Publicado: octubre 23, 2026, 9:00 pm
Morelia, Michoacán. — Las calles del centro histórico de Morelia no duermen durante estos días. Bajo la luz de los faroles coloniales, el aroma a cantera húmeda y la preparación del Día de Muertos, el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) ha vuelto a tomar la ciudad. En los portales, cafés y escalinatas, el transeúnte común se cruza a cada paso con directores consolidados, jóvenes realizadores de cortometraje, críticos internacionales y cinéfilos que apuran el paso entre función y función con sus programas marcados en mano. Es una atmósfera donde la barrera entre la pantalla y la calle se disuelve por completo.
En medio de este ambiente festivo, el majestuoso patio del Centro Cultural Clavijero se convirtió en el escenario de uno de los momentos más emotivos de la 24ª edición del festival: la condecoración de Alfonso Cuarón con la insignia de Oficial de la Orden de las Artes y las Letras por parte del Gobierno de Francia.
El acto, enmarcado en los festejos por el Bicentenario de la amistad entre Francia y México, reunió a una multitud que desbordó el recinto para ovacionar al realizador mexicano. La entrega corrió a cargo de la embajadora de Francia en México, Delphine Borione, acompañada por las figuras clave: Daniela Michel, directora general; Alejandro Ramírez Magaña, presidente del FICM; y Cuauhtémoc Cárdenas Batel, vicepresidente.
Enlace imagenCuarón es uno de los consentidos, los cineastas de la época parecen ser ese personaje que de manera internacional hoy hacen lucir a México
La calidez del público y la cercanía de las estrellas
Si algo caracteriza a esta fiesta del cine es la entrega de los espectadores. Desde tempranas horas, decenas de admiradores aguardaron a las afueras del Clavijero y en los pasillos de las sedes oficiales para conseguir la firma de un afiche, una fotografía o simplemente expresar su afecto a las figuras que caminan la ciudad sin los rigores del estrellato convencional.
Cuarón es uno de los consentidos, los cineastas de la época parecen ser ese personaje que de manera internacional hoy hacen lucir a México, por eso son recibidos con prolongadas ovaciones de pie, esta no fue la excepción, él agradeció la calidez de la gente y la hospitalidad del festival antes de dar paso a sus palabras. La embajadora Borione subrayó precisamente esa conexión del director con las emociones humanas, recordando que su vocación surgió como un “instinto de supervivencia” en una época difícil para el cine nacional, lo que hoy sirve como un faro de aliento para las nuevas generaciones de cineastas que recorren las salas del FICM buscando su propia voz.
Un discurso con memoria
Lejos de los discursos rebuscados, Cuarón ofreció una intervención cercana, lúcida y matizada por la nostalgia. Con su habitual modestia, el cuatro veces ganador del Premio Oscar reconoció el impacto profundo pero sutil de la cultura francesa en su formación.
“Me ha conmovido, pero también me ha hecho cobrar conciencia, con cierta perplejidad, de la enorme deuda que tengo con Francia, o mejor dicho, con las raíces francesas. No son raíces genéticas, sino culturales”, afirmó el cineasta.
El director de Roma y Gravedad llevó al público en un viaje a su juventud en las colonias Juárez, Condesa y Roma de la Ciudad de México, revelando cómo su “paisaje francés” fue antes que nada interior: moldeado por las lecturas de Baudelaire, Montaigne y Saint-Exupéry, las historias de Astérix, y la música de Boulez y Couperin.
Cuarón detalló además los hilos invisibles que conectan su filmografía con el cine galo: desde la proyección de La grande vadrouille en el cine al que acuden Cleo y Fermín en Roma, hasta el baile de Maribel Verdú en Y tu mamá también, concebido como un tributo directo a Jacques Rozier y a la libertad estilística de la Nouvelle Vague.
La música del cine y la luz al final del túnel
El momento de mayor densidad teórica y política llegó cuando el realizador reflexionó sobre el estado actual del séptimo arte y la convulsa situación global. Frente a la tendencia de juzgar las películas únicamente por sus tramas, Cuarón reivindicó el lenguaje puro de las imágenes en movimiento.
“El cine no es un arte narrativo, sino un arte musical, una creación de rítmica, una forma orgánica con un latido propio que le da una imagen directa del tiempo”.
Al abordar las tensiones sociopolíticas de la época y las protestas juveniles en suelo francés, hizo un llamado a escuchar las demandas de las nuevas generaciones sin dejarse llevar por los oportunismos políticos. Apoyado en la obra Cuarteto para el fin del tiempo de Olivier Messiaen y citando al ensayista Pascal Quignard, cerró con un mensaje de firme convicción artística:
No creo que el arte pueda ser nunca negativo. Ignora la negación, puesto que ignora el tiempo. Estamos, quizá, ante el fin de una época, pero también, estoy seguro, ante el comienzo de una renovación”.
La jornada concluyó entre apretones de manos, felicitaciones entre colegas y el rumor de los asistentes comentando la intervención mientras salían de nuevo a las calles de Morelia, donde la proyección de películas y la conversación cinematográfica continuaron entrada la noche.

