Ucrania 'empata' en el frente y golpea el interior de Rusia a las puertas del invierno: "Se convertirá en una guerra de congelación" - Venezuela
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Ucrania 'empata' en el frente y golpea el interior de Rusia a las puertas del invierno: «Se convertirá en una guerra de congelación»

Publicado: septiembre 2, 2026, 2:31 am

Más de cuatro años después del inicio de la invasión rusa de Ucrania, el panorama en el frente permanece prácticamente inamovible. La lucha se libra pueblo a pueblo, kilómetro a kilómetro y calle a calle en el Donbás, hasta el punto en el que la contienda ha quedado suspendida en el tiempo sobre el terreno, mientras el conflicto se extiende hacia la retaguardia, la economía y la capacidad industrial de ambos países. El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, ha puesto cifras al impasse que se vive en el campo de batalla, donde Ucrania ha conseguido plantar cara y recuperar territorio: según Kiev, al término del año, Ucrania habrá recuperado en 2026 la misma extensión de territorio que la ocupada por Rusia en el mismo periodo.

Actualmente, explicó Zelenski, Rusia ha ocupado 990 kilómetros cuadrados de territorio ucraniano desde el comienzo de 2026, mientras que las fuerzas ucranianas han recuperado 820 kilómetros cuadrados. La diferencia, por tanto, sería actualmente de unos 170 kilómetros cuadrados a favor de Moscú. Kiev cuenta con revertirla continuando sus avances en el sureste del país, y alcanzar así esas «tablas» en el balance anual que Zelenski presenta como un equilibrio en el campo de batalla.

“Tiene algo de razón, pero hay muchos matices que hay que comprender”, explica a 20minutos Armando Jiménez San Vicente, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV). «La guerra se pelea en tres dimensiones diferentes y en dos frentes militares. La primera es la militar, y esa tiene dos frentes: el inmediato, que abarca estos 1.200 kilómetros de línea de combate, principalmente en Donetsk, donde, efectivamente, Zelenski ha logrado recuperar territorio de una manera bastante importante», sostiene.

“Por primera vez, en estos seis meses podemos hablar de un avance de Ucrania, en tanto que ha logrado más cosas que Rusia: ha conseguido consolidar territorio a su favor y ha provocado problemas serios a la economía rusa”, explica el docente.

Ucrania recupera terreno, pero Rusia mantiene la presión

Rusia continúa atacando y presionando sobre el llamado ‘cinturón fortaleza’ en la región de Donetsk: una línea defensiva clave para Ucrania formada entre las localidades de Kostiantynivka, Druzhkivka, Kramatorsk y Sloviansk. Allí, una cadena de ciudades, pueblos, carreteras, posiciones fortificadas y obstáculos naturales conforman la columna vertebral de la defensa ucraniana y el principal obstáculo para Moscú, que lleva meses tratando de debilitarla para consolidar sus avances, según los análisis del Institute for the Study of War (ISW). Intentos que, por el momento, han resultado infructuosos.

Mientras tanto, a lo largo de 2026 las tropas ucranianas han sido capaces de recuperar y consolidar su presencia en extensas zonas del sureste del país, entre las regiones de Dnipropetrovsk, Donetsk y Zaporiyia. El pasado 12 de agosto, Zelenski anunció que Ucrania había permitido recuperar 745 kilómetros cuadrados y 26 localidades sobre una franja de aproximadamente 60 kilómetros del frente a través de una oleada de contraataques durante meses. El mapa interactivo del frente elaborado por DeepState —un proyecto ucraniano de inteligencia— respalda, en su mayoría, el avance anunciado por Kiev y el retroceso ruso en otras seis áreas de esa zona.

Los avances, aunque pequeños, suponen un impulso en la moral de Ucrania, capaz de hacer frente a la invasión rusa más de cuatro años después. Sin embargo, la dificultad y escasez de movimientos de uno y otro bando a lo largo del frente dan fe de una guerra estancada, en la que cada disputa territorial es pequeña y tiene un coste enorme de vidas humanas. «Lo importante aquí es que la liberación de ese territorio está teniendo un desgaste enorme, tanto para Ucrania como para Rusia», apunta Jiménez, que compara buena parte de los combates actuales con una guerra de posiciones propia de otro tiempo. «Esta guerra es muy similar a la Primera Guerra Mundial, de trincheras, donde el costo humano es altísimo», resume. «En cuatro años y medio, es una de las guerras más sangrientas de la historia contemporánea», añade.

El avance ucraniano, además, tampoco significa que Kiev haya recuperado la iniciativa a lo largo de todo el frente. Rusia continúa atacando en numerosos sectores y el Ministerio de Defensa ruso aseguró a mediados de agosto la conquista de otras 19 localidades durante su campaña de verano. Moscú controla el 80% de la provincia de Donetsk y, según Zelenski, el presidente ruso Vladimir Putin ha encomendado a sus tropas completar la ocupación antes de que acabe el año, algo que los analistas del ISW consideran improbable y en la línea de otros plazos similares impuestos por el Kremlin desde 2022 sin conseguir cumplirlos.

La guerra se traslada a la retaguardia

Con el frente paralizado, una gran parte de la contienda se ha desplazado a la retaguardia. Los últimos meses, Ucrania se ha demostrado capaz de equilibrar la guerra también en el aire, atacando con drones —una materia en la que se han convertido en vanguardia— refinerías, depósitos de combustible, instalaciones militares, sistemas de defensa aérea y centros logísticos, situados en el interior de Rusia y cada vez más lejos de la frontera ucraniana. «Es lo que se llama el frente profundo, donde Rusia ha sido atacada en su infraestructura, sobre todo de refinerías y de capacidad de producción de gas. Por primera vez, Ucrania es capaz de golpear sistemáticamente el corazón económico de la actividad rusa», explica Jiménez.

Los ataques contra infraestructura clave de la maquinaria militar rusa tienen varias dimensiones. La primera de ellas, obviamente, es militar: «Ucrania busca dividir las defensas aéreas rusas, para que defiendan a la población rusa cerca de estos centros de producción de gas y de petróleo, y también con esto descuidar un poco el frente»

Del mismo modo, Rusia golpea con fuerza la retaguardia ucraniana a través de una intensa campaña aérea combinando drones y misiles balísticos o de crucero. El 20 de agosto, un ataque contra Kiev y su región dejó 17 muertos y más de 40 heridos. En su ofensiva, Rusia lanzó 168 drones y decenas de misiles de diferentes tipos, y Ucrania logró interceptar el 90% de los drones y y la mayoría de los misiles de crucero, pero no informó de cuántos proyectiles balísticos había conseguido interceptar.

Esa capacidad, apunta Jiménez, sería insuficiente, lo que explica la desesperación de Kiev por lograr la cesión de misiles Patriot estadounidenses, el único sistema capaz de interceptar determinados misiles balísticos rusos. «Es el gran reto de Ucrania, el tema aéreo, en agosto no pudo interceptar los misiles balísticos, y la disponibilidad de los Patriot es un problema de fondo para Kiev«. Para Estados Unidos, sin embargo, la prioridad está en otra parte del mundo: «Se necesitan más o menos 300 interceptores Patriot, pero con el conflicto de Irán y Ormuz, la prioridad está en esa región y no directamente en Ucrania. Esta autorización de poder desarrollar tecnología para defensa quedó en declaraciones, y es un tema que toma años y capacidades para poder desarrollarlo».

Misiles, energía y un invierno decisivo

Para Jiménez, el conflicto en Ucrania «está pasando de ser una guerra empantanada en lo militar a convertirse en una guerra geoeconómica, y tendrá trascendencia para toda Europa y a nivel internacional, por los precios del petróleo y del gas». Gran parte del destino de esta contienda, sostiene, se dirimirá el próximo invierno en cualquiera de los tres frentes: campo de batalla, retaguardia o mesa de negociaciones. «Se va a convertir en una guerra de desgaste o congelación. Rusia espera que este invierno sea crítico para Ucrania, colapsando su red eléctrica, y que esto fuerce a Zelenski a negociar una cesión de territorios», apunta el experto.

«Ucrania ha tenido una ventaja en estos últimos meses; su capacidad de drones ha afectado seriamente la capacidad de producción de gas y de petróleo en Rusia. Ahora, lo que va a tratar de hacer Ucrania es consolidar su posición en los próximos seis meses, pero tiene, obviamente, un reto enorme cuando se viene el invierno», argumenta Jiménez. Esa tarea no será sencilla por la «guerra del barro»: «En esa zona, en los meses de octubre o noviembre, cuando todavía no hay hielo y no está congelado, pero es muy húmedo, hay muchas lluvias y esto inhabilita el movimiento de las tropas. Todas estas condiciones climatológicas tienen un impacto enorme».

La amenaza del frío, apunta Jiménez, «va a generar muchísima presión». «La ventana de negociación y de oportunidad está a finales del otoño, pero es muy pequeña, y definitivamente el invierno será cuando los actores van a estar mucho más tensionados y donde se puede buscar encontrar puntos de encuentro», añade. En los meses previos, sostiene el profesor de la UFV, «Rusia va a tratar de romper el cinturón en Kramatorsk y Sloviansk, y consolidar su posición», explica Jiménez. Mientras, Ucrania intentará mantener el equilibrio en el campo de batalla y condicionar el invierno ruso con ataques a su retaguardia. «Una crisis energética en Rusia puede forzarlos a sentarse de nuevo a negociar, pero la situación es muy pareja».

La presión política crece en Kiev y Moscú

Al mismo tiempo, ambos líderes afrontan sus propios problemas domésticos: cada vez más voces piden elecciones en Ucrania —con un Zelenski con el mandato expirado en 2024— y Rusia afronta elecciones parlamentarias en septiembre. «Probablemente Putin movilizará 300.000 reservistas tras las elecciones —una decisión impopular que evita antes de los comicios—, y eso tendrá un impacto en el campo de batalla. Y en Ucrania, cada vez habrá mas presión para que haya elecciones», explica Jiménez.

En cualquier caso, la situación de ambos líderes es distinta. «Para Putin, esta guerra se ha convertido en un tema de legitimidad de su control sobre Rusia. La guerra le ha servido para centralizar todo el poder e incrementar su influencia, pero el desgaste económico ya afecta a Rusia, y si la guerra se prolonga, habrá más descontento social, especialmente cuando se llama a filas a cientos de miles de personas», sostiene Jiménez. «Por su parte, Zelenski tiene legitimidad internacional, pero en el interior el sistema político está desdibujado y en una situación crítica por la corrupción galopante y una gran crisis económica y de sobreendeudamiento por la guerra», añade. «En ese plano, Ucrania está en mucha mayor desventaja», añade.

El invierno pondrá a prueba la resistencia ucraniana y las capacidades de Kiev y Moscú de resistir para ganar un conflicto «extremadamente complejo y con demasiados frentes» que, apunta Jiménez, podría dirimirse «por desgaste económico y presión diplomática» antes que en el campo de batalla. Aunque «el frente diplomático está estancado», Jiménez sostiene que las variables internacionales «juegan un papel muy importante» y podrían acabar decantando la balanza». «Es un conflicto que, si no hay una presión o intervención directa de Europa y Estados Unidos, puede acabar congelado en el tiempo», concluye.

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