Publicado: septiembre 25, 2026, 1:00 pm
Hace décadas las cajas fuertes incorporaban algunos de los mecanismos de seguridad más avanzados disponibles. Con el paso de los años aparecieron nuevos materiales, cerraduras electrónicas, sistemas biométricos y herramientas de monitoreo. La caja fuerte no necesariamente dejó de ser segura de un día para otro, simplemente surgieron nuevas formas de hacerla aún más resistente.
Algo parecido ocurre con la seguridad digital. Hoy, buena parte de la información está protegida mediante sofisticados “candados” matemáticos. Cada vez que se realiza una operación financiera, se autentica la identidad o se intercambia información confidencial; distintos mecanismos criptográficos trabajan detrás de escena para proteger esos datos.
La llegada de la computación cuántica está abriendo un nuevo capítulo en esa evolución. A diferencia de las computadoras tradicionales, las computadoras cuánticas procesan información de una manera distinta que, en el futuro, podría permitir resolver determinados problemas extraordinariamente complejos. Aunque esta tecnología continúa desarrollándose, su potencial ya está llevando a gobiernos, empresas tecnológicas e instituciones financieras a pensar en la siguiente generación de seguridad digital.
A esta evolución se le conoce como criptografía poscuántica o quantum-safe: nuevos mecanismos diseñados para que la información pueda mantenerse protegida también frente a las capacidades de futuras computadoras cuánticas.
No se trata únicamente de un ejercicio teórico. Durante 2025 y a lo largo de este año, el World Economic Forum destacó cómo distintas instituciones financieras están avanzando en su preparación para un entorno cuántico, incorporando conceptos como agilidad criptográfica: la capacidad de adaptar y actualizar los mecanismos de seguridad conforme evolucionan la tecnología y los estándares.
La idea resulta especialmente relevante cuando se piensa en patrimonio. Durante años se ha entendido la protección patrimonial desde diferentes dimensiones: diversificar inversiones, administrar riesgos, establecer estructuras adecuadas y planear con horizontes que pueden extenderse incluso entre generaciones.
Hoy existe también una dimensión digital en la que la información financiera, los contratos, los documentos, las identidades y los registros forman parte del ecosistema que permite administrar, acreditar y transferir patrimonio. Conforme este ecosistema se digitaliza, los mecanismos que lo protegen también necesitan evolucionar.
Quizá la mejor caja fuerte no sea aquella cuya cerradura se espera que permanezca intacta para siempre, sino aquella que puede incorporar nuevas capas de protección conforme aparecen nuevas herramientas y necesidades.
Ese es quizá uno de los conceptos más interesantes detrás de criptografía poscuántica: no asumir que se conoce exactamente cómo será la tecnología del futuro, sino construir sistemas capaces de adaptarse a ella.
Porque proteger el patrimonio a largo plazo no significa intentar detener el cambio. También significa estar preparados para evolucionar con él.
Directora de Oficina, BBVA Banca Patrimonial y Privada Inxignia
