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¿Cómo altera realmente el cambio de hora a nuestra piel?

Publicado: marzo 30, 2026, 7:00 am

Los seres humanos, como todos los seres vivos, poseemos un reloj interno que regula la mayoría de nuestras funciones vitales. Si realizáramos una analítica, los valores fluctuarían drásticamente del día a la noche; nuestro metabolismo se transforma con el paso de las horas. Desde las células sanguíneas, que varían en su porcentaje, hasta hormonas como el cortisol y la melatonina, todo responde a un ciclo preciso. Incluso nuestra temperatura corporal desciende para prepararnos para el reposo.

El cortisol, la hormona de la alerta, disminuye al anochecer para permitir el relax y el descanso, aumentando de nuevo al alba para activarnos. Por su parte, el cerebro necesita desconectar para «limpiar» las neuronas de los desechos metabólicos acumulados. Para ello, fabricamos melatonina, una hormona de alto poder antioxidante que nos induce al sueño (como curiosidad, las cerezas contienen una elevada cantidad de esta sustancia).

La piel, nuestro órgano más extenso y expuesto a las agresiones externas, es —junto al cerebro— la que más necesita este descanso reparador. Durante la noche, la barrera lipídica de la epidermis se regenera y la hidratación alcanza su pico máximo entre las once de la noche y las cuatro de la madrugada. Es en este intervalo cuando se generan las fibras de colágeno que sostienen la elasticidad del tejido.

Este reloj interno que regula nuestros biorritmos se conoce como ritmos circadianos, un campo de estudio que fue galardonado con el Premio Nobel hace pocos años. Si este mecanismo se desajusta, el cuerpo sufre: la piel luce pálida y carente de vida, el cabello cae, y pueden aparecer brotes de acné, dermatitis o rosácea.

Estas alteraciones son comunes en personas con turnos rotativos, pero variaciones mínimas, como el cambio de horario de verano —donde perdemos una hora de sueño—, son suficientes para desencadenar el desequilibrio. Si a esto sumamos las alergias primaverales, el resultado es un cuadro cutáneo poco envidiable.

Debemos adaptar nuestros rituales de belleza a las circunstancias actuales de nuestra piel. Incorporar tratamientos con plantas biorreguladoras, como la centella asiática o los extractos de bulbo de narciso y palmera, ayudará a estabilizar los ritmos circadianos, devolviendo al rostro su salud y fortaleza natural.

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