Publicado: octubre 29, 2026, 8:30 pm
Sergio García de la Fuente (Barcelona, 1983) es el nuevo encargado de apagar el fuego en el Espanyol, aunque sea de forma momentánea. Tras la fulminante destitución de Manolo González por la dolorosa eliminación en Copa del Rey frente al Sestao River, la dirección deportiva comandada por Monchi ha entregado las llaves del vestuario de forma interina a uno de los mayores ídolos modernos de la afición perica hasta que Eder Sarabia, que será presentado el martes, coja las riendas definitivas. De esta manera, el exdelantero criado en el barrio barcelonés del Buen Pastor y formado futbolísticamente en el Barça, asume el desafío de reactivar a una plantilla sumida en los puestos de descenso y con la moral por los suelos. De forma interina, Sergio se sentará esta noche en el banquilo de la Cerámica ante el Villarreal (21:00 horas / Movistar la Liga) con el objetivo de entregarle a Sarabia una plantilla reanimada. El perfil de Sergio García no es el de un técnico interino cualquiera. Se trata de un deportista con casi 500 partidos profesionales a sus espaldas, 128 goles en su carrera y la medalla de campeón de la Eurocopa 2008 con la selección española. Su nombramiento busca inyectar de inmediato ese carácter indomable y esa identidad competitiva que tanto demanda la grada del RCDE Stadium de Cornellá en estos momentos críticos. El camino de Sergio García hasta el banquillo del primer equipo combina una rica experiencia formativa y un profundo arraigo con el sentimiento perico. Aunque completó su etapa de formación en La Masia y batió registros goleadores en las categorías inferiores del Barcelona, fue en la acera blanquiazul donde encontró su verdadero hogar futbolístico. Tras pasar por el Levante, el Real Zaragoza y el Real Betis, el delantero aterrizó en el Espanyol en 2010 con la complicada misión de llenar el vacío icónico que dejaba Raúl Tamudo. Siete temporadas divididas en dos etapas (2010-2015 y 2017-2019) bastaron para firmar 231 partidos oficiales, 50 goles, 45 asistencias y portar con orgullo el brazalete de capitán. Su trayectoria en los banquillos se ha cocinado a fuego lento pero con paso firme. Se estrenó dirigiendo en las categorías inferiores de la prestigiosa Damm. Posteriormente, se integró en la estructura de la Federación Española de Fútbol como seleccionador nacional Sub-17. El pasado verano, el Espanyol lo reclutó para liderar al filial en Segunda RFEF. Hasta el momento de su promoción interina, su Espanyol B marchaba en la zona noble de la clasificación con un balance sobresaliente: cinco victorias, un empate y una sola derrota en siete encuentros. Su libreto táctico prioriza el protagonismo con el balón mediante un esquema dinámico (habitualmente 4-1-4-1), filosofía que ahora intentará trasladar de urgencia al primer equipo para su debut en La Cerámica. Detrás del futbolista talentoso y el técnico meticuloso se esconde un personaje carismático, apodado cariñosamente ‘Falete’ por sus compañeros (le llaman así por su parecido físico al cantante de copla y flamenco Rafael Ojeda Rojas). La carrera de Sergio García está plagada de intrahistorias y momentos memorables que describen su particular personalidad. Durante años circuló con fuerza la leyenda urbana en los mentideros del fútbol catalán de que, en sus etapas infantiles y juveniles en La Masia, un joven Sergio García registraba mejores números de cara a puerta que el mismísimo Leo Messi. Aunque las estadísticas de la cantera azulgrana de aquella época a menudo son difusas, el propio Sergio recordaba con humor esas comparaciones, dejando claro que lo suyo en el área en los años noventa era una absoluta barbaridad. Una de las carambolas más surrealistas de su carrera ocurrió en 2008. Sergio García firmó una temporada fantástica en el Real Zaragoza, pero el equipo terminó descendiendo dramáticamente a Segunda División en la última jornada. El drama dio un giro de 180 grados apenas unos días después: Luis Aragonés decidió convocarlo de forma sorprendente para la Eurocopa de Austria y Suiza de 2008. Sergio pasó de llorar sobre el césped por un descenso a levantar la Copa de Europa en menos de un mes. Su carácter es uno de sus rasgos innegociables. En sus inicios, siendo jugador del filial azulgrana, fue llamado por primera vez para completar un entrenamiento con el primer equipo plagado de estrellas mundiales. En lugar de arrugarse o mostrar timidez, Sergio cuajó una sesión espectacular, tirando caños y regateando con descaro. Al acabar el entrenamiento, lejos de esconderse, se fue directo al vestuario a llamar a sus amigos del barrio para decirles que aquello de Primera División no era para tanto y que él estaba listo para jugar ya. Además, Sergio García ostenta el honor de haber sido el máximo goleador histórico del nuevo estadio blanquiazul de Cornellà-El Prat durante gran parte de la década de 2010. El delantero recordaba siempre con especial cariño un gol agónico anotado ante el Celta de Vigo en el minuto 88, donde bajó un balón llovido del cielo con un control imposible para batir al portero y desatar la locura en la grada. Para él, marcar en ese arco era sentirse en el patio de su casa. Sergio García afronta ahora el reto más difícil de su corta carrera como entrenador. El espanyolismo confía en que la magia, la picardía del exfutbolista del Buen Pastor y ese duende especial que siempre le acompañó en el área sirvan de revulsivo inmediato para rescatar al club de sus amores hasta que pueda darle el relevo a Eder Sarabia..
