Publicado: enero 7, 2026, 4:30 am
Enero llega casi siempre con una promesa implícita de recomposición. Queremos ordenar el cuerpo, la cabeza, los horarios, los hábitos que durante el año se fueron deshilachando… En esa lista suele aparecer la lectura, aunque no siempre desde el deseo sino desde la culpa: leer más como deber cultural, como propósito razonable pero postergable. Sin embargo, hay libros que no piden fuerza de voluntad, porque activan. Libros que no se leen para cumplir, sino para moverse. Historias que aceleran el pulso mental, afinan la atención y devuelven la sensación —cada vez más rara— de estar plenamente dentro de algo. Leer
