Publicado: mayo 31, 2026, 8:30 pm
Como miembro del Primer Batallón de Intervención de la UME, ‘Toño’ Herrero, naturalista y fotógrafo, es conocedor directo por partida doble de los efectos de los grandes incendios forestales sufridos en la zamorana sierra de la Culebra y de cómo han afectado a las poblaciones de lobos. —Para ponernos en contexto, ¿cómo describiría técnicamente aquellos incendios? —Lo que ocurrió en la sierra de la Culebra en el verano de 2022 fue un episodio de incendios de comportamiento extremo. El primero se propagó muy rápido por temperaturas extremas, fuertes vientos y sequía acumulada; aun así, su avance lineal permitió que buena parte de la fauna se desplazara hacia zonas de escape. El segundo fue mucho más complejo y destructivo: tuvo un comportamiento muy errático, con varios frentes activos y un efecto envolvente que dificultó enormemente la huida de los animales y las labores de extinción. Hubo momentos de una intensidad térmica enorme y velocidades de propagación difíciles de controlar. Muchos expertos lo consideran un auténtico megaincendio forestal. —¿Cómo han afectado a la sierra y al lobo? —El lobo se encontraba en pleno periodo de cría. Muchas zonas de refugio quedaron arrasadas cuando los cachorros dependían totalmente de la manada. Observamos escenas muy duras de fauna silvestre muerta en numerosas áreas. Todo aquello alteró profundamente el equilibrio ecológico y cambió parte del comportamiento de varias manadas, lo que tiene consecuencias duraderas tanto para la fauna como para el lobo y las personas que viven allí. —Lleva 22 años estudiando al lobo a nivel profesional en la sierra de la Culebra, ¿cómo ha evolucionado su población en este tiempo y qué opina sobre la controversia que genera la especie? —Gran parte de mi vínculo con el lobo nace en Villardeciervos, viviendo el monte desde pequeño. Hasta 2022 mi prioridad era documentar las manadas, trabajo publicado en mi primer libro, ‘La quinta manada’. Más tarde, los conflictos ganaderos y los incendios tomaron protagonismo y son la base de mis proyectos actuales: un libro de experiencias de campo basado en años de observación y seguimiento, en el que incluyo historias de las manadas, del paisaje, del impacto del fuego y de las personas que conviven diariamente con el lobo. El otro es un ambicioso estudio, para el que ya contamos con los apoyos necesarios, en el que pretendemos valorar el impacto de los incendios forestales sobre varias manadas y entender cómo ha cambiado su comportamiento tras la pérdida de cobertura forestal y presas naturales, cómo influye en los daños a la ganadería y buscar medidas prácticas que reduzcan conflictos y mejoren la coexistencia entre el lobo y los ganaderos. Si conseguimos aportar información útil para la convivencia y despertar interés por la conservación del lobo ibérico, el esfuerzo habrá merecido la pena. Sobre las posiciones de unos y otros, creo que se habla mucho desde el desconocimiento y la emoción, por lo que el debate se polariza demasiado. La cuestión suele centrarse en si se debe cazar o no, cuando su conservación es mucho más compleja y los incendios deberían recordarnos la importancia de la adecuada gestión del territorio y del conflicto con los humanos. Considero fundamental trabajar desde el conocimiento de campo, los datos y el diálogo, sin dar la espalda a quienes viven del territorio. El futuro pasa por medidas preventivas eficaces, apoyo al mundo rural y conocer cómo se comportan las manadas en zonas alteradas. Ahí es donde nuestro proyecto quiere aportar información útil y práctica.
