Publicado: septiembre 13, 2026, 2:31 am
Aquel 11 de septiembre de 2001 quedará grabado en la memoria de todos. Sangre, polvo, muertes y un inmenso dolor que congeló el corazón de Nueva York y del mundo.
Veinticinco años después, nuestra sociedad ha cambiado y mucho. Empezamos a ceder parte de nuestra libertad individual en favor de la seguridad colectiva.
Es una realidad que hoy tenemos más información y no esperamos a escuchar la televisión, la radio o leer el periódico para acceder a las noticias. Nuestra comunicación es más rápida, aparecieron las redes sociales y hemos llegado a permitir que desde nuestro móvil, en el bolsillo, se acceda a nuestra localización, se conozcan nuestros hábitos y nuestros gustos. Todo en medio del desafÃo incierto para nuestra civilización, la inteligencia artificial.
De aquel 11 de septiembre salimos con la obsesión de garantizar la seguridad. Llegaron los controles a los aeropuertos que hasta hoy arrastramos. Cedimos parte de nuestra privacidad y los gobiernos reforzaron la colaboración antiterrorista.
EEUU iniciaba la que llamaba «guerra contra el terrorismo», al mismo tiempo aparecÃan en nuestras vidas Twitter, Facebook, Instagram, las cámaras en los móviles y las noticias a golpe de clic.
El mundo se desarrollaba tecnológicamente a una velocidad impensable. Según el Banco Mundial entre el año 2000 y 2020 la diferencia de ingresos en los paÃses disminuÃa. En cambio, esto no se traduce en mayor igualdad. Todo lo contrario, la concentración de rentas y del progreso se acumula en menos manos. Miles de personas pueden disfrutar hoy de un smartphone de última generación mientras es prácticamente imposible que puedan acceder a una vivienda digna o cubrir la cesta de la compra.
Hasta aquel 11-S, EEUU ejercÃa la hegemonÃa mundial. Hoy el potencial económico y tecnológico de China y su influencia en otros continentes amenaza su posición. Entretanto Rusia se convierte en una amenaza de nuevo para el continente europeo, tras la invasión de Ucrania.
EEUU no parece haber tomado nota de sus tormentosas operaciones bélicas en Irak y Afganistán de aquellos años y de nuevo se enfanga en Oriente Medio con un coste que pagamos todos, mientras enarbola el América First con operaciones pro petróleo en nombre de la seguridad colectiva.
Cedimos libertad a cambio de seguridad y no terminamos de encontrarla. De la misma manera que no somos capaces de atisbar el impacto que tendrá en nuestras vidas la inteligencia artificial. Ha llegado para revolucionar nuestro mercado laboral, nuestros hogares, nuestra seguridad y sigue carente de toda ética.
No debe extrañarnos que en estos veinticinco años hayamos pasado de una sociedad que se unÃa buscando la confianza en las instituciones como garantÃa de seguridad a una ola que hoy recorre el mundo de movimientos populistas, nacionalismos excluyentes y posiciones extremas que siembran la desconfianza, el odio y el rechazo al sistema.
Los ciudadanos sienten que tras la crisis vivida en 2008 las incertidumbres, la inseguridad en su futuro crece. Pensemos por un momento en los oligarcas tecnológicos que desde EEUU nos señalan cómo se puede intervenir en la economÃa, en una guerra y hasta en nuestra democracia y procesos electorales. Quizás si analizamos en profundidad la huella de estos 25 años estarÃamos en condiciones de afrontar el futuro inmediato que marcará esta era.
Necesitamos más autocrÃtica, reconocer el grave error de usar las instituciones para nuestros fines partidistas y dejar de arrastrar las ilusiones de la mayorÃa hacia el abismo del «no se puede o no es mi competencia». Esto nos conduce a la desilusión colectiva y abre la puerta a los populismos extremistas que buscan mutar el sistema. Espero que esta batalla la ganamos los demócratas.
