Publicado: septiembre 21, 2026, 8:00 pm
El agua que sale de un grifo, el aire que rodea un avión o las corrientes de la atmósfera parecen fenómenos muy distintos. Sin embargo, todos pueden describirse mediante ecuaciones matemáticas. Las de Euler representan un fluido ideal, sin viscosidad; las de Navier–Stokes incorporan el rozamiento interno. Ambas traducen a símbolos algo tan familiar y difícil de entender como el movimiento de un fluido. Desde que se escribieron las ecuaciones en 1755 permanece abierta una pregunta fundamental: ¿puede un fluido que comienza moviéndose de manera regular desarrollar, en un tiempo finito, una singularidad? Es decir, ¿puede alguna magnitud —por ejemplo, la velocidad de giro— crecer sin límite hasta que las ecuaciones dejen de describir una evolución suave? En tres dimensiones,… Ver Más
