Publicado: octubre 2, 2026, 4:30 am
No hay nada como hacer las cosas en familia. Pio y Sebastiano Esposito hicieron historia el pasado lunes al saltar juntos en el once inicial previo a la goleada ante Turquía (1-4) —hito que ningún par de hermanos transalpinos lograba desde 1915— y convertir a su estirpe en la primera que sitúa a tres hermanos en la selección absoluta de su país; el mayor, Salvatore, había debutado con la ‘azzurra’ en junio de 2022. El choque dejó, además, una de las imágenes de la jornada, con ambos celebrando abrazados el tanto que sellaba el festín anotador. El Stade de France medirá ahora, con la Francia de Zidane todavía invicta e imbatida, si las sensaciones cosechadas en Bursa se consolidan frente a un contendiente de máxima exigencia. El seleccionador italiano, Roberto Mancini , no quiso dar pistas sobre si la dupla fraterna repetirá titularidad: «¿Pio o Kean? También está Scamacca», deslizó entre sonrisas. El técnico, eso sí, no escondió sus intenciones ante la cita: «Será un gran partido contra un gran equipo; queremos hacer un buen papel y lo intentaremos. Cuando te enfrentas a rivales de este calibre, nunca saltas al campo sin pensar en ganar; esa debe ser nuestra mentalidad», declaró, advirtiendo asimismo de que introducirá menos rotaciones que en Bursa mientras evalúa la recuperación física de su plantel tras el desgaste frente a los turcos. En el bando galo, Zidane regresa a su santuario. El Stade de France acoge el primer compromiso como local de la selección francesa bajo el mando de su nuevo seleccionador, con el recuerdo del Mundial de 1998 alzado por Zizou en ese mismo escenario aún latente en el imaginario colectivo. Tras dos agónicos triunfos por la mínima ante Turquía y Bélgica —sellados ambos en el tramo final— y con Mbappé fuera de la concentración por lesión, los ‘bleus’ están obligados a recomponer un frente ofensivo en el que no faltan alternativas de primer nivel. Al evocar el trasfondo histórico entre ambas potencias, resulta inevitable rememorar el célebre cabezazo de Zidane a Marco Materazzi en la final de la Copa del Mundo de 2006, lance que empañó el broche a una carrera legendaria. Cuestionado por el episodio transcurrido dos décadas atrás, el marsellés respondió con la elegancia que le caracteriza: «Las imágenes me lo recuerdan constantemente; se repiten en bucle. Afortunadamente no solo hice eso en mi carrera y conservo otros recuerdos mucho más agradables». Asimismo, zanjó cualquier amago de reabrir una herida del todo cicatrizada: «No estoy orgulloso de lo que sucedió; lo dije en su día y lo mantengo hoy. No entro a comentar esas historias; no quiero. Son pequeñas batallitas de las redes sociales. Estoy centrado exclusivamente en lo esencial, que es el terreno de juego». Con el pulso del torneo en pleno auge, la UEFA Nations League sigue consolidando proyectos nacientes y examinando la jerarquía de las potencias continentales. Entre la irrupción de nuevas figuras y los tropiezos imprevistos de los gigantes, la competición continental deja un escenario abierto donde cada detalle táctico y cada destello individual amenazan con reescribir el equilibrio del fútbol europeo.
