Publicado: octubre 9, 2026, 9:00 pm
“Una tristeza cultural”. Adrián encuentra en esas dos palabras una manera de nombrar lo que le pasa cuando mira el Festival Internacional Cervantino (FIC) desde la memoria, a una cuadra de la explanada de la explanada de Los Pastitos, donde se presenta el dj y productor francés Hervé junto con la compañía parisina de danza contemporánea y urbana MazelFreten, un evento de noche de jueves con una convocatoria modesta, aunque enérgico para quienes atendieron el llamado de la noche de apertura de eventos en este extremo de la ciudad de Guanajuato.
En la conversación de Adrián aparece el recuerdo de una ciudad que, durante octubre, se convertía en un hervidero de personas, con conciertos de rock, gratuitos e improvisados, funciones diarias con títeres, juglares coloreando sus callejones y plazas donde bastaba con llegar para encontrarse, infaliblemente, con un evento capaz de robar las miradas.
Adrián se para frente al programa del FIC pegado en el mostrador de una tienda en las cercanías del Jardín El Cantador, un parque que luce vacío a las nueve de la noche. Señala el despliegue programático y deja dicho eso: “Tristeza cultural”.
“Me acuerdo cuando tenía nueve años y me emocionaba porque ya estaba próximo el FIC y todos los días hacían títeres para los niños en la Escuela de Minas (…) Y todo era gratis. Los Entremeses Cervantinos también eran diarios y gratuitos. Ahora está todo bloqueado y no puedes circular por allí si no pagas la entrada”.
Vuelve a señalar el desplegado programático y, matiza: “mira, no quiero decir que las cosas que se van a presentar son de menor calidad, a lo mejor están bien elegidos”, dice, pensativo, mientras revisa de un poco más cerca los nombres de las presentaciones. “Todo el trabajo que hay detrás tiene mucho valor, pero comparado con lo que veíamos antes, le doy un siete”.
¿A qué crees que se deba el decrecimiento perceptible en la ciudad?, se le pregunta.
“En una palabra, tecnología. Porque precisamente un joven ahorita no va a un teatro, como cuando yo era niño. Por ejemplo, cuando se hacía la inauguración o la clausura del Cervantino, mi madre y yo íbamos a poner un tapete para apartar el lugar. Ahorita, todo es el puro celular. Yo estudiaba en una primaria que estaba al lado de la Alhóndiga. Yo llegaba dos horas antes y hasta medio día antes para averiguar quién se presentaba”.
“Lo que también ocurrió es la gentrificación”
Darzee es una joven guanajuatense que lleva viviendo en esta ciudad desde hace 28 años. Hoy es residente de la zona que ella denomina “de las ranas”. También recuerda un Cervantino que se descubría caminando. De niña, relata, acompañaba a sus padres y se quedaba a mirar las funciones que aparecían en el camino. El teatro, el circo, el arte callejero y la convivencia con artistas de otras partes del mundo se volvieron parte de su vida. Hoy se refiere a ellos más bien con añoranza, aunque todavía lo hace en presente, porque el festival está allí, está vivo, y mientras esté vivo, seguirá siendo una oportunidad para el descubrimiento.
“Yo viví mi etapa de rebeldía en el Cervantino. Puro cotorreo realmente. Iba a todos los eventos, sobre todo por el contexto en el que estoy, con mucha gente de artes. Pero cada Cervantino es una oportunidad de conocer gente increíble que viene a trabajar y que está haciendo comunidad”.
Recuerda, por ejemplo, un proyecto llamado Callegenera, que trajo el estado de Nuevo León cuando fue Invitado de Honor en la edición 42 del FIC, en el 2014, dedicado a atender a las expresiones jóvenes, de la calle y revitalizar espacios públicos olvidados de la ciudad Guanajuatense, con intervenciones de arte urbano y graffiti. Ese proyecto, destaca, “quería integrar a la banda que está más allá, olvidada, para que también se sintiera parte”.
Ahora mira hacia el Jardín El Cantador, ahora prácticamente con las luces apagadas, y recuerda que los hippies se extendían hasta este lugar, con su mercado de fantasías, la música y la convivencia.
“Al final ellos también hacían economía en Guanajuato, porque se estaban dando a conocer y generaban ingresos para ellos y para la ciudad”, dice Darzee.
¿A qué crees que se deba el cambio?, también se le consulta. “Pues, también tiene que ver la inseguridad”, contesta. “No ha dejado de ser una época única en la ciudad, porque los eventos, los hay. Lo que también ocurrió es la gentrificación. Antes tenías acceso con sólo llegar y esperar a que comenzara el evento. Ahora no todos tienen acceso. Una persona mayor de edad que quisiera ir a un evento, o no sabe cómo o no tiene las condiciones físicas”.
Una ciudad que se queda despierta
La nostalgia también se hace saber en la tienda de Juan Uribe, un negocio familiar que lleva 11 años abierto. En una pared, las fotografías de clientes, visitantes y amigos forman un collage de la gente que ha pasado por ahí. Algunos regresan para buscar su retrato. Hay extranjeros, conocidos de Guanajuato y personas que coinciden con el festival, pero también durante Semana Santa y Día de Muertos.
El vínculo de Juan con el Cervantino es el de quien trabaja y recibe a quienes llegan. Por eso, cuando habla de los cambios, los mide en algo concreto: la cantidad de personas que entran y salen a su tienda, el movimiento de la calle y las horas que permanece abierto el negocio. “Antes era otra historia, bonita”, recuerda.
Su hijo interviene con una imagen más reciente: la multitud que se reunió cuando el sonideros La Changa tocó en Los Pastitos, en 2022, cuando la Ciudad de México fue Invitada de Honor y abarrotó el espacio público, y también su tienda, que estaba repleta de clientes queriendo pasar al baño y tomando un trago previo a la tocada.
El contraste con el presente le parece difícil de ignorar. Ahora, explica su padre, a las 10 de la noche ya es hora de cerrar porque no hay gente suficiente para continuar.
La pérdida, para ambos, no consiste únicamente en que haya menos visitantes. También se ha transformado la manera de ocupar la ciudad. Juan recuerda a los mochileros que acampaban en los jardines, consumían en los negocios y prolongaban la convivencia hasta la madrugada. Ahora, las restricciones para beber en la calle y el temor a las multas, dice, contribuyen “a que algunos prefieran no venir”.
“Para los que tenían negocios, pues era una convivencia”, explica. Quien dormía en la calle también necesitaba desayunar, comprar algo o comer un taco en el mercado. La derrama se repartía entre establecimientos grandes y pequeños.
Toca seguir al pie del cañón
El taxista con quien converso introduce una perspectiva distinta. No se siente particularmente vinculado con el Cervantino: su relación es laboral. Lleva turistas, les recomienda lugares y, en ocasiones, hace amistades con quienes visitan Guanajuato. Sin embargo, también percibe que el festival ya no representa el mismo impulso económico.
“Pus no, ya no tanto”, responde cuando habla de su importancia para los ingresos. Sitúa el cambio después de la pandemia y aclara que la disminución del turismo no se limita a octubre: también la observa durante Semana Santa y el verano. Menciona la seguridad y los cuidados que toman algunos viajeros, sin atribuir el descenso a una sola causa.
Aun así, sigue recomendando la ciudad. Sugiere quedarse uno o dos días, volver y conocer sus espacios. Su relación con el festival es menos sentimental que la de Adrián, Darzee o Juan, pero tampoco está desligada de la vida que hace posible el turismo.
La noche del jueves 8 de octubre, en Los Pastitos, la presentación de Hervé x MazelFreten ofrece otra imagen de esa convivencia. El músico francés, reconocido con una Victoire de la Musique, comparte escenario con el colectivo coreográfico de Brandon Masele y Laura Defretin, que combina lenguajes del hip-hop y la danza electro y alcanzó proyección internacional con Obscurité, pieza de la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París 2024.
La colaboración, presentada previamente en el Théâtre de Chaillot y el Grand Palais, cruza música electrónica y movimiento en una experiencia que convoca al público alrededor del escenario. El Cervantino todavía respira y contagia.
Pero la vitalidad de una noche no resuelve por sí sola las inquietudes de quienes viven aquí. Adrián, Darzee, Juan, su hijo y el taxista hablan desde lugares distintos, aunque en sus relatos aparece una misma preocupación: que el festival conserve la capacidad de hacer sentir a Guanajuato parte de la celebración.
Hay disminución en visitas y ocupación
Las percepciones de quienes viven del movimiento cotidiano de Guanajuato encuentran un contrapunto en las cifras oficiales. Según la tabla comparativa de la Dirección General de Turismo, Hospitalidad y Economía municipal, el primer fin de semana del Cervantino, del 2 al 4 de octubre, registró una ocupación hotelera de 62.4%, frente a 65.43% en el mismo periodo de 2025. La ciudad recibió 27,970 visitantes, entre turistas y excursionistas, contra 34,869 del año anterior. La derrama económica total pasó de 56.1 millones a 46.5 millones de pesos.
Por su parte, Jorge Anguiano, director de Turismo del Gobierno Municipal, ofreció en conferencia una lectura más optimista: destacó que la ocupación superó la meta inicial de 40%, con un pico de 77.96% el sábado 3 de octubre, y anticipó que el cierre del segundo fin de semana, del 9 al 11 de octubre, podría mejorar entre 10 y 15 puntos porcentuales, pues históricamente es la de mayor afluencia. La expectativa es que el siguiente fin de semana repunte la ocupación, aunque queda por ver si esa afluencia se traduce también en una recuperación del gasto y del movimiento comercial que extrañan algunos habitantes.



