Publicado: abril 7, 2026, 1:30 am
Siempre hay un extra del DVD, un epílogo, un continuará. El confesionario de Aitana con Rosalía en la gira Lux también tuvo su “después“. «¿Crees qué se va a enfadar por estos zascas?”. Un reportero pregunta a la cantante superestrella por sus palabras sobre Yatra sin nombrar a Yatra.
“Pero si yo no dije nada, lo dijo él”, responde ella con su expresividad alegre. El preguntador de agencia del corazón necesita tirar del hilo para encontrar nuevas vías de conversación desde los programas de cotilleo que quedan. Objetivo logrado.
Pero la noticia está en que llevamos unos días de contestaciones breves que esconden grandes reflexiones. Aitana Sánchez-Gijón empezó con “Pero, ¿vosotros quiénes sois”. Arisco, a priori. Cargado de significados cuando lo piensas al segundo. Y su tocaya, Aitana Ocaña, prosigue con ese “Pero si yo no dije nada, lo dijo él”. Y así fue: Yatra verbalizó que al año de una relación no podía evitar ser infiel. No lo dijo ella, que solo flipó con la bravucona declaración de su novio en aquel momento. Sin pensar en cómo afectaría a su pareja. Sin guardar la lealtad que es más relevante que la fidelidad que tanto preocupaba a su masculinidad.
Antes lo habitual era callar por el miedo a molestar más. A ellos. Y a la sociedad. Para no remover el avispero. Para no ser igual que el bocachancla. Hubo unas décadas que nos hicieron creen que lo más elegante era quedarse en silencio a la vez que otros no dejaban de decir sin que nadie los cuestionara. Los roles de género estaban bien marcados: las mismas fanfarronerías con las que ellos recibían la palmadita en la espalda no solían ser comprendidas en voz de una mujer.
En las revistas del corazón lo hemos visto con el enfoque de tantas relaciones tóxicas. La frasecilla “los trapos sucios se lavan en casa” era refrán de uso recurrente. Incluso por colaboradores de postín que no sabían cerrar boca fuera de hogar, pero se lo solicitaban a otros. Habitualmente, contemplamos en los demás realidades que somos incapaces de remediar en nosotros mismos.
Pero todo depende de cómo se haga. Y ahora, con tanto estudio de marketing y tanta empresa de comunicación, si algo se ha aprendido es que suele ser error dejar vía libre a que otros cuenten tu historia. Y la desvirtúen a sus anchas, ficcionando la realidad. Hay que frenar rápido la rumorología con la complicidad compartida a tiempo, de tú a tú. Así se marcan los límites, mientras se abren caminos. Mejor si es desde el humor que permite afrontar todo porque amortigua nuestros golpes. Las risas no fallan: siempre nos regalan minutos de vida.
