Publicado: agosto 29, 2026, 8:01 pm
Corría el año 1772 cuando un joven Antoine Lavoisier, con veintinueve años y una saludable obsesión por pesar las cosas, cometió lo que sus colegas considerarían una herejía científica: compró un diamante y lo quemó. Sí, compró una de las piedras más caras del mundo, la metió en un horno y la calentó hasta hacerla desaparecer. Pero no era un acto de locura, Lavoisier quería demostrar que el diamante, como el carbón, estaba hecho de carbono. Y para ello necesitaba pesarlo: el diamante antes, el aire después y el residuo final. El problema es que el diamante desapareció por completo y, para su frustración, no pudo encontrar el carbono que buscaba. Había perdido una fortuna y no había ganado nada…. Ver Más
