Publicado: septiembre 25, 2026, 2:30 am
La caza sigue siendo una actividad mayoritariamente masculina, pero el perfil del cazador está cambiando. Cada vez hay más mujeres que se incorporan al sector cinegético y, además, lo hacen a edades más tempranas que los hombres. Los datos de la Fundación Artemisan, plasmados en el estudio ‘ La mujer cazadora en España ‘ de 2023, reflejan precisamente esa transformación, pues el 80% de las mujeres cazadoras en nuestro país no supera los 40 años, mientras que más de la mitad de los hombres que practican esta actividad tiene más de esa edad. Esta diferencia generacional ayuda a entender por qué la presencia femenina está adquiriendo un peso creciente en el futuro de la actividad cinegética. Asimismo, en España, casi la mitad de las cazadoras cuenta además con estudios universitarios (un 48,8%, frente al 44,5% de los hombres) y el 21% de ellas son estudiantes, frente al 5,5% de los cazadores. Son cifras que dibujan un perfil femenino joven y diverso que poco a poco va ganando espacio en un sector tradicionalmente vinculado a los hombres. En Andalucía, esta evolución también se hace visible. Según datos de la Consejería de Sostenibilidad y Medio Ambiente , se emitieron más de 83.600 licencias femeninas en las ocho provincias andaluzas a inicios de 2025. Se trata de una cifra que continuó creciendo desde entonces y que se considera especialmente relevante para el relevo generacional. Ahora bien, la cuestión ya no es únicamente cuántas mujeres cazan, sino qué papel desempeñan en el sector cinegético, tanto en la actualidad como de cara al futuro. La incorporación de la mujer al mundo cinegético es relativamente reciente en comparación con la trayectoria de muchos cazadores varones. Los datos de Artemisan hablan de que más del 75% de las cazadoras acumula menos de 21 años de experiencia y una de cada cuatro lleva menos de cinco años practicando la actividad. Es decir, una parte importante de las mujeres que hoy cazan se ha incorporado al sector en las últimas décadas. La incorporación femenina, además, presenta una particularidad relacionada con la transmisión familiar. «Me introdujo mi padre. La verdad es que no tengo un recuerdo de un primer día porque me llevó desde que tengo memoria. No me decía que tenía que ir, sino que era yo la que le decía que me llevara . Hay tradición cinegética. Siempre hemos cazado en familia, con mis tíos, con mis abuelos y con mis primos», admite Elena Fuentes, apasionada de la caza menor con perro y bióloga, además de ser técnica de la Fundación Artemisan y directiva de la Federación Andaluza de Caza en Cádiz. Algo parecido expresa Ángela Bermúdez, podenquera natural de la localidad cordobesa de Benamejí: « En mi casa lo he vivido desde pequeña con mi padre, que siempre ha sido cazador, y también con mi hermano». Sin embargo, en su caso, reconoce que «cuando decidí dar el paso definitivo fue cuando conocí a mi pareja, que es podenquero. Al conocer al podenco fue cuando me enamoré por completo de ese mundo. Ahí, ya con 34 o 35 años, di el paso de interesarme más. Me saqué el permiso de armas y, poquito a poco, llegaron los campeonatos, que es algo que me mueve muchísimo». Aunque la presencia de la mujer continúa siendo minoritaria, desde el sector no se considera que exista una discriminación específica hacia las cazadoras. En el caso específico de Elena, según cuenta, « nunca me han tratado mal por el hecho de ser mujer . Al contrario, todo súper bien. Además, cuento con el ánimo de mis compañeros para que, ojalá, sus hijas y sus mujeres los acompañen en esta actividad. Es verdad que es un mundo de hombres, pero nunca me he sentido excluida por ser mujer». Por su parte, Ángela expresa sobre todo alegría «por ver que cada vez somos más mujeres en el campo . Antes, quizás, estábamos más en un segundo plano. Siempre acompañando al amigo, al padre o a la pareja. Sin embargo, hoy en día salimos nosotras solas con nuestros perros, con nuestras escopetas, y disfrutamos exactamente igual que cualquiera». Ahora bien, a pesar del avance en los últimos años en este sentido, estas dos cazadoras sí consideran necesario potenciar la presencia femenina y su visibilidad en el sector cinegético, especialmente en un momento en el que el relevo generacional constituye uno de los grandes retos de la caza. «No es que las mujeres estemos aquí porque nos hayan dejado ni nada. La caza es como la investigación, que hace 50 o 60 años no había mujeres y, ahora, las hay liderando proyectos. Entonces, lo que ha habido es una evolución de la sociedad en general», considera Elena, quien afirma también que « ahora tenemos nosotras más libertad , por ejemplo, para dejar las obligaciones de casa porque se comparten con los hombres, de manera que tenemos más tiempo libre para nuestras aficiones». Algo parecido estima Ángela. De hecho, para esa podenquera cordobesa, el hecho de que haya más mujeres cazadoras, de que se potencie su presencia y de que tengan una mayor visibilidad «puede beneficiar la actividad. Yo me siento una mujer muy libre y hago lo que me apasiona . Es verdad que a algunos no les gusta esa libertad si no piensas como ellos, lo digo en primera persona porque sufro las críticas de animalistas y demás. Pero creo que las mujeres aportamos un poquito más de sensibilidad y demostramos que la caza no es solo un mundo de hombres. Por ejemplo, en el tema de cuidar a los animales, se ve en el amor que les transmitimos. También, como es mi caso, muchas mujeres somos madres y enseñamos a nuestros hijos a compaginar, les transmitimos el respeto a la naturaleza, al campo, a los animales… Entonces, creo que nuestro papel es importante». Ahora bien, la mayor presencia femenina no se limita al número de licencias o a las cifras que manejan las federaciones. También está generando nuevos espacios de encuentro y participación dentro del propio sector . Las redes sociales han contribuido a hacer visibles a mujeres cazadoras que comparten sus experiencias, modalidades y jornadas de caza, rompiendo en parte con la imagen tradicionalmente masculina de esta actividad. En base a ello, tanto Elena como Ángela consideran que una mayor presencia femenina podría contribuir a mejorar la imagen social de la caza . «Dar visibilidad a la mujer cazadora es algo positivo», afirma la podenquera de Benamejí, justificando su argumento en que «en primer lugar, eso ayuda a que se vea la realidad del campo, que se vea que la caza también es cuidar la naturaleza y respetar a los animales. Y, también, cuando una muchacha joven nos ve en las redes sociales puede ser que pierda la vergüenza y se anime a dar el paso. Mostrar lo que hacemos enseña lo que es la caza desde otro punto, con respeto y sin complejos ». Por su parte, Elena considera que dar una mayor visibilidad de las mujeres cazadoras puede ayudar a cambiar la percepción que existe sobre la caza, mirando especialmente «tanto por las niñas que quieran practicarlo como por la sociedad en general». En este sentido, la cazadora y bióloga gaditana explica que «cuando pensamos en un cazador tenemos la idea de Disney, de que es malo, mata o solo se lleva un trofeo. Siempre se ve como una persona que hace daño. Sin embargo, la gente no tiene esa visión de la mujer, no es tan amarga como la visión que se tiene de los hombres . En mi caso, llama la atención. Me gusta el campo y los animales». La Federación Andaluza de Caza está tratando de acompañar esta evolución mediante iniciativas específicas destinadas a fomentar la participación femenina. Una de ellas es Caza Joven , un programa desarrollado junto a la Junta de Andalucía que facilita jornadas gratuitas de iniciación para jóvenes y en el que también está adquiriendo protagonismo la participación femenina a edades tempranas . En este sentido, Elena cuenta que «cuando una madre es cazadora hay más posibilidad de que los hijos sean cazadores porque las madres enseñan más los valores de la caza que los padres, que los hombres ». En este sentido, con respecto al relevo generacional, esta cazadora de Algeciras no esconde que «es uno de los problemas más graves que tiene el sector. Entonces, si hay chicas jóvenes que se incorporan, ayudan a eso». El asociacionismo femenino también está ganando fuerza. La Diputación de Huelva y la Federación Andaluza de Caza celebraron en marzo la III edición del Encuentro de Mujeres Cazadoras de Huelva , que reunió a referentes del sector, como son Ángela y Elena. A ello se suma el I Encuentro de Mujeres Cazadoras de Andalucía , impulsado por la propia FAC, concebido como un espacio de convivencia, formación y debate sobre los retos específicos de las mujeres dentro de la actividad cinegética, cuya celebración quedó pendiente tras su aplazamiento. Por acciones como las señaladas, el cambio ha sido notable en los últimos años. «Veo a muchas chicas jóvenes, universitarias o adolescente, a las que les gustaría cazar, pero no saben cómo empezar . Las veo animadas», afirma Elena con relación a lo que pueden aportar iniciativas como las mencionadas. Asimismo, a modo de ejemplo, habla de que « hace diez años no veía a tantas chicas en las cacerías y, ahora, caza vez veo más . Es verdad que en mi coto solo estoy yo, pero cuando nos juntamos en alguna tirada o en algún evento somos muchas. Podemos ser el 1,5% de todos los cazadores, pero cada vez nos conocemos más». Es obvio que la presencia femenina en la caza todavía está lejos de equipararse a la masculina, pero los datos muestran una transformación progresiva y, sobre todo, generacional. Mujeres más jóvenes, con perfiles profesionales diversos y, en muchos casos, con pocos años de experiencia, están incorporándose a una actividad que durante décadas ha estado asociada principalmente a los hombres. Con lo cual, el futuro de la caza pasa también por las mujeres ; por su incorporación, por su visibilidad y por la capacidad del propio sector para abrir nuevos espacios de participación sin perder la transmisión de los conocimientos y tradiciones que forman parte de la actividad. «Animo a las jóvenes que sienten curiosidad por la caza a que lo intenten, que no les dé vergüenza, que no agachen nunca la cabeza y que se sientan libres. Mi consejo, sin duda, es que lo prueben », insiste Ángela, mientras que Elena, tras matizar que «esta actividad no la puedes aprender por ti sola, ni te puedes iniciar con un vídeo de YouTube», recomienda a las mujeres que quieran iniciarse en la caza «que se arrimen a alguien que enseñe, sobre todo en materia de seguridad. También hay unos valores y una normativa que hay que conocer . Y si no tienen a nadie conocido que puedan ayudarlas, a mí pueden escribirme, o a la Federación».
