Publicado: septiembre 14, 2026, 8:30 am
El ciclismo profesional es un deporte que se nutre tanto de las piernas como de la mente. En el caso de Enric Mas, la gloria alcanzada en esta Vuelta a España no es solo el resultado de miles de kilómetros de entrenamiento, sino el triunfo de una fe inquebrantable que resistió a las peores tormentas. Tras cruzar la línea de meta , el ciclista balear se confesó desnudando un alma que ha pasado por el tormento de las lesiones antes de tocar el cielo. «Lo he soñado cada noche desde ese día», resumió. Ese ‘día’ al que se refiere el líder del Movistar Team supuso un punto de inflexión absoluto en el devenir de la carrera: la fatídica caída de Tadej Pogacar y el momento en que Mas asumió el liderato. A partir de ahí, la presión y la ilusión se convirtieron en sus compañeras de la carrera. El balear reconoció que la tensión se mantuvo hasta el último suspiro, especialmente en las jornadas más montañosas de la tercera semana. «El sábado era un día que se podía perder la vuelta, porque si tienes un día malo la puedes perder, pero la confianza la tengo desde que cogí el maillot cuando cayó Tadej. Lo he soñado cada noche desde ese día», se explayó el corredor. Para llegar a este momento de redención, el camino de Enric Mas ha estado lejos de ser un paseo triunfal. Las caídas en temporadas anteriores y las dudas del entorno público minaron la confianza de un corredor llamado a grandes cosas desde su debut hace casi una década. Sin embargo, Mas nunca dejó de mirar hacia el frente. Al echar la vista atrás y comparar sus inicios con su consagración actual, rememoró el largo viaje con una frase contundente: «Lo he soñado, he trabajado para esto». Es la recompensa a nueve años de picar piedra en el pelotón internacional. Esta victoria adquiere un tinte heroico al recordar el calvario físico y mental que el ciclista tuvo que superar en los meses previos. Las dudas que genera el deporte de élite cuando el cuerpo no responde pueden destruir a cualquier atleta. Mas no oculta que estuvo en los lugares más oscuros de su carrera deportiva. «Después de todo este proceso que he pasado han sido momentos difíciles en los que he tocado fondo, pero gracias a todo eso…». Esa resiliencia fue la que le impidió tirar la toalla cuando los resultados no acompañaban. Eso sí, quiso dejar claro que jamás barajó la posibilidad de rendirse. Su ADN competitivo y su fe en sí mismo se mantuvieron intactos: «Si hubiera perdido la confianza hubiera dejado la bici o me habría dedicado a otro tipo de ciclismo, habría cambiado mi rol». Mas sabía que su lugar seguía estando en la disputa de las grandes vueltas, y el tiempo le ha terminado dando la razón. El éxito, sin embargo, no es un esfuerzo individual. En un deporte donde el líder se lleva los focos pero depende de un bloque, Enric Mas quiso desviar el protagonismo hacia su círculo más íntimo y hacia una escuadra que cargaba con una enorme sequía de éxitos en rondas de tres semanas. Con profunda humildad, el mallorquín otorgó todo el crédito de su éxito a sus seres queridos: «Es más mérito de ellos que de mí. Son ellos quién realmente empujan en los momentos difíciles. Los momentos fáciles son simples de llevar. Toda la gente que me rodea, incluso el equipo son los máximos culpables de esto». Asimismo, subrayó el tremendo alivio que este triunfo supone para la estructura de su escuadra: «Es una realidad que el equipo necesitaba una victoria como esta y ya la tenemos». A la hora de desgranar las tres semanas de competición, Mas rescató momentos clave que cimentaron su triunfo. Uno de ellos fue la mítica ascensión a El Bartolo, donde midió sus fuerzas de tú a tú con el gran favorito de la carrera. «Estar con Tadej ese día, aunque luego quedaba la bajada, fue importantísimo», recordó emocionado. Sin embargo, si tiene que quedarse con un solo instante de toda la ronda, su elección es clara: «La etapa de Aitana es la más especial. Es cierto que fue en la que pude conseguir la victoria y creo que es la más especial de estos 21 días». El día de la coronación final, las calles de Granada se tiñeron de fiesta, pero por las venas del campeón corría una amalgama de sensaciones difícil de gestionar. «Sentí nervios, ha sido un día con una mezcla de emociones, todas positivas. Toca seguir con lo que estamos haciendo. Los deportistas somos así, ya pensamos en los próximos objetivos y no tenemos tiempo de disfrutar las victorias». Esa mentalidad insaciable y devoradora, propia de los grandes campeones, asomó de inmediato cuando se le planteó si este triunfo le abría el apetito para los próximos retos del calendario: «Siempre piensas en lo que viene delante. Ahora viene el Mundial. Pocas veces puedes parar unos días y disfrutar del momento. Trataré de hacerlo antes de irme a Canadá». Enric Mas ya es campeón de la Vuelta, ha hecho realidad el sueño que le perseguía cada noche, pero él ya rueda hacia la próxima meta.
