Publicado: septiembre 29, 2026, 1:00 am
Después de sufrir un problema cardíaco, recibir el alta hospitalaria es solo una parte del proceso de recuperación. Volver poco a poco a la vida cotidiana también implica recuperar la confianza para moverse o saber qué tipo de ejercicio es adecuado en cada caso. Es precisamente ahí donde entra en juego la rehabilitación cardíaca, un tratamiento que va mucho más allá de hacer ejercicio y que busca ayudar al paciente a recuperar capacidad funcional y autonomía.
El Dr. Frank Martínez López, especialista en Cardiología y coordinador de la Unidad de Rehabilitación Cardíaca del Hospital Quirónsalud Sur, explica que “la rehabilitación cardíaca se define como una intervención terapéutica multidisciplinaria y estructurada que integra la prescripción de ejercicio físico, la educación sanitaria, el control estricto de los factores de riesgo cardiovascular, el soporte psicosocial y la optimización farmacológica”. Su finalidad, añade, es “incrementar la capacidad funcional, optimizar el pronóstico vital, mitigar la morbimortalidad y favorecer la reintegración sociolaboral del paciente”.
Cuándo está indicada la rehabilitación cardíaca
La rehabilitación cardíaca no es un recurso reservado únicamente para quienes han sufrido un infarto. Según el especialista de Quirónsalud, las indicaciones abarcan diferentes enfermedades y procedimientos cardiovasculares: “Las directrices actuales establecen que la rehabilitación cardíaca debe ofertarse de forma sistemática a los pacientes que han sufrido un síndrome coronario agudo o infarto agudo de miocardio, aquellos sometidos a procedimientos de revascularización miocárdica -ya sea percutánea o quirúrgica-, así como a pacientes con cardiopatía isquémica estable, insuficiencia cardíaca crónica estable, valvulopatías intervenidas y receptores de trasplante cardíaco”.
Además, los programas pueden adaptarse a distintas circunstancias y no tienen por qué desarrollarse siempre de manera presencial. El doctor señala que la rehabilitación cardíaca puede implementarse “independientemente de la modalidad de prestación, ya sea presencial, telemática/domiciliaria o híbrida”. De hecho, hay determinados pacientes en los que este abordaje puede tener especial interés, sobre todo cuando existe una pérdida importante de capacidad física o autonomía. El experto destaca especialmente estas situaciones:
- Síndrome de fragilidad y sarcopenia secundaria.
- Desacondicionamiento físico severo.
- Disnea de esfuerzo persistente.
- Limitación funcional global y pérdida de autonomía en las actividades de la vida diaria (AVD)
El ejercicio es una parte fundamental de la rehabilitación cardíaca
El ejercicio es una parte fundamental de la rehabilitación cardíaca, aunque su intensidad y características deben adaptarse a la situación clínica y al riesgo de cada paciente. Por eso, no todas las personas deben realizar la misma rutina ni es conveniente empezar a entrenar por cuenta propia después de un problema cardiovascular. Tal como señala el Dr. Martínez López, “esto debe ser pautado de manera individualizada a partir de la estratificación de riesgo y de los resultados obtenidos mediante pruebas de esfuerzo diagnósticas avanzadas”.
Estas pruebas pueden incluir ergometría, ergoespirometría o una prueba de esfuerzo cardiopulmonar, herramientas que permiten conocer mejor la respuesta del organismo al ejercicio y ajustar la intensidad a las características de cada paciente. La rehabilitación es conseguir que la persona haga más actividad física y busca que el organismo responda de una manera más eficiente ante el esfuerzo y que esa mejoría se traduzca también en la vida diaria.
Qué cambios produce la rehabilitación cardíaca en el organismo
El entrenamiento pautado provoca diferentes adaptaciones fisiológicas que pueden mejorar la capacidad del paciente para afrontar el esfuerzo. Entre ellas se encuentran:
- Incremento del consumo pico de oxígeno (VO2 pico), reflejo de una mayor eficiencia de la musculatura esquelética (el fenómeno de “hacer más con menos”).
- Optimización de la eficiencia ventilatoria.
- Aumento de la fuerza muscular periférica, con el consiguiente incremento de la autonomía y de la calidad de vida relacionada con la salud.
- Atenuación de la sintomatología clínica y de la restricción funcional al esfuerzo.
Por tanto, la evolución no se mide únicamente por cuánto ejercicio es capaz de realizar una persona; también importa que pueda desenvolverse con mayor facilidad en su día a día y recuperar parte de la autonomía que había perdido.
La rehabilitación cardíaca también puede mejorar el pronóstico
Más allá de los cambios físicos y funcionales, uno de los aspectos más relevantes de estos programas es su relación con la evolución cardiovascular. El especialista Martínez López destaca que existe evidencia científica especialmente sólida en pacientes con cardiopatía coronaria.
La participación en programas de rehabilitación cardíaca basados en ejercicio estructurado reduce significativamente la tasa de reinfarto y la morbimortalidad cardiovascular»
“Desde la perspectiva de la medicina basada en la evidencia, la literatura científica —respaldada por un metaanálisis reciente publicado en pacientes con cardiopatía coronaria— demuestra que la participación en programas de rehabilitación cardíaca basados en ejercicio estructurado reduce significativamente la tasa de reinfarto y la morbimortalidad cardiovascular”, señala eldoctor.
Según explica, los datos disponibles permiten estimar que se evita una muerte cardiovascular adicional por cada 37 pacientes tratados frente a quienes no reciben esta intervención. “Además, se asocia con una disminución notable de los ingresos hospitalarios por descompensación, lo que repercute favorablemente en la sostenibilidad de los sistemas sanitarios al optimizar el consumo de recursos asistenciales”, continúa diciendo.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que si la reducción de eventos mayores y la evidencia pronóstica más sólida derivan fundamentalmente de cohortes con cardiopatía isquémica, los beneficios terapéuticos y funcionales pueden extenderse a otros perfiles, como pacientes con insuficiencia cardíaca, enfermedad valvular, personas que han pasado por un TAVI o receptores de un trasplante, pero los resultados obtenidos en pacientes coronarios no deben trasladarse automáticamente a todas estas situaciones.
La rehabilitación cardíaca, por tanto, no debería entenderse únicamente como un periodo de ejercicio después de un infarto o una intervención ya que se trata de un abordaje global en el que la actividad física se combina con educación sanitaria, control de los factores de riesgo, apoyo psicosocial y tratamiento farmacológico. El objetivo último, tal como concluye el experto de Quirónsalud, es que la persona pueda recuperar capacidad para desenvolverse en su vida cotidiana y mejorar su bienestar.
