Publicado: octubre 6, 2026, 3:30 am
El rol internacional de Pedro Sánchez es peculiar. El presidente del Gobierno ha dado por terminada la legislatura, anticipando las elecciones generales al 29 de noviembre, con la vivienda como tema central y tras la caída de dos decretos sobre el tema en el Congreso. Sánchez llegará a las urnas, por ejemplo, sin Presupuestos esta legislatura y con casos de corrupción a su alrededor, además de la crisis en Ceuta. Pero lo hará también siendo el ‘azote’ de Trump, Netanyahu o Milei. No obstante, su rol en la UE ha quedado desdibujado porque no ha sabido encajar en temas como el gasto en defensa, la migración, la situación en Gaza o las cumbres de apoyo a Ucrania.
La situación en general es tensa para Sánchez a nivel global. Es el baluarte de la defensa de Palestina a nivel europeo, o así se ha erigido, pero eso le ha valido un choque total con Israel. Además, se ha enfrentado a Donald Trump en numerosas ocasiones desde la vuelta del magnate al poder: por el gasto en defensa, por los aranceles, también por Gaza. Lo que él llama «la internacional reaccionaria» incluye también a Javier Milei, pero las tensiones se amplían en los últimos tiempos a Italia por la crisis en Ceuta y la imposición de controles fronterizos o Alemania (y otros socios) por no ceder en el asunto de la oficialidad del catalán, el gallego y el euskera en la UE.
La cosa no queda en simples roces. El Gobierno ha llamado a consultas o retirado a sus embajadores de Israel y Argentina en contextos de fuerte tensión diplomática. En el caso de Argentina, España retiró a su embajadora en Buenos Aires en mayo de 2024, después de las declaraciones del presidente Javier Milei sobre el Gobierno español y la esposa del presidente Pedro Sánchez; posteriormente, las relaciones se normalizaron y España nombró un nuevo embajador. En el caso de Israel, España ha adoptado medidas diplomáticas de protesta en el contexto de la guerra de Gaza y del deterioro de las relaciones bilaterales, incluida la llamada a consultas de su embajadora y, posteriormente, la ausencia de un embajador residente.
A nivel europeo, varias voces apuntan a que Sánchez ha perdido aura. España ha sido por ejemplo el país que más ha defendido la causa palestina, pero sin sumar al resto de grandes socios por ejemplo para que la UE suspendiera su acuerdo de asociación con Israel. Asimismo, el Gobierno es el único de los 27 que se opone abiertamente al pacto migratorio -aunque tendrá que aplicarlo en la crisis en Ceuta- y se ha enfrentado a Meloni, que sí ha convencido con sus políticas. Sánchez, al mismo tiempo, también se ha quedado fuera de la mayoría de grandes foros de apoyo a Ucrania y en cuanto al gasto militar se ha desmarcado abiertamente de los planes de la OTAN; tanto que en la Alianza no ven realistas los cálculos que hace Moncloa para cumplir con la ‘cuota’ española sin llegar al 5% del PIB de inversión en defensa.
Y en ese panorama, Sánchez llama a las urnas porque detecta, dicen los analistas, una ventana de oportunidad. La realidad es que Sánchez convoca «en un momento de mayor debilidad internacional que en otras ocasiones ante el retroceso de todas las fuerzas progresistas internacionales». Así lo ve Ruth Ferrero, profesora de la Universidad Complutense de Madrid, quien comenta a 20minutos que Brasil -con la derrota de Lula da Silva en primera vuelta frente a Flavio Bolsonaro- es el último ejemplo de esa dinámica.
Además, el diagnóstico del momento de Sánchez es, para Ferrero, bastante claro. «Tiene una relación muy deteriorada con la Administración Trump, especialmente por la defensa y el rol de la OTAN, y está más alejado del giro securitario dominante en Europa». Ante eso, matiza la profesora, una clave será ver «si consigue convertir esta debilidad en un activo político que le permita presentar a España como un país con voz propia, especialmente en Gaza, defensa, migración y multilateralismo«. Pero eso es a la vez una baza para el PP, pues la vulnerabilidad ahí de Sánchez «es que Feijóo puede presentar esa autonomía como aislamiento y pérdida de influencia internacional».
En migración España está más sola porque va contra la corriente europea que apuesta por una mayor securitización y control
¿Podría tornar entonces Sánchez esa «soledad» en una baza electoral? Ferrero cree que sí, sobre todo en lo que se refiere al «antitrumpismo». El presidente del Gobierno puede usar esa vía, dice Ferrero, «especialmente para movilizar al electorado progresista». Trump tiene una valoración muy negativa en España y los enfrentamientos de Sánchez con él —Gaza, Irán o gasto militar— han tenido respaldo significativo entre los votantes de izquierda, recuerda. «Sánchez puede intentar presentarse como uno de los pocos líderes europeos dispuestos a confrontar abiertamente con Trump y Netanyahu, convirtiendo una cierta soledad internacional en liderazgo político. El PP, previsiblemente, tratará de invertir ese marco y presentarlo como aislamiento y deterioro de las alianzas», insiste también sobre el papel que puede asumir Génova.
No obstante, sí hay cierto aislacionismo del líder socialista a nivel europeo, pero con matices. «En migración España está más sola porque va contra la corriente europea que apuesta por una mayor securitización y control», esgrime Ferrero, que no ve igual el posicionamiento sobre Gaza: «Ha estado más bien por delante de una corriente europea que después se ha ido desplazando parcialmente hacia sus posiciones», aunque sin lograr grandes consensos. En el caso de Ucrania, por otro lado, el elemento geográfico es fundamental, de ahí que España no tenga un peso tan relevante como los bálticos o los nórdicos.
Por su parte, Adrián Caballero, politólogo y profesor asociado en la Universidad Autónoma de Barcelona y director de Simple Política, explica que el eje central de la campaña -y el porqué de la convocatoria- es la vivienda. «Convoca ahora porque ve una ventana de oportunidad», sostiene Caballero. «La debilidad internacional no sé hasta qué punto entrará en campaña. La política internacional normalmente no es importante, así que no sé hasta qué punto entrará ahora en campaña y por tanto no sé hasta qué punto le puede hacer daño. Es decir, hay muchas cosas en contra de Sánchez, entre ellas las encuestas, pero no creo que haya pensado en su debilidad internacional para adelantar las elecciones«, añade.
Pero sí reconoce Caballero que el presidente del Gobierno lanzará «una dicotomía» en clave internacional en campaña. «Va a intentar llevarlo a su terreno» con comparaciones respecto a Trump, con guiños a la visión de Zohran Mamdani como alcalde de Nueva York o situándose en frente «de los que están con Milei», en referencia al PP y Vox. En ese sentido, dice el profesor, tampoco le preocupa mucho «haberse quedado solo en algunos temas» como Gaza o Ucrania. «Sánchez usa esa posición más de verso suelto en su favor, porque enarbola una bandera o una causa como la defensa de Gaza o la migración con la regularización», expone Cabellero, para quien Vox y el PP tampoco van a recurrir a lo internacional en campaña electoral. «Saben que tienen otros temas de los que tirar como la migración o la situación en Ceuta», concluye.
En general, Sánchez ha intentado durante toda su estancia en Moncloa hacer gala de potencia internacional, y por momentos lo logró, pero ahora llegará al 29-N de capa caída en ese sentido. Busca el choque con la derecha radical, con Trump, con Israel, con Meloni o incluso con Alemania, pero no saca ya rédito de ser el ‘llanero solitario’. Ahora faltará ver cuánto peso tiene ese giro en las urnas.
