Publicado: abril 29, 2026, 8:30 am
Durante las dos semanas de torneo , su vida transcurre en una sala de prensa de luces frías y sillas blancas, en una constante espera. Sentado frente a su ordenador y en compañía de un técnico de sonido, aguarda a que los tenistas terminen sus partidos y den una rueda de prensa. La estancia se llena entonces de periodistas ansiosos por hacerse con una declaración, un titular, y está en sus manos que las palabras no se queden en el aire. Es él quien se encarga de recogerlas por escrito, siempre y cuando el idioma utilizado sea el inglés. Hace más de veinte años que Mark Snover se sienta en compañía de su máquina de estenotipia. Sabe que la Inteligencia Artificial es una amenaza circundante pero, por el momento, no parece en exceso preocupado por la posibilidad de perder un trabajo que ha marcado el devenir de su vida. Taquígrafo de oficio, recorre torneos deportivos del mundo para transcribir las palabras de quienes en ellos se juegan un puesto en el podio. Doha, Qatar, Toronto o Canadá han sido algunos de sus destinos, entre los que encuentra su espacio Madrid, que visita con cada celebración del Mutua Madrid Open. «Es fácil utilizar un dispositivo para grabar el audio de la voz propia pero, cuando estás en una sala como esta, necesitas tener el audio perfecto. Cada jugador es diferente y luego están los periodistas, con sus acentos y voces diversas», argumenta. A ello se agarra cuando sostiene que a su trabajo todavía le quedan cinco o diez años para ser sustituido definitivamente por las tecnologías emergentes, inclinándose más la balanza a esta última cifra. Pero sabe que, tarde o temprano, acabará ocurriendo. Su máquina funciona como un piano. Carece de símbolos, por lo que en su mente guarda a qué sonido corresponde cada tecla. Entre diez y doce semanas es lo que se tarda en aprender y, una vez hecho, «tan solo es cuestión de aumentar la velocidad». Cuando la emoción invade los sentidos, escenario frecuente tras victorias deportivas, el habla se torna veloz. Se pueden superar entonces las 240 palabras por minuto, que exceden las 175 habituales. Para lograr seguir el ritmo, comenzó aprendiendo a escribir 60 por minuto, aumentando la cantidad hasta llegar a las 225 y conseguir la certificación. Durante las transcripciones, para mayor seguridad, todo se graba en audio. Además, en determinadas ocasiones en las que necesita transcribir muy rápido, un editor corrige su texto si alguna palabra está mal escrita. Es feliz con su trabajo, asegura que se divierte. Viajar por el mundo, conocer gente nueva. Aunque el deporte que más disfruta siguiendo es el golf, el tenis le ha permitido descubrir más lugares por la diversidad de países en los que se disputan los torneos. Durante las ruedas de prensa, alguna vez le sobrevienen las ganas de pedir el micrófono y preguntar, pero habitualmente suele preferir el silencio, dedicar su tiempo a la escucha y transcripción. «Siempre lo he encontrado fascinante porque después leo los artículos que lo publican y me percato de que sus citas están bien, y ellos o yo no hemos cometido un error», cuenta. Snover estudió para transcribir en juicios, pero no terminaba de sentirse cómodo en medio del ambiente de desconsuelo que suele acompañar estas situaciones. «Trabajé para un juez, haciendo casos criminales o civiles. Era interesante, pero muy triste. Al final, nadie está feliz en un juzgado», narra, sobre sus años en los tribunales. Un mundo bien distante del que frecuentaba hace años es en el que ahora se mueve, el deportivo. «Todos los periodistas están muy contentos cuando nos ven porque saben que no van a tener que transcribir por su cuenta, alguien lo hace para ellos gratis», asegura, aunque son pocos los que se acercan a entablar conversación con él. Son años viendo pasar, uno tras otro, deportistas por una sala de prensa, y las largas horas han dejado tanto espacio para la observación como para la reflexión. «Algo que tienen en común es la habilidad única de concentrarse en lo que sea que están haciendo, y simplemente estar en sintonía con ello y no dejar que nada les moleste, ni el día que han tenido, ni los problemas del mundo, solo lo que están haciendo», cuenta, sobre lo que ha contemplado en los torneos. Es la habilidad de focalizarse que todos tienen lo que encuentra «realmente impresionante», la misma que él emplea para captar sus palabras.
