Publicado: febrero 19, 2026, 6:00 am
En las últimas semanas hemos empezado a ver algunas de las consecuencias e impactos que puede tener la inteligencia artificial (IA) sobre el trabajo, la economía y el mundo en que vivimos: desde la pérdida masiva de empleos y un aumento de productividad no visto desde la Revolución Industrial hasta la obsolescencia de sectores completos.
A principios de este año surgieron dos herramientas que revolucionaron el uso de la IA: Claude Code, de Anthropic, y la app Codex, de OpenAI. A diferencia del chatbot “de antes”, ese que un alumno usaba para hacer la tarea, estas nuevas IAs ya no solo contestan preguntas: pueden ejecutar un proyecto de software completo. Son capaces de entender el objetivo final, dividirlo en múltiples tareas, escribir y corregir código, comprobar si funciona y dejarlo listo para usarse prácticamente sin intervención humana. Utilizadas correctamente, estas herramientas pueden reemplazar las tareas de decenas o incluso cientos de programadores. Paradójicamente, los primeros empleos que la IA podría transformar o sustituir serían los de los programadores de software.
Ese salto de capacidad se tradujo casi de inmediato en una fuerte corrección en el valor de las empresas de software, particularmente las de SaaS (Software as a Service). Estas compañías, entre ellas Salesforce y Adobe, venden programas especializados mediante suscripción. La aparición de los agentes de Anthropic y OpenAI pone en duda el modelo de cobro “por asiento” que sostuvo las valuaciones de la última década. Si una empresa puede sustituir a varios analistas o agentes de soporte por un puñado de IAs, el número de licencias necesarias cae y el ingreso potencial por usuario se reduce.
Desde finales de enero, el sector de software y servicios ha perdido cientos de miles de millones de dólares en valor de mercado, con caídas de alrededor de 25–30% en empresas como Salesforce y de 30–50% en otras como Atlassian, Adobe o ServiceNow, a pesar de que varias siguen reportando crecimiento de doble dígito y márgenes elevados. Hoy, su valuación ya no depende solo del crecimiento de ingresos, sino de cuánto de ese flujo está estructuralmente amenazado por la automatización.
En estas mismas semanas, Dario Amodei, fundador de Anthropic, publicó el ensayo The Adolescence of Technology y dio una serie de entrevistas en las que sostiene que la IA actual no solo desplaza tareas rutinarias, sino que tiene una “amplitud cognitiva” capaz de sustituir una buena parte de los empleos de cuello blanco. Afirma que hasta 50% de los puestos de entrada en servicios profesionales, finanzas, derecho o tecnología podrían desaparecer en los próximos cinco años, y que cerca del 80% del código de la última versión de Claude fue generado por la propia IA. El CEO de AI Microsoft es aún más “optimista”: calcula que en 12 a 18 meses podrían automatizarse muchas tareas de abogados, contadores, ejecutivos de marketing o directores de proyecto.
Es probable que estas predicciones exageren los tiempos. Sin embargo, todo apunta a un cambio sistémico en el mundo del trabajo y en la economía política. Es de particular preocupación qué pasará con los millones de empleos de entrada donde los jóvenes aprenden a trabajar en profesiones de cuello blanco. En este contexto, la educación y el pensamiento crítico se vuelven fundamentales. Mientras tanto, en México se impulsa la “Nueva Escuela Mexicana”, señalada por errores básicos de matemáticas y ciencia. Otra herencia del sexenio anterior de la cual aún no empezamos a pagar las facturas.

