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El 'macronismo' palidece entre protestas, violencia y el auge de la derecha radical a seis meses de las presidenciales

Publicado: octubre 24, 2026, 11:30 pm

Emmanuel Macron representa lo que quiso ser y no fue. Francia se ha incendiado, literalmente, en las calles, en el sprint final de su mandato, a solo seis meses de las elecciones. El país se ha movilizado con violencia y protestas que no cesan y provocan toques de queda, para oponerse a un sistema y a una «doctrina» que no responden a sus demandas, según los expertos consultados por este medio. Para muchos, es la gota que ha colmado el vaso en el fin del ‘macronismo’, esa forma de hacer política «desde el centro» que ha terminado por empujar a Francia a los extremos. De momento, para este sábado hay convocadas más manifestaciones y el Gobierno ha anunciado el despliegue de 70.000 agentes por todo el país.

Para sus críticos, el presidente galo ha ido dando pasos autoritarios en los últimos días; para sus aliados, tiene entre manos una idea clara de cómo devolver las calles a la normalidad. Lo cierto es que a los toques de queda en ciudades como París, Marsella o Lille se ha sumado la prohibición de manifestaciones que «no sean sindicales», sostuvo el propio Macron, que llegó a señalar «a la extrema izquierda» como canalizador de la violencia. «La recomendación general es que no haya manifestaciones en los próximos días. A quienes quieran seguir manifestándose, cuando se trate de organizaciones sindicales, los prefectos les propondrán recorridos alternativos. Cuando no se trate de organizaciones sindicales, se prohibirán las manifestaciones siempre que sea posible», explicó desde su viaje oficial al Golfo Pérsico estos días.

«Hay grupos que quieren hacer caer la República», ha comentado un Macron enfadado, pero al que muchos ya ven desconectado de la realidad. «Es el primer presidente IA, es una persona que sabe mucho pero no entiende nada», le ha definido el geógrafo Christophe Guilluy, actor de No society, en el que se centra en la separación entre las élites y el resto del pueblo. Esa desconexión con la realidad de la que hablan los analistas se ve en dos elementos: la tasa de aprobación de Macron y la falta de continuidad de su espacio político para las presidenciales del año que viene.

Su respaldo ciudadano en octubre de 2026 se sitúa aproximadamente entre el 15% y el 17%, según los últimos sondeos de Ipsos BVA e IFOP, y el 82% de los franceses tienen una opinión negativa sobre su gestión y ya solo uno de cada seis ve elementos positivos tras sus casi 10 años en el Elíseo. Por otro lado, la continuidad del ‘macronismo’ está en duda. Son dos figuras las que aspiran a heredar ese espacio, dos ex primeros ministros bajo el mando de Macron. El primero es Edouard Philippe, que goza de buena prensa en la opinión pública y que ya ha criticado duramente al presidente en los últimos días, y el segundo es Gabriel Attal, más joven, pero que gusta menos.

Adrián Caballero, politólogo y director de Simple Política, explica a 20minutos que el macronismo surgió como «una promesa de renovación política en un contexto de desgaste de los partidos tradicionales». Macron representó «una alternativa centrada, capaz de atraer a votantes de distintas sensibilidades y de presentarse como una figura de reconciliación» entre la política y los ciudadanos. Es decir, el «Obama europeo», añade. Todo lo contrario a lo que parece haber conseguido caso 10 años después de llegar al Elíseo.

En ese contexto, Caballero distingue entre la existencia de una orientación ideológica, basada «en el europeísmo y las reformas económicas favorables al mercado», y el peso de la marca personal del presidente: «No dependías tanto de que hubiese un centro ideológico, sino que dependías sobre todo mucho de la marca Emanuel Macron». A su juicio, el principal problema es que «con los años todo poder desgasta» y, cuando un proyecto político depende en gran medida de la autoridad y el atractivo de su líder, «la marca en sí se desgasta mucho más». Por eso el relevo parece una quimera en ese espacio político.

La importancia de los votos prestados

Y entonces aparecieron los errores. Caballero destaca su incapacidad «para responder a las expectativas de los votantes que lo apoyaron para evitar una victoria de Marine Le Pen», sobre todo en 2022. «Tenía votos prestados», señala, en referencia a un electorado que no necesariamente compartía su programa, sino que lo consideraba la alternativa preferible frente a la extrema derecha: el mal menor. Según explica, el presidente galo no ha sabido actuar en consonancia con esa realidad. Hay varios ejemplos, dice, de esa deriva: la reforma de las pensiones de 2023, aprobada mediante el artículo 49.3 de la Constitución, y la disolución de la Asamblea Nacional en 2024, que terminó generando un escenario parlamentario menos favorable para sus intereses.

El profesor considera que estos episodios contribuyeron a aumentar la desafección política y a debilitar la promesa de renovación con la que Macron había llegado al poder: «Quizá lo que más se ha desgastado es esa promesa». Sin mayoría parlamentaria por un error de cálculo político, avisan los expertos, su caída ha acabado siendo mucho más estrepitosa.

¿Y hay aciertos? Sí, algunos. De hecho, hay dos ‘Macrones’: el de casa y el de la esfera europea. Por eso Caballero destaca el impulso al fondo europeo de recuperación tras la pandemia, junto con el apoyo a Ucrania y el liderazgo francés en los debates comunitarios. A su juicio, el presidente ha resultado más convincente en el ámbito europeo que en la transformación interna de Francia, donde las dificultades económicas, el aumento de la deuda y la pérdida de apoyos parlamentarios han limitado su capacidad de actuación. «Ha sido más convincente Macron en acuerdos europeos, en cumbres europeas, que no tanto cuando ha tenido que transformar Francia», resume. Esta diferencia permite explicar, en su opinión, por qué el desgaste de Macron no implica necesariamente la desaparición del espacio liberal francés, aunque sí plantea dudas sobre su capacidad para conservar el mismo respaldo electoral sin el atractivo personal del presidente.

Por su parte, Javier Carbonell, investigador del European Policy Centre y profesor asociado en Science Po París saca una foto del todavía presidente francés. «Macron representaba ‘el último neoliberal’, con una política basada en una visión muy técnica. Y ahora la población reclama otra cosa, con cambios ideológicos mucho más fuertes». Además, dice, se ha convertido en «un político tremendamente impopular a los dos lados del campo ideológico», lo que ha provocado que ya nadie le vea como un elemento unificador, centrista.

La conclusión es que después de Macron, repiten algunos analistas, puede venir el caos. Pero es un caos que ha generado el propio Macron. De hecho, se lo ha tomado como algo personal y ha tenido malas palabras para colegas europeos que han criticado las manifestaciones violentas, como fue el caso del polaco Donald Tusk o el húngaro Peter Magyar. «Se ve quién ama a Francia y quién no con estas críticas. Y los que no la aman me molestan», reaccionó el todavía presidente francés.

Por su parte, Christian Spillmann, excorresponsal en Bruselas de AFP, explica que los disturbios «son un regalo del cielo para Marine Le Pen» porque, pese a sus devaneos con la justicia, «se ve por fin como presidenta de la República en su cuarto intento, impulsada por la ola de rechazo a los disturbios». Pero se ha cuidado de no atacar a Mélenchon, «porque lo quiere como rival en la segunda vuelta», añade Spillmann. En todos los escenarios Agrupación Nacional es favorita, según los sondeos, en una Francia que se ha ido a los extremos y que en abril puede firmar del todo el final del ‘macronismo’.

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