Publicado: septiembre 27, 2026, 12:30 pm
Cuando era un niño en su localidad natal de Roquetas de Mar (Almería), Álex Baena (25 años) se retaba frente al espejo de su habitación como hacen los toreros en los lances de salón. Se gustaba ante el cristal imitando el gol de Iniesta en la final del Mundial de Sudáfrica. Tenía 10 años y todavía no había sido captado por la academia del Villarreal que le cambió la vida. Tipo profundamente familiar, tímido y poco proclive a la promoción personal se ha convertido en un soldado de élite de Luis de la Fuente en la selección. En Wembley, en la primera defensa de la segunda estrella conquistada en Nueva York, el jugador del Atlético fue determinante para girar el partido ante Inglaterra a favor de La Roja. Baena imitaba a Iniesta sin imaginar que tres lustros después ocuparía una demarcación similar en el campo. Por hechuras y envergadura parecidas (1,75 metros y 70 kilos por 1,71 y 68 kilos del exazulgrana), Baena cogía el balón de arriba abajo y la cruzaba al palo más alejado refrendando los sueños de un niño que imagina una existencia ligada al fútbol. «Mil veces he imitado de niño el gol de Iniesta en esa final por si algún día me tocaba esa misma situación», comentó el almeriense en una entrevista con ABC. Pero su primer gol con la selección en un Mundial fue un disparo a la media vuelta, tras un pase de Llorente, al que ayudó el portero uruguayo Muslera con una cantada de época. Valió lo mismo que el de Iniesta y para Baena supuso la ratificación de una sentencia que pronunció convencido Luis de la Fuente. «Hay jugadores que son de selección, que rinden en la selección». El futbolista del Atlético, que dijo durante el Mundial que prevalecía el cuidado de su salud mental por encima de todas las cosas, se convenció de ello. En la selección encuentra su ecosistema, el tipo de juego que potencia su talento, compañeros que conectan por creatividad o técnica. A Baena le tomaron el pelo los internacionales durante el Mundial de Estados Unidos asegurando que solo juega bien en los grandes torneos. Autor de una campaña gris en su debut con el Atlético, el mediapunta ha recobrado la fe en sí mismo gracias al Mundial y lidera el juego de su equipo esta temporada, aunque aún no ha dado el salto a la constelación de las estrellas. «¿Infravalorado? No sé, eso se lo dejo a la gente de fuera, a unos puedes gustar más, a otros menos, pero siempre hay que convivir con la crítica y aguantarlo de la mejor manera», dijo tras el partido el sábado en Wembley. De la Fuente le ha entregado su respaldo y Baena ha respondido con hechos. El jugador le dio las gracias justo después de ganar la Copa del Mundo ante Argentina en Nueva York por haber contado en él y según explicó por aportarle la confianza que necesitaba y por apostar por jugadores fieles a su idea «por mucho ruido que hubiese en el exterior». El seleccionador fue criticado el pasado mayo cuando ofreció la lista de 26 convocados para el Mundial por incluir a Baena, un talento que había tenido un año mediocre con Simeone en el Atlético. El sábado en Londres el andaluz comenzó el partido como suplente, Nico Williams volvía a la banda izquierda en busca de una velocidad y explosividad que no cuajaron. Nadie esperaba una protesta de Baena por esa suplencia. «Para eso estamos en el banquillo, para poder cambiar un partido desde el banco, para salir con más energía que los que estaban en el campo», expresó el rojiblanco. Baena ingresó en el piso de Wembley en el minuto 54 junto a Mikel Oyarzábal y entre ambos reactivaron el fútbol de la selección para imponer la hegemonía del campeón del mundo ante Inglaterra. «Cuando recibí el balón ya tenía en la cabeza la jugada que iba a hacer, controlar y chutar. Los tiros desde fuera del área se practican mucho en la selección», explicó el almeriense. Pasajero de la selección campeona del mundo y artífice de la poderosa senda que atraviesa este grupo de futbolistas, Baena no quiere que su sueño concluya. «Se ha demostrado que es muy difícil ganarnos, porque se defiende y se ataca juntos, como equipo. Y, sobre todo, porque se disfruta el camino, que es largo y muy bonito».
