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Así es el cosmódromo Baikonur, la base rusa que fue epicentro de la era espacial soviética y que atrae a 'influencers' y curiosos cada año

Publicado: abril 3, 2025, 1:30 am

No es la primera ni será la última vez que turistas y curiosos de todo el mundo tratan de acceder a las instalaciones del cosmódromo ruso de Baikonur. Este miércoles, tres españoles fueron detenidos por intentar entrar en los hangares de esta gigantesca base espacial, de más de 6.700 kilómetros cuadrados (aproximadamente, la superficie de la provincia de Segovia). Se trata de la base más antigua y más grande del mundo, situada en las vastas llanuras de la estepa kazaja, en el corazón de Asia Central y a más de 2.500 kilómetros de Moscú.

Más de 1.200 kilómetros de carreteras y 470 kilómetros de vías ferroviarias conectan hasta 15 plataformas de lanzamiento de cohetes, cuatro plataformas de misiles balísticos, edificios de control y monitoreo de operaciones, diferentes plantas industriales y hasta dos aeropuertos dan forma en la actualidad a la base, alquilada por Rusia hasta 2050. También viejos hangares abandonados, vestigios de la era soviética y donde descansan los restos de las misiones espaciales de la URSS -que cada año atraen a exploradores e influencers, que intentan acceder a este lugar atrapado en el tiempo-.

Catorce años antes de que Neil Armstrong diese su famoso ‘gran salto para la humanidad’ en la superficie lunar (en julio de 1969), la Unión Soviética planeó la conquista del espacio desde este inmenso cosmódromo, inaugurado en 1955 como base de operaciones del programa espacial soviético para competir con la NASA estadounidense, en un desafío tan científico y militar como político. Para dar forma a su gran proyecto, Moscú encontró esta enorme llanura en la estepa del sur de Kazajistán: un páramo vacío e inhóspito que se convertiría en el centro neurálgico de la carrera espacial rusa.

Clave para la era espacial rusa durante la Guerra Fría

Las gigantescas dimensiones del complejo y su latitud supusieron para la URSS un emplazamiento privilegiado desde el que se lanzaron las primeras misiones espaciales de toda la historia: Baikonur fue el punto de partida del primer satélite, el mítico Sputnik, como también lo fue del viaje del primer ser vivo terrestre en viajar al espacio, la perra Laika, a bordo del Sputnik 2 en 1957. En 1961, la base logró romper la última frontera del ser humano, enviando a Yuri Gagarin al espacio en 1961, y dos años después, a la primera mujer, Valentina Tereshkova. El cosmonauta, de hecho, cuenta con una plataforma de lanzamiento con su nombre en la base.

Sin embargo, la carrera espacial no fue el único propósito de la construcción de Baikonur -y de su vasta extensión-. En plena Guerra Fría, la base daba la posibilidad a la URSS de disponer una red de defensa y ataque aéreo, y un emplazamiento desde el que probar y lanzar misiles balísticos intercontinentales (ICBM), que durante la segunda mitad del siglo XX necesitaban el apoyo de estaciones de radio situadas en un radio de entre 150 y 300 kilómetros del punto de lanzamiento. Desde Baikonur se lanzó el primer misil ICBM, el R-7 Semiorka, en 1957.

Con la llegada del Apolo XI a la Luna, la carrera espacial fue cayendo en el olvido: los hangares de Baikonur acogen actualmente muchos de los prototipos espaciales de la URSS, reliquias del programa espacial ruso, como el programa Burán, el intento de Moscú de imitar los transbordadores espaciales de la NASA en los 80, y que hoy descansan en estas instalaciones semiabandonadas. A ellas acuden exploradores y turistas para intentar acceder a este lugar, para fotografiar y grabar vídeos que colgar en Internet. Algunos lo consiguen, pero la mayoría son detenidos por las fuerzas de seguridad rusas y kazajas.

Continúa operativa para abastecer a la Estación Espacial Internacional

Tras la caída de la URSS, la recién creada Federación Rusa mantuvo el control y la actividad sobre el cosmódromo, que desde 2005 mantiene alquilado a Kazajistán. El acuerdo permite a Rusia operar en Baikonur hasta 2050 por un precio de 115 millones de dólares anuales, según medios especializados, si bien Rusia ha empezado a impulsar la recuperación de otro cosmódromo en Pletesk -en el norte del país- para ganar mayor independencia en sus proyectos espaciales.

La base aeroespacial sigue en funcionamiento y es uno de los centros neurálgicos de la agencia espacial rusa: desde Baikonur se lanzan las misiones Soyuz y también misiones de apoyo y abastecimiento a la Estación Espacial Internacional (EEI). De hecho, Rusia contribuyó a su creación desde Baikonur y es, junto con el Cabo Kennedy, uno de los únicos lugares de lanzamiento operativo de la Tierra para alcanzar la EEI -incluso en la actualidad, pese al aislamiento ruso por la guerra de Ucrania-.

Aunque las autoridades rusas y kazajas detienen todos los años a turistas por intentar entrar en Baikonur, lo cierto es que la base organiza sus propios tours turísticos para conocer parte de las instalaciones, el museo de la base y ver los lanzamientos a la EEI: las entradas para ver el próximo (el de la Progress MS-31, previsto para el 3 de julio de 2025) se pueden comprar en la página web de la base y tienen un precio de 2.150 euros por persona.

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