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¿Se acabó el superpeso?

Publicado: octubre 1, 2026, 4:00 am

El martes 29, el dólar cerró por encima de 18 pesos por primera vez desde marzo. El 4 de septiembre había tocado 16.86, por lo que, en menos de un mes, el peso perdió cerca de 7% y borró toda la ganancia del año. No es una crisis, pero confirma lo que se ha dicho en este espacio: el superpeso, del que este gobierno se colgó la medalla, dependía en buena parte del diferencial de tasas, y ese diferencial también se decide en Washington.

El 16 de septiembre, la Fed de Kevin Warsh subió su tasa a 3.75-4%, por unanimidad. Ocho días después, Banxico dejó la suya en 6.50% por tercera reunión consecutiva. El diferencial quedó en 250 puntos base, nivel que solo se había visto en diciembre de 2015. Hace tres años, el diferencial era de casi 600 puntos. Con ese margen, el carry trade —pedir prestado en dólares para invertir en pesos— ya no compensa el riesgo y el dinero se va.

Banxico tiene razones para no moverse. Según su comunicado, las diferencias entre las condiciones en México y EU hacen que su política monetaria “no tenga que reaccionar de manera mecánica” ante la Fed. Con un crecimiento de apenas 0.6% en 2025, que además se habría desacelerado en el III Trim., subir la tasa ahogaría aún más la economía. Pero bajarla tampoco es viable, con el peso cayendo y la inflación en 3.42%. Tras recortar la tasa de 11.25% a 6.50% en poco más de dos años, el ciclo de recortes parece agotado y retomarlo ya no depende solo de Banxico.

A dos años de este gobierno, Alejandro Werner publicó en el Peterson Institute un balance que merece atención. Describe un equilibrio de poco crecimiento, redistribución y estabilidad financiera, sin reformas estructurales, que podría sostenerse hasta 2030 salvo un choque, probablemente derivado de la política comercial de EU También señala que la agenda de debilitamiento institucional dejó intacta la independencia de Banxico. Así, buena parte de la estabilidad que tanto se presume descansa en una de las pocas instituciones que no se tocaron.

Por si fuera poco, la primera sacudida llegó por el lado financiero, antes que por los aranceles, y agrava la presión sobre la deuda que identifica Werner: bajo crecimiento y tasas relativamente altas. Hacienda armó el paquete 2027 suponiendo Cetes de 6% al cierre del próximo año, medio punto más de recortes, y aun así presupuestó un costo financiero de 1.6 billones de pesos, equivalente a 4% del PIB, más que toda la inversión física pública. Si la tasa no baja y la economía no crece, la deuda se encarece más rápido que la economía que debe sostenerla.

Aunque México tiene con qué aguantar, gracias a una cuenta corriente casi en equilibrio, bancos bien capitalizados y un déficit financiado con ahorro interno, el bolsillo de los mexicanos sí lo va a resentir. El impacto inmediato se verá en viajes, importados y deudas en dólares. Pero lo que más pesará es que el crédito, desde la hipoteca a la tarjeta, dejará de abaratarse. Ganan, eso sí, los exportadores y las familias que reciben remesas.

Werner plantea que, si se restringe el acceso a los mercados, la reacción podría ir hacia una reforma fiscal ambiciosa o recurrir a la heterodoxia: represión financiera, controles de capital y más inflación. Un dólar a 18 pesos está lejos de ese escenario, pero es el primer aviso serio de que el margen se está acabando. Ojalá que, cuando llegue la hora de elegir, quien gobierne recuerde que el único soporte que una moneda puede llamar suyo es una economía que crece. Y eso no se decreta en la mañanera.

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