Publicado: enero 9, 2026, 4:30 am
No es la primera vez que Putin usa un Oreshnik para atacar Ucrania —ya lo hizo a finales de 2024 contra contra una fábrica militar en la región de Dnipropetrovsk— pero supone una nueva escalada en la guerra y un toque de atención a Trump y Zelenski en plena negociación para alcanzar una tregua tras varios años de guerra.
Rusia ha bombardeado esta noche Leópolis con este avanzado misil balístico hipersónico en respuesta, según el comunicado castrense de Rusia, «al ataque terrorista del régimen de Kiev contra la residencia del presidente de Rusia en la región de Nóvgorod del 29 de diciembre».
La primera prueba del 9M729 Oreshnik se produjo en noviembre de 2024 y fue el primer uso militar de este misil. El propio Putin calificó entonces el ataque como «prueba exitosa» de este nuevo armamento, que no contó con carga nuclear en aquel ataque —y tampoco en el de este viernes—, pero tiene capacidad para ello.
Si los misiles balísticos intercontinentales como el Rubezh son la joya de la corona de los misiles, los misiles balísticos de alcance intermedio (IRBM) son el segundo nivel: pueden alcanzar distancias entre 3.000 y 5.500 kilómetros y su cabeza armada, compuesta por seis ojivas, puede portar una carga nuclear o explosivos convencionales. Según la versión rusa, el Oreshnik puede alcanzar una velocidad de 12.300 kilómetros por hora, 10 veces la velocidad del sonido.
El Oreshnik equipa múltiples vehículos de reentrada con objetivos independientes, puede ser lanzado desde un vehículo multieje de alta movilidad y, gracias al conjunto de estas características mencionadas, se despliega en diversas situaciones.
Asimismo, emplea combustible sólido, tiene capacidad para portar ojivas convencionales como nucleares, mide entre 15 y 20 metros de largo, posee un diámetro de casi dos metros, pesa 30 toneladas, cuenta con una precisión de error circular probable de entre diez y 20 metros para alcanzar objetivos estratégicos, emplea sistemas de guiado inercial y por satélite, es capaz de equipar una carga útil de hasta 1.000 kilos, e incluso destaca por su flexibilidad operativa gracias a su breve fase de vuelo y movilidad para reducir la intercepción antimisiles.
El diario Army Recognition revela que «los expertos en Rusia sugieren que las brigadas Oreshnik podrían eventualmente desplegarse en cada ejército de armas combinadas o de tanques de las Fuerzas Armadas Rusas», agregando que «el misil se desplegaría tanto a nivel operativo como estratégico».
Por otro lado, ante la ordenanza de Putin por desarrollar este misil en masa, las reacciones han sido diversas. Algunos expertos han expresado su preocupación por la posibilidad de que el uso de dicho misiles balísticos de largo alcance con armamento convencional puede dar lugar a intercepciones erróneas, sobre todo si los ejércitos contrarios asumen que están equipados con ojivas nucleares.
Casi imposibles de interceptar
La información sobre el Oreshnik es muy reducida y apenas hay imágenes del proyectil, que no sean dentro de una carcasa de protección. Su increíble velocidad, su vuelo semiorbital y su capacidad de disparar diferentes ojivas lo convierten en un objetivo extremadamente difícil de interceptar para los sistemas antiaéreos: de hecho, fue uno de los pocos artefactos que escapó a los sistemas de defensa ucranianos para acabar impactando sobre infraestructura crítica en la ciudad ucraniana.
El Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos afirma que Rusia «probablemente tiene solo un puñado de estos misiles» y los ha empleado «para intimidar a Ucrania y sus aliados». El director de ciencias militares del Royal United Services Institute, Matthew Savill, asegrua por su parte que tiene un alcance “muy superior a cualquiera de los vistos hasta ahora en combate”.
El Ministerio de Defensa británico asegura que «aún no han entrado en una fase de producción en serie», una puerta que abrió el presidente ruso cuando se produjo el primer ataque con estos proyectiles. Putin aseguró en aquel momento que, de volver a utilizarse, avisaría con antelación para evacuaciones civiles en lo que calificó de gesto humanitario, y aseveró que «no importa que el enemigo lo sepa, ya que no pueden detenerlo».
