Publicado: noviembre 30, 2025, 1:30 am
El 14 de marzo de 1951, los fotógrafos esperaban la salida de Albert Einstein del Princeton Club, en New Jersey, donde estaba celebrando su 72 cumpleaños. Allí, por aquella solemne puerta, apareció. Iba directo a una limusina que esperaba en la calle, cual estrella de Hollywood. El físico estaba acompañado de Frank Aydelotte, que era director del Instituto de Estudios Avanzados de EE.UU, donde el Premio Nobel trabajaba, y la mujer del director, Marie Jeanette.
Einstein posó amablemente ante los fotógrafos. Pero no terminaban de hacer fotos y más fotos, así que acabó molesto por tal insistencia, también cual estrella de Hollywood. “Ya es suficiente”, gritó a los reporteros que contestaron con un “sonría, por favor”. Sin embargo, su respuesta fue otra. Se rebeló con la travesura de la curiosidad del niño que siempre fue y sacó la lengua a la prensa.
Solo una cámara captó el momento, la de Arthur Sasse. Incluso se dudó de la publicación de la imagen por si se sentía molesto. Eran otros tiempos. Eran otras camaraderías. Sin embargo, a Einstein le fascinó. Tanto que, como los influencers de hoy, recortó la instantánea, quitó al matrimonio Aydelotte del encuadre e imprimió nueve postales con su propio careto deslenguado. Autografiadas, se las envió de recuerdo a sus mejores amigos.
Desde entonces y durante décadas, las revistas se aseguraban una subida de ventas si colocaban a Albert Einstein en sus portadas. El autor de la teoría de la relatividad también se fue convirtiendo en icono pop por su estética de ‘profesor loco’, como decía él, y una personalidad que escondía la habilidad de proyectar ante los medios de comunicación la ingenuidad que nos conecta con la mirada limpia de la niñez.
Porque con las cosas del crecer vamos dejando perder las muecas con las que nos reivindicábamos cuando éramos críos. Las reticencias de eso que llaman madurez propician que incluso nos den vergüenza gestos que eran una transparente expresión de complicidad. Como sacar la lengua. Volvamos a sacar la lengua. Saquemos la lengua a las injusticias. Saquemos la lengua al odio. Saquemos la lengua a quien pretenda arrebatarnos la alegría de nuestra espontaneidad.
