Publicado: octubre 2, 2026, 4:00 am
“Cuando tenía 17 años maté a mi hermana”. Esta cruda declaración abre el monólogo “Nocturno”, original del escritor estadounidense Adam Rapp, ganador del Premio Pulitzer, que se estrena por primera vez en México protagonizado por el primer actor Daniel Giménez Cacho, bajo la dirección de Francisco Franco Alba y producido por Guillermo Wiechers y Alejandro Gou.
A partir de ese momento, un silencio oscuro y denso, capaz de quebrarse con un suspiro, se apodera de la sala del Centro Cultural Teatro 2 por las siguientes dos horas, para interrumpirse al final con una ovación que el público obsequia de pie.
“Hemos vivido hasta ahora 18 funciones donde el público nos ha regalado ovaciones de pie, desde luego gracias al trabajo de Daniel, al trabajo de Francisco Franco y los creativos a los que convocó para esta puesta en escena. Pero “Nocturno” nos ha dado otro regalo muy peculiar. Al final de cada función hay quien se acerca al actor, hay quien se acerca al director y quien se acerca a un servidor” para compartir sus experiencias personales», revela Wiechers a este medio.
Sanar la culpa y el remordimiento
El Economista conversa con Daniel Giménez Cacho, a quien solemos ver en la pantalla como el villano afable — elegante y de buenos modales— o como el hombre de piel dura que las tiene todas consigo, una imagen que se desmonta al verlo en teatro, porque el actor nos revela su vulnerabilidad, sus dudas y sus miedos, al mirarse en el espejo del personaje de “Nocturno”: un escritor que siendo adolescente cometió un asesinato involuntario en contra de su hermana de nueve años y que desde entonces carga con el sentimiento de culpa por ese acontecimiento que fracturó a su familia y condenó a sus padres a una muerte en vida.
“El remordimiento no envejece, duerme contigo por el resto de tus días”, dice el actor y añade: “Ahí me identifico bastante con mi personaje. No por algo concreto, sino como una cosa heredada de la cultura judeocristiana, la culpa. Mi personaje en esta obra lo ha tenido que procesar, ¿no? Pero él sí cometió un acto irreversible. De todos modos, sí nos cruzamos en la sensación de qué es vivir con esa carga”.
Una de las reflexiones con las que uno se queda después de ver la obra, es que hay hitos reveladores en la vida que nos obligan a mirar hacia adentro de uno mismo y nos hacen ver cosas que de otra manera no veríamos o no querríamos mirar.
Al respecto, Giménez Cacho me secunda: “Totalmente, y eso es lo que a él lo salva porque se convierte en escritor, gracias a que puede ver su historia y narrarla, y el hecho de narrarla le hace entenderse, aceptarse, perdonarse, acomodar el dolor, ¿no?, procesar el remordimiento por este acto irreversible y tan trágico de haber matado a su hermana. Es muy interesante cómo el hecho de narrar tu historia puede ser el principio de una sanación, una curación”.
‘Tienes que escapar para sobrevivir, y sobrevivir para escapar’, dice el personaje, en algún momento — le interrumpo.
“Sí, bueno, y hay tantas cosas que se cruzan con mi propia vida, ¿no? Yo también de muy joven tuve que escapar para sobrevivir”, responde. El vértigo de la vulnerabilidad
Para un actor con más de 40 años de trayectoria, protagonista de películas entrañables como “Solo con tu pareja”, “La invención de Cronos”, “El callejón de los milagros”, “Profundo carmesí”, “La mala educación”, “Arráncame la vida”, “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades”, admitir el miedo no es sencillo. Sin embargo, la naturaleza de Nocturno —donde no existe la protección de la llamada «cuarta pared»— lo obliga a un constante salto al vacío.
«No estoy protegido por la cuarta pared, digamos, por una situación teatral, sino que estoy directamente interpelando a la gente. Entonces, es muy diferente. Es más difícil esto», revela. Al ser cuestionado sobre sus temores al salir al escenario, Giménez Cacho es conmovedor: «¿Qué será? ¿Miedo a regarla? ¿Que no te salga, que se te olvide, que trastabilles? Yo creo que finalmente es un ejercicio de mostrar vulnerabilidad, pero a la vez me da miedo mostrarla. Si me caigo, si se me olvida… eso sí sería verme muy vulnerable».
“En ‘Bardo’ (G. Iñárritu, 2022), por ejemplo, hice una cosa en complicidad con Alejandro muy cercana a mí (…) Y esta obra (Nocturno) es vulnerabilidad pura. Y sí ha sido un reto mostrar toda esta vulnerabilidad en público, me ha puesto bastante nervioso, me ha dado miedo, me ha insegurizado, ahí voy trabajando eso.”
Aquí aprovecho para preguntarle: Daniel, de aquel actor de “Callejón de los milagros” (Jorge Fons, 1995) a “Nocturno”, ¿qué queda? ¿qué has aprendido? ¿qué ha cambiado? Y qué le dirías hoy a aquel joven actor al que le faltaban cosas que hoy tiene Giménez Cacho y que a él no tenía.
“Bueno, pues sobre todo creo que la autoestima, ¿no? Yo tuve que luchar mucho con una autoestima bastante baja, mucha inseguridad. Y entonces todos los trabajos eran muy como subir una montaña, ¿sabes? Y todo era, ‘guau, demostrar, autodemostrarse, sí puedo, sí puedo, sí pude’, ¿Ssbes? Entonces todo tiene ese carácter. ¿Funcionó? Digamos, pero ahora yo ya no trabajo así. Entonces, yo sí le diría a aquel joven, trata de irte relajando, ¿no?, relaja, relaja, relaja, quiérete más, trátate mejor, no sé, está muy bien el rigor, pero también hay que quererse; yo sí padecí mucho esa autoexigencia muy muy dura.”
El actor que ha trabajado con realizadores de la talla de Guillermo del Toro, Alfonso Cuarón, Pedro Almodóvar, Arturo Ripstein y Alejandro González Iñárritu, se estrenó como director en 2025, con “Juana”. ¿Cómo te sentiste, qué le aprendiste a los grandes para dirigir?
“Uy, pues sabes que aprendí muchísimas cosas porque como era mi primera película pues entonces soy bastante ignorante de muchas cosas también” —responde Giménez Cacho. “Creo que como director —añade— lo que más se me reveló y me atrajo es cómo puedes construir un clima, dónde todo el mundo florezca, donde la creatividad de todos enriquezca el trabajo, más que se haga lo que tú quieres que se haga, crear un clima donde todo el mundo florezca”. Un traje a la medida
La génesis de “Nocturno” surge de una alianza creativa de alto calibre. El productor Guillermo Wiechers, junto a Alejandro Gou, Daniel Giménez Cacho y el director Francisco Franco, decidieron «echar toda la carne al asador en términos de creatividad». El objetivo era claro: construir un traje a la medida para el ganador de siete premios Ariel y ofrecer una experiencia memorable que estuviera a la altura de grandes hitos del teatro unipersonal en México, como lo fueron en su momento Carlos Ancira en El diario de un loco o Héctor Bonilla en Yo soy mi propia esposa, comparte Wiechers.
Para el productor, la obra funciona casi como una sesión de «constelaciones familiares» sobre el escenario, donde el protagonista dota de voz a los miembros de su fracturado núcleo primario: la madre sumida en depresión crónica, el padre distante y la hermana fallecida. A través de la ficción y la literatura, el personaje construye «capas de perdón» para sanar.
«En ningún momento la salida son las lágrimas o regodearse en el dolor», apunta Wiechers, recuperando una frase de la actriz Diana Bracho durante los ensayos. «La salida es reconocer abiertamente aquello que se ha fracturado… para trazar un camino de vida con grandes posibilidades de encontrar el amor, el perdón y la sanación del alma».
Giménez Cacho coincide en que Nocturno es, ante todo, una invitación al diálogo en una sociedad que carece de herramientas emocionales. «Esta familia justo es como un modelo de familia donde la comunicación no ha existido… son como mutilados emocionales. Cuando pasa esto, pues la familia truena», advierte.
Por ello, el actor invita a confrontar nuestros propios fantasmas: «Deben venir a verla porque les va a tocar muchas fibras íntimas, les va a tocar el corazón… Todos tenemos dolores que procesar con los padres, con las madres, con nosotros mismos, y aquí es un caso muy luminoso de cómo este personaje lo procesó”, y cita a Faulkner, porque “‘entre el dolor y la nada, me quedo con el dolor’”.
Como dice el personaje, hay que confrontar lo innombrable aunque duela, porque “entre el dolor y la nada, me quedo con el dolor”.
Nocturno
- Dramaturgia: Adam Rapp
- Dirección: Francisco Franco Alba
- Producción: Guillermo Wiechers y Alejandro Gou
- Protagonista: Daniel Giménez Cacho
- Centro Cultural Teatro 2
- Avenida Cuauhtémoc 19, esquina con Chapultepec, Colonia Roma Norte, Ciudad de México
- Viernes 20:00 h · Sábados 18:00 y 20:30 h · Domingos 18:00 h
- Duración: 110 minutos aproximadamente
- Edad recomendada: 15+
- Boletos en taquilla del teatro y en Ticketmaster.
“El remordimiento no envejece, duerme contigo por el resto de tus días”, dice el actor y añade: “Ahí me identifico bastante con mi personaje. No por algo concreto, sino como una cosa heredada de la cultura judeocristiana, la culpa.
Daniel Giménez Cacho, actor y director.
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