Publicado: octubre 10, 2026, 7:00 am

Danny Salinas finalmente fue excarcelado tras cumplir su condena y padecer torturas durante más de 11 años de encierro en El Helicoide y El Rodeo I. En una entrevista con la periodista Maryorin Méndez confirmó cuál fue la causa del asesinato del dirigente chavista Robert Serra, quien solo tenía 27 años al momento del crimen.
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Salinas aseguró que no conocía a Serra cuando fue hasta la puerta de su casa aquel día en compañía de sus asesinos. Edwin Torres, escolta del diputado, le había dicho que sería un robo y nada más. Su único papel era encargarse de manejar el vehículo de los asaltantes. Tras la huida, se percató que sus acompañantes volvieron manchados de sangre del interior de la vivienda en La Pastora, al centro de Caracas, lo que desató su incertidumbre. Pocas horas después supo que habían asesinado a Serra y su asistente, María Herrera. Salinas huyó de las autoridades pero pronto se arrepintió y decidió entregarse ante el Ministerio Público (MP) debido a que el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin) había secuestrado a varios miembros de su familia, incluida su pequeña hija.
En su crudo testimonio Salinas detalló las torturas sistemáticas, las condiciones inhumanas de reclusión y las graves irregularidades procesales que sufrió. Los primeros ocho meses fueron de “tortura constante”. Entre los métodos físicos destacó el uso del “pulpo”, un dispositivo de inmovilización que utiliza cadenas y grilletes para colgar al detenido, similar a un mecanismo de carga de motores. Además, relató haber sido sometido a la “ruleta rusa” por parte de funcionarios ebrios, golpizas que le causaron hematomas en la cabeza, descargas eléctricas y quemaduras en el cabello. Las condiciones de vida incluían dormir en el suelo, periodos de hasta 20 días sin aseo personal y el suministro de alimentos contaminados con gusanos.

El discurso oficial del Palacio de Miraflores intentó vincular el caso con una supuesta “conspiración internacional” que incluía entrenamientos en Cúcuta y financiamiento por parte de figuras políticas colombianas como Álvaro Uribe Vélez. Solo era una cortina de humo para que no se conociera la verdad: que Serra mantenía una relación sentimental con Torres, su escolta.
Según las palabras de Salinas, durante su encierro en el Sebin se enteró de que Serra presuntamente había amenazado a Torres con asesinarlo si cortaba el vínculo romántico, por lo que el escolta, quien también era funcionario de la Policía del municipio Libertador de Caracas, optó por tomar la iniciativa. Al ingresar en la vivienda para asesinar a Serra, Torres y su cómplice material, apodado “El Colombiano”, tuvieron que acabar también con la vida de Herrera para que no denunciara el hecho ante las autoridades.
A pesar de haber cumplido su condena original, Salinas permaneció dos años adicionales en prisión de manera ilegal. En El Helicoide ignoraron los cómputos de pena presentados por su defensa y, en su lugar, le imputaron arbitrariamente cuatro nuevos delitos mediante actas falsificadas por los mismos funcionarios. Todavía tiene medidas cautelares en su contra.
Actualmente, el sobreviviente padece de insomnio crónico, estrés postraumático y un miedo constante por su vida, sintiendo que aún se encuentra en las celdas oscuras del centro de detención. El testimonio de Salinas revela un patrón de abuso de poder donde la detención arbitraria y la tortura se entrelazan con la manipulación del sistema judicial en Venezuela.
