Publicado: octubre 18, 2026, 10:30 am
No tenía palabras para describir lo que sentía al concluir una final magistral de remontada y fe y celebrar su primer Masters 1.000. Ya había hablado, y bien alto, en la pista. Resistencia, aplomo, convencimiento, confianza, creer, creer y creer. La filosofía en la que vive ahora Alejandro Davidovich . De aquel que deslumbró en categoría júnior y se quedó algo cegado por los focos, a este que respira y exuda madurez y tranquilidad. De aquel que sufrió la frustración y las dudas de cinco finales perdidas, a este que se levanta de una paliza y sigue confiando. De aquel que se desajustaba, a este que mantiene la cordura y el equilibrio dentro y fuera de la pista. Así lo explica el campeón, número 13 del mundo, su mejor ranking, desde el lunes, apenas unos minutos después de convertirse en el primer español en triunfar en Shanghái, en una entrevista con los medios españoles entre los que se encuentra ABC. Confiesa ante pregunta de este periódico que lo primero que ha cambiado ha sido su perspectiva con respecto al tenis. Y lo dice a las claras: «Yo vivía el tenis de una manera muy intensa, muy agobiante. Y Pepo Clavet me ha aportado mucha tranquilidad, felicidad, y vivir de una manera más tranquila. Me da mucha paz internamente y creo que eso lo expreso en la pista». También allí, en el fragor de un peloteo intenso, de un error inesperado, de una idea que no sale bien, ha encontrado el malagueño su refugio, incluso en esta final de aguantarlo todo para levantarse con todo: «Pepo sabía, y lo hemos hablando antes del partido, que iba a haber nervios y tensión. No es fácil cuando Rafa Jódar está jugando a un nivel altísimo; no es fácil asimilar que te estén dando por todos los lados, que no ves ningún hueco. Pero él confía en mí, y me da mucha paz, me transmite confianza y eso me hace seguir empujando hasta el último momento». Reflejan sus palabras esa seguridad y consistencia que a veces se le escurría en el pasado por puro nervio. Después de perder cinco finales, encontró la manera de gestionar mejor todo lo que bullía en su cabeza para que lo beneficiara y no fuera un rival peor que el que tenía enfrente. Lo decía tras descorchar sus primeras botellas de cava: «Antes de Mallorca -primer título que ganó- sentía esas malas sensaciones con las finales; pero a partir de ahí me creí que podría estar en más. Aprendí a manejar la presión en los momentos complicados. Y ahora tengo más experiencia de las demás finales. Han sido dos años muy duros». De aquella dureza interna, a la dureza externa con la que afronta ahora las realidades que le vienen. Tanto las exteriores, con esa espantada insólita de su entrenador Mariano Puerta en mitad de Roland Garros, como las interiores, como las lesiones, que lo han mermado en este curso de esplendor. En julio tuvo que parar porque la espalda no podía más, y regresó a finales de septiembre. En estos dos meses largos, paciencia, pensar y mucho entrenamiento físico: «Hemos hecho como una pretemporada de cinco o seis semanas. Yo sabía que no iba a pinchar en ningún momento. Solo en Tokio porque llegué muy justo y no tenía fuerzas para nada. Sabía que físicamente estaba a un nivel muy alto y eso me da mucha fuerza para seguir empujando. Porque si estoy bien físicamente, también lo estoy mentalmente, mucho más tranquilo porque sé que correré a cada pelota y lucharé cada punto. Hemos trabajado mucho en ese aspecto, también en pista». A partir de aquí se le auguran todavía más portadas, aunque sabe bien el malagueño que ganar un título no te pone de forma inmediata en la final del siguiente. Tampoco lo quiere, que ha aprendido a gestionar la exigencia del tenis con la tranquilidad de fuera. El equilibrio. «Yo ahora no sueño nada. Quiero disfrutar de este momento, que no lo haces cada día. Es mi primera victoria en un Masters 1.000. Así que con lo que sueño ahora es llegar mañana a casa, disfrutar de mi mujer que no la veo desde hace un mes, y no quiero pensar en tenis. Quiero olvidarme, que han sido muchos partidos. Quiero no pensar en tenis. En dos o tres días reanudar todo otra vez y pensar en los objetivos que queremos en los torneos que queden, y ya está. Estamos a final de año, jugar lo mejor posible. Físicamente no voy a pinchar y me da también fuerzas». Aprendió de las derrotas y aprende también de las victorias, mucho más gustosas de paladear y que le ofrecen una versión de sí mismo con la que todavía puede superarse: «Esta victoria me va a dar mucha más confianza en mí mismo. Los jugadores que ganan los Masters 1.000 son muy pocos, y me da mucha confianza para seguir haciendo lo que hago. Cogiendo las experiencias de cada partido de esta gira, me dará más fuerza en seguir haciendo las cosas como las estoy haciendo». Aunque no ha perdido la esencia, y es Davidovich ese jugador que ha protagonizado en el pasado alguna que otra polémica, como con la última convocatoria de la Copa Davis, y el que gana puntos sorprendentes mientras se cae al suelo. Pero de todas se levanta. «Me hace mucha gracia porque he visto muchos comentarios de periodistas que creían que mis mensajes en la cámara eran por la Davis y que yo era un inmaduro. Cuando hablan sin saber es lo que pasa. Todo lo que estaba diciendo son cosas de movimientos y cosas de ajedrez. El primero «Estoy, ¿eh?» es porque había ganado un partidazo; en el segundo, porque también seguíamos ahí, que era «Estamos». Y lo de «Esperando» del tercer partido es porque en el ajedrez tienes que tener mucha paciencia, y esperar a ver qué hace el otro. Y como Pepo juega muy defensivo, me aburre verlo jugar». Y abundó en la cuestión lanzando un mensaje positivo para estas finales que se celebran en Bolonia: «Me hace mucha gracia que la gente se haya creído que era cosa de la Davis cuando yo no tengo que nada que decir ni quería mencionar la Davis. Yo dije desde el primer momento que yo respetaba la decisión de David Ferrer , que le he dicho que estoy para ser el quinto jugador y aportar mi granito de arena en todo lo que fuese. Y que somos un equipazo para ganar la Davis». Así explicó ese último mensaje con el que celebró el mayor triunfo de su carrera hasta el momento, y que lo sitúa como el único español del tenis masculino, hasta ahora, en levantar el título en Shanghái: «Lo de hoy: «Apertura española», son todo bromas con Pepo de cómo jugar al ajedrez. Llevamos un mes aquí y ya estábamos delirando y dijimos, venga, vamos a escribir sobre jugadas de ajedrez. Ponemos lo que sea en la cámara y nos divertimos, que es lo que queremos. Tenemos que pensar en otras cosas que no sea tenis porque es un calvario pensar 24 horas en el tenis. Hemos disfrutado mucho de este mes, desde el primer día de Chengdú hasta este último día, nos lo hemos pasado bien y estamos muy contentos del trabajo que hemos hecho en este mes».
