Publicado: octubre 15, 2026, 8:30 pm
El tratamiento de las arterias coronarias obstruidas podría estar a punto de experimentar un cambio de paradigma. Durante décadas, la colocación de un stent (un pequeño muelle o tubo de malla metálica que se expande para mantener abierta la arteria) ha sido la solución estándar en las angioplastias . Sin embargo, una investigación liderada por la Universidad de East Anglia (Reino Unido) demuestra que un dispositivo temporal, el balón recubierto de fármaco, logra exactamente los mismos resultados en los eventos cardíacos más graves sin necesidad de implantar una prótesis permanente. El trabajo, que analiza los datos de diez ensayos clínicos aleatorizados con un total de 7.832 enfermos de cardiopatía isquémica, concluye que los balones recubiertos de fármaco no presentan diferencias significativas frente a los stents liberadores de medicación a la hora de prevenir infartos de miocardio o muertes por causas cardiovasculares. La gran ventaja de este procedimiento es que, tras inflarse durante unos segundos para transferir la medicación directamente a la pared del vaso sanguíneo y prevenir que vuelva a estrecharse, el balón se retira por completo del organismo. «Los stents liberadores de fármacos son pequeños tubos de malla que se introducen en las arterias bloqueadas y constituyen actualmente el tratamiento estándar para muchos pacientes que se someten a una angioplastia», explica la doctora Natasha Corballis, investigadora principal del estudio en la Escuela de Medicina de Norwich de la Universidad de East Anglia. «Sin embargo, los balones recubiertos de fármaco ofrecen un enfoque alternativo . A diferencia del stent, que permanece en la arteria de forma permanente, el balón se retira tras el tratamiento. Al inflarse, libera el medicamento en la pared arterial para ayudar a evitar que el vaso vuelva a estrecharse». Los resultados del análisis, publicados en la revista científica ‘ eClinicalMedicine ‘ (del grupo The Lancet) mantuvieron su consistencia incluso cuando los científicos excluyeron de la muestra los estudios centrados únicamente en arterias pequeñas, un escenario donde este tipo de balones ya contaba con evidencia científica sólida y uso clínico consolidado. No obstante, la investigación también pone sobre la mesa un matiz importante. Cuando los investigadores analizaron los casos en los que la lesión se situaba en arterias de mayor calibre, observaron que los pacientes tratados con el balón recubierto de fármaco mostraban una mayor probabilidad de necesitar un segundo procedimiento con el tiempo para volver a abrir el vaso, una variable conocida en la jerga médica como revascularización del vaso diana. A pesar de este dato, los autores del trabajo piden cautela antes de extraer conclusiones precipitadas sobre los vasos grandes. «Cuando analizamos las arterias más grandes, los pacientes tratados con balones recubiertos de fármacos mostraron más probabilidades de requerir un procedimiento repetido para reabrir la arteria», admite Corballis. Sin embargo, la investigadora aclara que existía una variabilidad considerable entre los diferentes estudios analizados y que este resultado concreto estaba fuertemente condicionado por los datos procedentes de un único ensayo clínico. «Nuestra investigación demuestra que no hay una diferencia significativa entre ambos tratamientos en lo que respecta a los pronósticos más graves», concluye Corballis para contextualizar el balance global del hallazgo. «Los pacientes tratados con balones recubiertos de fármaco no tuvieron mayor probabilidad de morir por causas cardiovasculares que los que recibieron stents. Las tasas de infarto de miocardio fueron prácticamente idénticas entre ambos grupos». El hallazgo impulsa el interés de la comunidad médica internacional por la denominada estrategia de «no dejar nada atrás» (en inglés, ‘leave nothing behind’), una corriente de la cardiología intervencionista que busca restaurar el flujo sanguíneo natural evitando la presencia permanente de cuerpos extraños dentro de la vasculatura. «Este enfoque podría reducir algunas de las complicaciones a más largo plazo asociadas a los stents, al tiempo que preserva las opciones de tratamiento futuras si los pacientes desarrollan una progresión de la enfermedad en el mismo vaso», señala el profesor Vassilios Vassiliou, coautor principal del estudio e investigador en la misma universidad. La presencia de un stent metálico puede dificultar cirugías futuras o intervenciones complejas si la arteria vuelve a enfermar con el paso de los años, además de requerir en ocasiones pautas prolongadas de fármacos antiagregantes para evitar que se formen coágulos en la propia malla. A pesar de los prometedores resultados del metaanálisis, el equipo investigador subraya que será necesario poner en marcha ensayos clínicos aleatorizados de mayor envergadura y con periodos de seguimiento más prolongados en el tiempo. Solo así se podrá certificar si la estrategia de liberar fármacos mediante balón sin dejar prótesis es igual de segura y eficaz a largo plazo cuando se aplica a arterias principales o a lesiones coronarias de alta complejidad.
