Publicado: junio 17, 2026, 9:30 am

José Quintero trabaja como taxista en Caracas desde hace 20 años. Como muchos venezolanos, no celebró en público la captura de Nicolás Maduro y de Cilia Flores el pasado 3 de enero. El temor era evidente: expresar abiertamente satisfacción por la caída del líder del régimen podía significar problemas con las autoridades e incluso la cárcel.
Por El Tiempo
Aun así, creyó que la situación comenzaría a mejorar para millones de ciudadanos atrapados entre salarios de miseria y una inflación que en mayo fue de 6,3 por ciento, según el Banco Central de Venezuela. Cinco meses después, esa expectativa sigue sin cumplirse.
La razón la vive todos los días en carne propia. Para llevar el sustento a su hogar, Quintero no solo trabaja como taxista; también es mecánico y, de vez en cuando, da clases particulares de boxeo. “Todo para llevar la comida a la mesa”, cuenta a EL TIEMPO.
Por eso, mira con escepticismo los mensajes de optimismo que llegan desde Washington. “Maduro no está, estamos felices por eso, pero cuando Trump dice que aquí estamos bailando y felices es mentira”, agregó Quintero.
Los negocios florecen, los salarios no
La percepción de Quintero contrasta con la imagen de recuperación que intenta proyectar la capital venezolana. Desde el 3 de enero, Caracas se ha convertido en un destino atractivo para empresarios e inversionistas en busca de nuevas oportunidades de negocio.
En sectores exclusivos de la ciudad proliferan las reuniones entre inversionistas extranjeros, representantes de fondos de cobertura y empresarios vinculados a la industria petrolera.
Los vuelos internacionales se han reactivado, más de diez aerolíneas operan nuevamente en el país y la producción petrolera ha repuntado hasta los 1,2 millones de barriles diarios. Además, compañías como Chevron han ampliado su presencia en el mercado venezolano en medio de la flexibilización de las restricciones económicas y la recuperación gradual del sector energético.
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