Publicado: octubre 23, 2026, 8:00 am
La economía mexicana recuperó su dinamismo durante la segunda mitad del año. En julio, la actividad económica creció 3.3% anual y el INEGI estima un avance de 3.7% para septiembre. Los pronósticos para 2026 han mejorado: los especialistas que consulta el Banco de México pasaron de esperar 1.1% a mediados de año a 1.4% en septiembre. Los factores son varios: el consumo se sostiene, la construcción repunta (7.9% anual en agosto) y la manufactura crece (3.2% anual en agosto).
Se decía que uno de los que nos generó una baja en la actividad económica fue la falta de certidumbre con respecto a nuestro comercio con Estados Unidos; algo hay de verdad, pero se debe estudiar.
Hace un año no pocos daban por hecho que el tratado comercial terminaría; hoy sabemos que el T-MEC seguirá vigente al menos hasta 2036, y las preocupaciones se centran en qué características va a tener en el futuro la relación comercial. El hábil manejo de la relación por parte de la presidenta Sheinbaum y la constancia y disciplina del secretario Ebrard nos mantienen en una mesa permanente de diálogo y a un arancel efectivo promedio cercano a 3%, el más bajo entre los principales socios comerciales de Estados Unidos: alrededor de 85% de nuestras exportaciones entra sin pagar arancel. Falta, por supuesto, lo del acero, el aluminio y los autos, pero lo que queda claro es que es de interés de todos mantener los niveles comerciales de ambos países. Se trata de un nuevo tipo de certidumbre: no es la óptima, pero el esquema comercial anterior, donde reinaba la globalización, ya no existe.
Las empresas pueden venir al país con la certeza de que seguiremos siendo el principal socio comercial de Estados Unidos y de que parte de su política de desacoplamiento de China será cubierta por México, como así se ha demostrado. Por eso las exportaciones de equipo eléctrico y electrónico crecieron 122% anual en agosto, y las exportaciones totales, 40%. La configuración de lo que exportamos a ese país va a cambiar, y seguramente vamos a importar más de Estados Unidos, pero la intensidad de la relación se va a mantener. Eso explica, en parte, que la inversión se reactive: la inversión fija bruta creció 6% anual en julio. También influye el esfuerzo del Gobierno de México por atraer y facilitar las inversiones a nuestro país, con reglas más claras y sencillas. Las finanzas públicas se han estabilizado, el paquete económico 2027 prevé mayores ingresos, la inversión pública crece (10.2% real entre enero y julio) y la inflación está controlada (3.45% anual en septiembre, dentro del rango del Banco de México). En ese contexto, se inicia un periodo de crecimiento sostenido.
Parte de las expectativas que mueven esa tendencia son las de un sector externo que seguirá creciendo incluso en una situación global de incertidumbre. Es un escenario que ha construido el Gobierno de México; no es casualidad. Detrás están la estrategia de la presidenta y las rondas de negociación que el secretario Ebrard ha encabezado con Washington a lo largo del año. El auge exportador viene acompañado de más importaciones de insumos: las de bienes de uso intermedio crecieron 41.9% anual en agosto. Por eso, ahora nos toca redoblar esfuerzos para fortalecer e incrementar el contenido nacional en sectores en los que tenemos ventajas para exportar a Estados Unidos, explorar nuevos mercados y aprovechar mejor el mercado nacional.
La buena noticia es que el crecimiento comienza a fortalecerse, por consumo interno, por construcción, pero también porque el sector externo luce mucho más predecible.
