Publicado: septiembre 12, 2026, 3:31 am
Cuando alguien habla de lo que hoy es Europa se centra en los padres fundadores, pero muy poco en esas ‘madres’ que no han copado primeras lÃneas pero que sà construyeron la UE desde la lucha y la reivindicación. Una de ellas es Emma Bonino, que ha fallecido este viernes a los 78 años de edad. Ministra, comisaria europea y eurodiputada, Bonino centró su vida en la lucha por los derechos civiles. Fue una activista rotunda en favor del derecho al aborto y del divorcio: un referente para Italia y para Europa.
«Los derechos son un proceso: pueden avanzar y retroceder. Hay que cuidarlos, alimentarlos, defenderlos e impulsarlos«. Bajo esa premisa, Bonino hizo polÃtica desde lo local hasta lo europeo, pasando por cargos que ella misma entendió como momentáneos; el activismo, eso sÃ, no lo dejó nunca, y está considerada como una de las grandes referentes en el feminismo italiano y continental.
En 1975 fue una de las fundadoras del Centro de Información sobre Esterilización y Aborto, una organización que ofrecÃa información y realizaba abortos antes de que fueran legalizados. Al año siguiente fue elegida diputada del Parlamento italiano por el Partido Radical, una formación independiente que constituÃa un bastión del anticlericalismo, el libertarismo civil, el feminismo, el liberalismo y el radicalismo en Italia. Eso sÃ, con el sistema nunca fue del todo rupturista, y a medida que avanzó su carrera polÃtica hizo más y más llamamientos en favor de la moderación.
Para ella, los derechos civiles no estaban «escritos en piedra», como dijo en una ocasión, y vio la legalización del aborto en 1978 como un gran triunfo, no solo para las mujeres; para la sociedad en general. No interpretaba Bonino el aborto como un derecho en sà mismo. Era parte fundamental de una libertad a la que nunca, sostuvo, se tenÃa que renunciar.
No se alejó de nadie a la hora de hacer polÃtica, y buena prueba fue su salto a la esfera europea. Silvio Berlusoni, de hecho, le ofreció en 1995 ser comisaria, y Bonino aceptó. Entonces forjó la polÃtica de protección del consumidor de la UE y creó la Oficina Humanitaria de la Comisión Europea, que hoy en dÃa es el principal organismo humanitario de la Unión. Fue precisamente esta última cartera, la de asuntos humanitarios, la que más le apasionaba.
Con el mismo mensaje que habÃa lanzado en sus años de juventud polÃtica, se encargó de proyectar la Unión en el exterior: Yugoslavia o Afganistán dieron buena cuenta de que lo humanitario, para Bonino, era también algo polÃtico. Europa, que ahora quiere ser un actor global, tuvo en ella el referente que quiso enseñar la defensa de los derechos humanos como parte fundamental de la toma de decisiones. Lo que hoy se ve como la Europa de los valores fue lo que Bonino, en cierto modo, ayudó -o lideró- a crear. Ese liderazgo, sin ir más lejos, le otorgó el Premio PrÃncipe de Asturias de Cooperación Internacional en 1998.
De la Comisión Europea dio un paso hacia el Parlamento Europeo, convirtiéndose en eurodiputada tras las elecciones de 1999 con un partido fundado por ella misma que acabó siendo cuarta fuerza en Italia. Ya en los años 2000 y 2010 siguió con su vocación comunitaria como ministra de Exteriores, de Comercio y de Asuntos Europeos en diferentes etapas, y siempre en gobiernos de centroizquierda.
«Tengo raÃces, tengo una patria, una familia, pero precisamente todo eso me permite ser ciudadana del mundo«, dijo ya en 2025, apartada de los focos pero siempre bajo la reivindicación. Tal era esa lucha que no hubo espacio ideológico que no pusiera en valor su papel, y de hecho Bonino forjó una importante amistad con el Papa Francisco; ella, que en sus años primigenios en la polÃtica tuvo como base una oposición a los postulados vaticanos.
Su gran pensamiento: nunca hay que dar nada por sentado. ServirÃa, en realidad, para la Europa de hoy, esa que está en otra encrucijada. En boca de Emma Bonino, siempre hay batallas que luchar. «Muchas, demasiadas. Los derechos humanos, el hambre en el mundo, la investigación cientÃfica libre… Diez vidas no bastarÃan«.
