Publicado: septiembre 30, 2026, 3:00 pm
Detectar si una bebida contiene escopolamina, sustancia popularmente conocida como burundanga y asociada a casos de sumisión química, podría llegar a ser tan sencillo como sumergir un pequeño dispositivo y esperar unos minutos para comprobar si cambia de color. Investigadores del grupo Microfluidics Cluster de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) han desarrollado un dispositivo microfluídico de papel que permite detectar visualmente esta sustancia en unos diez minutos, sin necesidad de utilizar instrumental de laboratorio. El prototipo, presentado en la revista científica Talanta, ha sido probado con diferentes bebidas alcohólicas y no alcohólicas.
La escopolamina es un alcaloide tropánico con efectos sobre el sistema nervioso central que puede provocar sedación, amnesia y alteraciones de la percepción. Una de las dificultades para reconocer su presencia en una bebida es que carece de color, olor y sabor, según explican los propios investigadores. Las agresiones sexuales facilitadas mediante drogas constituyen, además, “un grave problema de salud pública y forense”, señalan los autores del estudio. Frente a los procedimientos analíticos convencionales, que pueden requerir instrumental especializado y preparación de las muestras, el objetivo del equipo vasco ha sido avanzar hacia una herramienta portátil que permita efectuar un primer análisis allí donde se necesite.
¿Y cómo funciona? El dispositivo utiliza la microfluídica, una tecnología que permite controlar cantidades muy pequeñas de líquido, aplicada en este caso sobre un soporte de celulosa. La muestra se desplaza por el dispositivo mediante capilaridad, por lo que el sistema no necesita una bomba externa para hacer circular el líquido. En su interior tiene lugar una reacción colorimétrica basada en el tiocianato de cobalto: en condiciones ácidas, su interacción con la escopolamina produce un cambio de color visible. El estudio describe el dispositivo como autónomo y diseñado para que la lectura pueda realizarse directamente a simple vista.
Su utilización busca ser igualmente sencilla. “Se sumerge el dispositivo en la muestra durante unos segundos y en unos 10 minutos se puede observar el resultado a simple vista, sin necesidad de ningún otro tipo de detector”, explica Isabel Poves, autora principal de la investigación. Además de la observación visual, los investigadores estudiaron la posibilidad de cuantificar el color mediante un teléfono móvil. En los experimentos de calibración, el sistema alcanzó un límite de detección de 0,13 miligramos por mililitro para la escopolamina pura y de 0,11 miligramos por mililitro para formulaciones comerciales analizadas en el estudio.
Una cuestión especialmente importante era comprobar qué sucedía fuera de una solución preparada en el laboratorio. Los científicos evaluaron el sistema en diferentes matrices y consiguieron detectar escopolamina en una variedad de bebidas tanto alcohólicas como no alcohólicas. El trabajo también estudió muestras farmacéuticas y extractos de plantas que contienen este alcaloide, como Datura stramonium y Atropa belladonna. Para sus autores, la combinación de portabilidad, bajo coste y lectura visual convierte esta tecnología en una vía potencial para realizar análisis preliminares en el propio lugar donde se sospecha de una adulteración.
El comienzo de un proyecto más amplio
El dispositivo forma parte, además, de un proyecto más amplio. El equipo dirigido por Lourdes Basabe trabaja para trasladar diferentes reacciones químicas a dispositivos microfluídicos capaces de identificar sustancias mediante cambios de color. “Tratamos de adaptar las reacciones químicas colorimétricas a la tecnología microfluídica para simplificar este tipo de detecciones, abaratar los costes, automatizar el proceso y principalmente para poder ver a simple vista un cambio de color que señalará la adulteración en una bebida”, explica Basabe. El mismo grupo ha trabajado previamente en un dispositivo autónomo para detectar benzodiacepinas en bebidas adulteradas, investigación publicada en Analytica Chimica Acta.
Conviene, sin embargo, no confundir esta prometedora tecnología con un test que ya pueda llevarse en el bolsillo y utilizarse de manera generalizada. La propia EHU subraya que se trata todavía de un prototipo desarrollado a nivel de laboratorio y que necesita seguir perfeccionándose. “Tenemos que seguir incorporando mejoras a estos dispositivos para optimizar los rangos de detección y los cambios de color”, señala la universidad. Los resultados publicados respaldan su capacidad experimental para detectar escopolamina en distintas muestras, pero una herramienta de cribado de este tipo no sustituye a los análisis toxicológicos y forenses confirmatorios cuando existe una sospecha de intoxicación o agresión.
El objetivo a más largo plazo es todavía más ambicioso: conseguir que un mismo dispositivo pueda identificar el mayor número posible de sustancias utilizadas para adulterar bebidas. Lograr una prueba portátil, económica y fácil de interpretar permitiría acercar el análisis al lugar y al momento en que surge la sospecha, en vez de depender exclusivamente de procedimientos instrumentales posteriores.
