros dos caimanes sin escrúpulos que juntan 11 títulos mundiales. Lewis Hamilton, implacable con siete entorchados, y Max Verstappen , inclemente y despiadado con cuatro campeonatos. La historia ha regalado impresionantes récords de precocidad en el deporte. Considerado para muchos el mejor futbolista de la historia, Pelé mantiene el récord absoluto en la Copa del Mundo al levantar el trofeo en Suecia 1958 con 17 años y 249 días, cita en la que anotó dos goles en la gran final. Con ese doblete, Pelé otorgó el primer Mundial de su historia a Brasil. Y siendo casi un niño, completó un torneo antológico en el que marcó seis goles. Fue el comienzo de un legado que empezó a perpetrar siendo un juvenil. En el circuito femenino de tenis, la precocidad es casi una costumbre. Un buen racimo de jugadoras han conseguido un grande con una menor edad que sus compañeros masculinos de la ATP. Y en cuestión de juventud, casi todos los registros conducen hacia un talento: Martina Hingis. La suiza de origen eslovaco irrumpió en los noventa en plena explosión del tenis femenino, con Steffi Graf, Arancha Sánchez Vicario, Conchita Martínez, Gabriela Sabatini o Mónica Seles. En 1997 estableció un tope de gama al ganar el Open de Australia con solo 16 años y 117 días. Fue un año mágico para la suiza, que también se proclamó campeona de Wimbledon, del Open de Estados Unidos y otros nueve torneos WTA. Un torbellino que logró una racha de 37 victorias consecutivas. Máximo exponente del ‘showtime’ (tiempo de espectáculo), Earvin ‘Magic’ Johnson protagonizó una campaña deslumbrante en su debut en la NBA, en 1980. Con 20 años fue nombrado mejor jugador de las Finales, en un durísimo enfrentamiento contra los Sixers de Moses Malone. Todavía hoy ‘Magic’ sigue siendo el único debutante que fue nombrado MVP de la final y todavía el más joven en obtener este premio. Aquella final de 1980 marcó una era en la NBA, con Los Ángeles Lakers al mando de un juego maravilloso y en el que entró en aguerrida competencia con los Celtics de Larry Bird. En ese último partido contra los Sixers, ‘Magic’ Johnson comenzó jugando como pívot, participó en las cinco posiciones del campo y terminó con 42 puntos, 15 rebotes y siete asistencias en una victoria de 123–107 que aseguró el título a Los Lakers sobre Filadelfia. La golfista neozelandesa ha destrozado múltiples récords de precocidad en el golf. Es la más joven en ganar un torneo profesional, con tan solo 14 años (Open en Australia 2012). También en alcanzar el número uno del mundo: en 2015 llegó a la cima del ranking con 17 años y 9 meses. Y fue la más joven en levantar un ‘Major’, con 18 años y 4 meses ganó el Championship en Francia. Algo más mayor que los ejemplos anteriores, Garri Kasparov sujetó sobre sus anchas espaldas un simbólico cambio de régimen con 22 años. Kasparov, que fue uno de los ejes de la ‘perestroika’ aperturista del régimen soviético con Gorbachov, derrotó ante el tablero de ajedrez a Anatoli Karpov, quien representaba la vieja Unión Soviética comunista. Kasparov se convirtió en el campeón mundial de ajedrez más joven de la historia el 9 de noviembre de 1985, con 22 años. Este logro ante Karpov marcó el inicio de su reinado como el decimotercer campeón mundial, un título que retuvo hasta 2000.
