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El secreto de la 'medusa inmortal' que puede ayudarnos a entender por qué envejecemos

Publicado: octubre 19, 2026, 3:00 pm

En las aguas del Mediterráneo vive un animal diminuto con una capacidad que los seres humanos llevamos siglos soñando con poseer: puede rejuvenecer. Se llama Turritopsis dohrnii, mide apenas unos milímetros y es conocida popularmente como la ‘medusa inmortal’. El apodo resulta irresistible, aunque necesita una explicación: no significa que nada pueda matarla, sino que este pequeño organismo puede invertir su ciclo vital y regresar desde la fase de medusa a una etapa juvenil anterior, convirtiéndose de nuevo en pólipo. Y puede hacerlo repetidamente.

El fenómeno es extraordinario porque la dirección habitual de la vida parece evidente: nacemos, crecemos, alcanzamos la madurez y envejecemos. Turritopsis dohrnii, en determinadas circunstancias, puede tomar el camino contrario. Cuando sufre determinadas situaciones de estrés o daño, la medusa puede reorganizar sus tejidos y regresar a una fase anterior de su desarrollo. A partir de ahí puede comenzar de nuevo el ciclo y producir nuevas medusas. Experimentos de laboratorio han demostrado esta capacidad de reversión repetida del ciclo vital.

¿Cómo lo consigue? Una de las investigaciones fundamentales para responder a esa pregunta procede precisamente de España. Científicos de la Universidad de Oviedo secuenciaron el genoma de Turritopsis dohrnii y lo compararon, entre otros análisis, con el de Turritopsis rubra, una especie emparentada que no muestra la misma capacidad de rejuvenecimiento después de alcanzar la madurez. El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), buscaba las características genéticas que podían estar detrás de semejante habilidad.

En busca del gen de la inmortalidad

Los investigadores encontraron diferencias en genes relacionados con algunos de los grandes mecanismos biológicos vinculados al envejecimiento: la replicación y reparación del ADN, el mantenimiento de los telómeros, el control del estrés oxidativo, la renovación de las células madre y la comunicación entre las células. No parece existir, por tanto, un único gen de la inmortalidad. Lo que emerge es una compleja combinación de mecanismos que permite a este animal mantener, reparar y reprogramar sus células de una forma excepcional.

Uno de los aspectos más fascinantes aparece precisamente durante el viaje hacia atrás. Al analizar qué genes se activaban y desactivaban mientras la medusa rejuvenecía, los científicos encontraron cambios relacionados con la pluripotencia celular, es decir, con la capacidad de las células para adquirir diferentes identidades. También observaron alteraciones en mecanismos regulados por las proteínas Polycomb, implicadas en el control de la expresión de numerosos genes. En cierto modo, la medusa consigue realizar una profunda reprogramación biológica para reconstruir una versión juvenil de sí misma.

Un sueño que no deja de ser… un sueño

Ahí aparece inevitablemente la pregunta: ¿podríamos aprender a rejuvenecer los seres humanos estudiando a esta medusa? La respuesta científica, por ahora, está muy lejos de un sí. Los humanos somos organismos muchísimo más complejos y no podemos extrapolar directamente lo que sucede en un cnidario a nuestros tejidos. De hecho, una revisión científica reciente sobre Turritopsis dohrnii plantea su interés para estudiar procesos como el envejecimiento y la regeneración, pero como modelo para comprender esos mecanismos, no como demostración de que puedan reproducirse en personas.

Hay además una paradoja importante. La capacidad de las células para regresar a estados menos especializados y volver a proliferar resulta muy interesante para la medicina regenerativa, pero en los seres humanos la proliferación celular descontrolada es precisamente una de las características fundamentales del cáncer. Comprender cómo otros organismos coordinan regeneración, reparación del ADN, mantenimiento celular y control de la proliferación puede aportar pistas sobre nuestra biología, pero convertir esas pistas en tratamientos seguros supone un desafío completamente diferente.

Incluso la interpretación de los estudios sobre la “medusa inmortal” requiere cierta prudencia. Algunos científicos han advertido de las dificultades que entraña comparar especies poco estudiadas y atribuir determinadas diferencias genéticas específicamente a la capacidad de rejuvenecer. Además, Turritopsis dohrnii no es indestructible: puede morir por enfermedades, depredadores o cambios ambientales. Su peculiar “inmortalidad” se refiere a que no parece estar obligada a seguir de manera irreversible el proceso convencional de envejecimiento después de alcanzar la madurez.

Probablemente no encontremos en esta pequeña medusa mediterránea una receta para vivir eternamente. Pero eso no hace que su historia sea menos extraordinaria. Al contrario: Turritopsis dohrnii demuestra que, al menos en un animal, el envejecimiento y el desarrollo pueden funcionar de una manera mucho más reversible de lo que nuestra propia biología nos hace imaginar. Descubrir cómo consigue reparar, reprogramar y rejuvenecer sus células puede ayudarnos a comprender mejor por qué nosotros envejecemos y hasta dónde podrían llegar algún día la medicina regenerativa y la investigación sobre longevidad.

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