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La edición 54 del Cervantino estuvo contra las cuerdas

Publicado: octubre 3, 2026, 10:00 pm

Primera llamada. La gente se está juntando en la Plaza Allende. La mayoría como que venía de paso. Parece ser la situación de un par de personas que acarrea bolsas de las compras que uno viene a hacer al centro en este extremo de la fulgurante Guanajuato capital. Aquí, donde habitan el Quijote y Sancho Panza, en la plaza colindante con el Teatro Cervantes.

Segunda llamada. El escenario está en todas direcciones. Lo alertan todas las miradas que empiezan a enfilarse sobre distintos puntos del cielo.

Hay una serie de cables tendidos de un edificio al otro a través de lo alto de la plaza. Los elementos de la compañía Chaillot – Théâtre National de la Danse se preparan para la presentación de “Vértigo”, una pieza multidisciplinaria que combina circo contemporáneo, danza y música en vivo en el espacio público. Es la primera presentación en Guanajuato, en el primer día de actividades del Festival Internacional Cervantino, con un total de 16 artistas y producto de una colaboración entre profesionales circenses y escénicos franceses y mexicanos.

Tercera llamada. Arriba la tortícolis, que viva la contractura express. El sonido del festival indica que está prohibido tomar fotos o videos durante la función. Debe ser puro protocolo inerte. Una grabación que seguramente se reproducirá a lo largo del FIC en los teatros bajo techo. De lo contrario sería un absurdo pedirle a la gente que no levante su celular para grabar al trío que ya está montado sobre unas cuerdas enjutas, sostenidas a angustiantes 30 metros sobre el suelo, y tensadas en los extremos por un par de palos clavados en forma de tache.

No hay historia aristotélica en esta función. Es pura observación musicalizada. Y qué observación.

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“Vértigo”, la presentación de la compañía Chaillot – Théâtre National de la Danse.Foto EE: Ricardo Quiroga.

Los artistas caminan y se balancean con desparpajo, de una extremo al otro, de la terraza del edificio donde se anuncia el consultorio del doctor Victor M. Zavala, que también hace citas a domicilio. De allí salen dos cables disparados hasta las fachadas de las casas de la loma, las que dan al barranco en esta ciudad de generosa orografía.

A estas alturas ya son cinco equilibristas, además de un grupo de acróbatas haciendo machincuepas en una tarima a ras de suelo, y una banda tocando funk, jazz, música de pianito y batería.

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“Vértigo”, la presentación de la compañía Chaillot – Théâtre National de la Danse.Foto EE: Ricardo Quiroga.

Pero no nada más se están equilibrando, como tenemos por costumbre ver a alguien cruzando de un extremo al otro lo más rápido y eficiente posible, procurando no perder el equilibrio; se están balanceando, provocan sus caídas, porque llevan un cable de seguridad, y hacen como que hacen lo inasible por la lógica.

En cambio, los desequilibrados de esta compañía están dando vueltas en el aire, brincando, colgándose y recostándose sobre sus respectivas cuerdas, allá en las alturas, desde el consultorio del doctor Zavala y también desde los tendidos que se fijaron sobre la terraza del Hotel Molino del Rey y del restaurante Habibti Falafel.

Todas esas miradas vertiginosas

¿Qué se sentirá estar allá arriba, con el vientecito que hoy sopla sobre Guanajuato capital? Son como graniceros o tiemperos danzando en las alturas, convocando a las nubes que se aglutinan sobre las casas y viajan ligero con dirección sur. Y donde no hay nubes para apantallar, el sol ahora mismo es otro tipo de amenaza de lluvia, una lluvia de mercurio, despiadado. Menos mal que vienen vestidos de blanco.

Se juntan las personas con los carritos de mandado, los de trajes de tuna, esa indumentaria que imita el uniforme que usaban los estudiantes del siglo de oro español. Ya van para la chamba en las estudiantinas, pero se han detenido para integrarse a esta práctica colectiva de tortícolis con consentimiento, que para este momento, a ojo de buen cubero, ya suscribe a cerca de 200 mirones patidifusos.

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“Vértigo”, la presentación de la compañía Chaillot – Théâtre National de la Danse.Foto EE: Ricardo Quiroga.

“Nada más no vine de blanco, pero si no, me subo sin broncas”, deja dicho la señora de mezclilla, de lentes Tommy y un morral con motivos florales. “Están farmeando aura”, complementa más adelante. Pues la musiquita en vivo sí suena bien áurica.

Ahora, los danzantes de abajo se acercan al público, jalan a algunas personas y las cargan en lo alto, de pie, en vertical. Las sostienen por las piernas y zúmbale, para arriba. Zúmbale pero en poético, no tan vertiginoso, con parsimonia.

“¡Qué chido!”, se emociona una chavita que cargaron hace un momento y que, instintivamente, levantó las manos, como quinceañera en su segundo vals, como micromuñequita de bailarina en estuche magnético musical.

Luego forman torres humanas, se apilan entre ellos, uno sobre otro, sobre otro, hasta llegar a tres, pero con movimientos poéticos. Qué vertiginosa situación, y poética. No hay historia aristotélica, pero sí hay una trama de la que participan los mirones, cuasi insolados, con las bolsas de mandado y motivos florales.

Luego se desplazan, pero poéticamente, como artistas en inauguración de juegos olímpicos en Atenas, como las nubes, con rumbo al sur, a un costado de la Plaza Allende, al otro extremo del consultorio del doctor Zavala, y montan el enorme Quijote a caballo erigido en hierro al pie de la barranca, y también se suben al Sancho Panza montado en su corcel rebusnante. Uno sobre otro, sobre otro, hasta llegar a tres: el borrico, el sancho y el performer.

Es la imagen final del espectáculo “Vértigo”. Aplausos. El sonido del festival invita a las personas a no levantarse vertiginosamente, a esperar por la indicación del personal del recinto. Así dice: recinto, para salir en orden. De nuevo, es de suponer que ese tipo de instrucciones funcionarán mejor en las sedes del festival a puerta cerrada.

Entonces, ¿teatro qué significa?

La palabra teatro viene del griego theatron que vendría siendo algo así como “lugar para ver” o “sitio donde se contempla”. Originalmente, el término se usó para designar a los espacios con gradería en luneta donde se representaban los dramas y las comedias y las farsas flíacas al aire libre. Por esa razón, con el paso de los siglos, los teatros se fueron techando y garigoleando. Y entonces cambió el imaginario colectivo de lo que era el teatro.

Pero aquí, en este momento, todos esos años se subliman como nubes arreboladas. La Plaza Allende y la fachada del doctor Zavala son parte de este teatro arrebolado, garigoleado por las comisuras de los absortos.

El de aquí fue un teatro en el cielo, un motivo para no olvidar que de vez en cuando se puede levantar la mirada… y ponerse bloqueador +50.

Hace un año, una chica que se dedica a vender pulseras y otros tipos de bisutería, se aproximó a este que escribe para contarle que suele andar por el país, de evento en evento, conviviendo con nuevos amigos, dedicándose a la venta, opinaba que al Cervantino actual le faltan muchas más actividades al aire libre.

Contó que le tocó estar en el Festival de Aviñón, en el sur de Francia, donde gran parte de los eventos convierten la ciudad en un teatro. Explicó que le tocó ver un espectáculo de equilibrismo sobre los edificios, y lamentó que ese tipo de cosas no se veían en el FIC. ¿Se habrá referido a la compañía Chaillot – Théâtre National de la Danse?

Es tiempo de llevar el mandado a casa o incorporarse a las estudiantinas en una tarde de sábado bañada en mercurio y fascinación.

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