Publicado: septiembre 30, 2026, 10:00 am
En México, cada vez más mujeres estudian y las nuevas generaciones están transformando las decisiones sobre el matrimonio y la maternidad. Sin embargo, los ingresos de las mujeres no avanzan al mismo ritmo. El Índice Global de Brecha de Género 2026 del Foro Económico Mundial posiciona a México en el lugar 18 de 145 economías. Es una noticia importante, pero esconde una contradicción. Mientras que México ha avanzado considerablemente en la representación política de las mujeres, las oportunidades económicas siguen siendo su principal rezago.
Entre 2005 y 2026 la brecha salarial en México se redujo de 20% a 14%. Un avance, sin duda, pero no responde a la realidad que vivimos. Esto significa que, por cada 100 pesos que gana un hombre por su trabajo, una mujer percibe en promedio 86. El problema no se limita a las desigualdades que ocurren en el mercado laboral. También está relacionado con lo que sucede en distintas etapas de la trayectoria profesional, cuando las mujeres tienen hijos, avanzan profesionalmente o reducen sus jornadas para atender otras responsabilidades familiares y de cuidados.
Para entender mejor estas diferencias, en el IMCO lanzamos una nueva sección del Monitor Mujeres en la Economía, una herramienta interactiva que reúne más de 300 datos y permite explorar 60 formas de comparar los ingresos de mujeres y hombres. Los resultados muestran que la brecha salarial no es una cifra estática. Cambia según la edad, la escolaridad, la maternidad, la ocupación y las condiciones laborales, pero no desaparece.
Uno de los hallazgos más pertinentes, sin ser sorpresivo, está relacionado con la maternidad. Entre las personas sin hijos, las mujeres perciben 9% menos que los hombres. Cuando hay hijos, la diferencia aumenta a 17%, y alcanza 30% si únicamente se consideran empleos de tiempo parcial.
Estos datos cobran especial relevancia ante los cambios demográficos que enfrenta México. La Encuesta Intercensal 2025 del INEGI muestra que las mujeres mexicanas tienen menos hijos, se casan menos y viven cada vez más por su cuenta. En los últimos cinco años, la tasa de fecundidad se redujo a 1.2 hijos por mujer, mientras que la proporción de solteras aumentó a 34%. Por su parte, los hogares unipersonales ya representan 15% del total y el número de hogares conformados solo por una mujer creció casi 37%.
Aunque estas cifras no explican todas las razones detrás de las decisiones, muestran que las estructuras familiares están cambiando. Las mujeres tienen nuevas aspiraciones educativas, profesionales y personales, pero siguen enfrentando un mercado laboral en el que formar una familia puede tener un costo.
México ya dio un paso con la reforma constitucional de 2024, que estableció la obligación de erradicar la brecha salarial de género. Dos años después, aún faltan mecanismos para medir las diferencias, transparentar los salarios y verificar su cumplimiento. Las empresas también deben revisar sus prácticas de contratación, remuneración y promoción.
La igualdad no pierde valor porque persistan brechas, al contrario, nos recuerdan por qué es necesario seguir avanzando en esta agenda. Los logros educativos y políticos han abierto nuevas oportunidades para las mujeres, el reto es que también se reflejen en sus ingresos, condiciones laborales y autonomía económica.
