Publicado: octubre 21, 2026, 10:00 am
Durante años, hablar de jóvenes y alcohol ha estado inevitablemente ligado al botellón y al consumo excesivo durante los fines de semana. Sin embargo, los datos dibujan una realidad bastante más compleja. La nueva Encuesta de Salud de España 2025, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) y el Ministerio de Sanidad, muestra una importante diferencia generacional: los más jóvenes presentan un consumo menos frecuente, mientras beber de manera habitual adquiere mayor peso conforme aumenta la edad.
En conjunto, el alcohol sigue teniendo una presencia importante entre los españoles. El 35,1% de la población de 15 años o más declara consumirlo al menos una vez a la semana, frente al 31,1% registrado en 2023. Además, un 8,9% bebe todos los días. Son cifras que obligan a mirar más allá de la imagen tradicional del consumo de alcohol asociado exclusivamente a la noche y a los jóvenes.
La edad ayuda a entender esas diferencias. Entre los más jóvenes es mucho menos habitual incorporar el alcohol al día a día, mientras que en edades más avanzadas cobra mayor importancia el consumo frecuente. Es decir, el patrón juvenil tiende a estar más concentrado en determinados momentos, mientras entre personas de más edad aparece con mayor peso un consumo regular. Por eso, medir únicamente quién ha bebido alguna vez o durante el último año no cuenta toda la historia: tan importante como saber si se bebe es conocer con qué frecuencia se hace.
Prácticas de riesgo
Los datos de anteriores ediciones ya apuntaban en esa dirección. En 2023, por ejemplo, había consumido alcohol durante los 12 meses anteriores el 63,8% de los hombres y el 59,3% de las mujeres de 15 a 24 años. Los porcentajes eran superiores en varios grupos de mediana edad: entre los hombres alcanzaban el 79,8% entre los 45 y 54 años y, entre las mujeres, el máximo se encontraba entre los 25 y 34 años, con un 69,1%. Es decir, ni siquiera cuando se pregunta simplemente por haber bebido durante el último año los más jóvenes aparecen necesariamente a la cabeza.
Hay, no obstante, un matiz fundamental. Beber con menos frecuencia no significa que desaparezcan los comportamientos de riesgo entre los jóvenes. El consumo intensivo —ingerir una elevada cantidad de alcohol en una misma ocasión— presenta un patrón diferente al consumo cotidiano y continúa siendo un indicador especialmente relevante en las edades más jóvenes. Por eso no sería correcto concluir que el problema del alcohol ha dejado de afectarles: lo que está cambiando es, sobre todo, la forma de beber.
De hecho, el consumo intensivo ha aumentado en el conjunto de la población. Según la Encuesta de Salud de España 2025, el 10,2% de las personas de 15 años o más tuvo episodios de consumo intensivo al menos una vez al mes, frente al 7,8% registrado en 2023. La diferencia por sexos sigue siendo considerable: afecta al 13,9% de los hombres y al 6,7% de las mujeres.
