El Gobierno acelera para inyectarle cinco millones de euros al fútbol femenino antes de las elecciones - Venezuela
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El Gobierno acelera para inyectarle cinco millones de euros al fútbol femenino antes de las elecciones

Publicado: octubre 19, 2026, 8:30 pm

Cinco millones de euros. Esa es exactamente la cuantía de la ayuda que el Gobierno prepara, mediante un nuevo real decreto pendiente de aprobación, para compensar los ingresos por quinielas que Liga F tenía previstos en la temporada 2025/26 y que finalmente habrían quedado sin llegar. Lo que figuraba como un ingreso de la competición pasaría así a cubrirse con dinero público. Como tantas otras cosas. Es cierto que el Estado, entre otras muchísimas cosas, está para proteger y ayudar a financiar proyectos necesarios que al inicio serían absolutamente insostenibles pero que socialmente resultan imprescindibles. El caso, que el Consejo Superior de Deportes no confirma a este periódico «hasta que no se cumplan todos los procedimientos», pone de manifiesto un problema de fondo: Liga F presupuesta ingresos en partidas muy importantes sin tener garantizado su cobro. La cifra vuelve a aparecer. El presupuesto de Liga F para 2026/27 incluye de nuevo cinco millones procedentes de las quinielas . Es una previsión para un ejercicio distinto y no debe confundirse con la ayuda que compensa la campaña anterior, pero la coincidencia obliga a aclarar qué corresponde a cada temporada, por qué vía se financia cada partida y cómo se reflejará el dinero en las cuentas. La incertidumbre sobre esta vía de ingresos no es nueva. ¿Dónde va exactamente el dinero? ¿Cuánto cobran, en silencio y sin que se note, los altos directivos y responsables de esta liga? Todos miran al suelo. ¿Acaso ese dinero va a las jugadoras? ¿Revierte en mejores condiciones para todos? No. En el acta de la Asamblea General de Liga F de junio de 2025 se recogía la falta de confirmación sobre el reparto de las quinielas y la necesidad de contar con financiación suficiente para atender los pagos recurrentes a los clubes. Meses después, en la asamblea de diciembre de 2025, se planteó y aprobó, según la información publicada , anticipar mediante una operación de ‘factoring’ unos 4,7 millones de euros de derechos de cobro vinculados al patrocinio de Moeve, con vencimientos hasta septiembre de 2027 y un coste financiero cercano al medio millón. La operación tenía el objetivo de tener liquidez inmediata para atender pagos pendientes de la temporada 2024/25, pero compromete ingresos que habrían estado disponibles en ejercicios posteriores. El presupuesto de 2026/27 permite dimensionar el asunto. Los ingresos totales de Liga F ascienden a 33,35 millones de euros, y las partidas destinadas a los clubes suman 21,8 millones: cinco de las quinielas, diez del fondo de inversión del acuerdo con Gasol, 2,8 en subvenciones (2,5 del convenio con la RFEF y 300.000 euros para clubes no profesionales) y cuatro en patrocinios y licencias. Salvo estos últimos, todos dependen de terceros. La Liga F presupuesta ingresos contingentes, es decir, que dependen de un hecho futuro que no controla, como si fueran ciertos. Las quinielas no respondieron a lo previsto en 2025/26, y el fondo de inversión del acuerdo con Gasol no ha obtenido el respaldo unánime de los clubes: está por aclarar cuántos se han adherido y cuándo llegará el dinero. Cabe preguntarse si los cinco millones corrigen un desajuste coyuntural de tesorería o evidencian un problema estructural: un modelo que recurre a nuevas aportaciones, o al adelanto de ingresos futuros, cada vez que una fuente no se materializa. No se trata de cuestionar la necesidad de apoyar el fútbol femenino. La consolidación de una liga profesional exige inversión, estabilidad y recursos suficientes para que los clubes puedan competir. Pero ese respaldo debe ir acompañado de previsiones realistas y de una explicación clara de las diferencias entre lo presupuestado y lo finalmente ingresado. ¿Hasta cuándo puede sostenerse esta competición con ayuda pública? Hay que apoyar el fútbol femenino, sí, pero la realidad económica del país, ¿puede sostener indefinidamente un modelo que depende de ingresos inciertos? Cuando el déficit se cubre con dinero público o con ingresos futuros adelantados, el problema no es de liquidez, sino de planificación: presupuestar ingresos que no se controlan es hacer que los clubes carguen con el riesgo de que no lleguen. Pero este modelo cuenta con el aval de los clubes, que son quienes votan para elegir a sus gestores. Deciden, pero no ponen dinero: mientras sus secciones se financien y queden cubiertas con fondos públicos, tienen cero incentivo para cambiarlo. ¿Para qué cambiar el modelo si ya vendrá papá Estado para salvarnos? Y sólo cuando ese dinero no alcanza, es cuando aparecen situaciones como las del Rayo Vallecano, Levante o Betis. Cinco millones pueden cubrir un desfase de caja, pero no solucionan un modelo cuyos ingresos dependen de terceros, sin garantía de cobro. No es financiación sostenible: es una apuesta presupuestaria que alguien acabará pagando. Quién y hasta cuándo, son los dos interrogantes que convendría empezar a despejar.

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