Publicado: agosto 28, 2026, 9:33 am

Venezuela entra en la segunda mitad de 2026 con un potencial excepcional de hidrocarburos, una base de producción en recuperación pero aún frágil, y un entorno de mercado en el que los suministros seguros de crudo pesado y gas natural conservan un valor estratégico. La cuestión central ya no es si Venezuela cuenta con recursos suficientes, sino si puede reconstruir las condiciones técnicas, institucionales y de infraestructura necesarias para convertirlos en una producción sostenida.
Por oxfordenergy | Traducción libre al castellano por lapatilla.com
La primera condición para una recuperación sostenible es la credibilidad jurídica. Las provisiones de reversión sin compensación contempladas en los artículos 35(4) y 43 de la Reforma de la Ley Orgánica de Hidrocarburos de enero de 2026 recrean el dilema del horizonte temporal asociado a la Ley de Reversión de 1971, con el riesgo de desincentivar precisamente las inversiones a largo plazo necesarias para la recuperación térmica, la generación eléctrica y la infraestructura asociada. Por lo tanto, su eliminación o una compensación sustancial debería ser una prioridad en cualquier reforma legal posterior.
La segunda condición es la secuenciación. Venezuela debería utilizar los recursos de menor viscosidad del Orinoco, las oportunidades en campos maduros (brownfields) y la rehabilitación de campos convencionales para generar producción temprana y flujo de caja antes de expandirse hacia la recuperación térmica, la cual requiere un mayor consumo de capital y energía. Esta estrategia exigirá el desarrollo paralelo de servicios e infraestructura de soporte a la par de las inversiones aguas arriba (upstream).
Una recuperación sostenida hacia aproximadamente 3,3 millones de barriles diarios en un horizonte de 10 a 12 años sigue siendo técnicamente viable, pero debe entenderse como un potencial de producción a largo plazo y no como una proyección definitiva. Su concreción requeriría una transición política sostenida, términos fiscales predecibles, capital y tecnología privados, infraestructura restaurada, suministros confiables de electricidad y diluyentes, y un marco institucional fortalecido.
El rediseño institucional de PDVSA es un elemento central de este marco. Una empresa más eficiente y orientada a la gestión estratégica de activos, la supervisión de contratos, la evaluación geológica, la fiscalización ambiental y la coordinación de infraestructura estaría mejor adaptada para respaldar a los operadores privados, en comparación con una firma financieramente sobreextendida que intente actuar simultáneamente como ente regulador, operador, inversionista y agencia de desarrollo social.
El precedente histórico de cooperación pragmática entre Estados Unidos y Venezuela también resulta relevante. Durante la década de 1940, Venezuela combinó términos fiscales más estrictos con una participación internacional continua, mientras que Estados Unidos respaldó un marco que equilibró los intereses corporativos con la soberanía venezolana. Esa experiencia no constituye un modelo para replicar exactamente, pero demuestra que la cooperación estratégica puede coexistir con la autonomía de las políticas nacionales y la expansión sostenida del sector petrolero.
En términos prácticos, esto implica un respaldo continuo de Estados Unidos a la transición democrática y financiamiento multilateral para la rehabilitación crítica del sistema eléctrico, a la par de reformas venezolanas que eliminen el riesgo de reversión y completen la transición de PDVSA hacia una gestión estratégica de activos. Sin estas bases institucionales y de infraestructura, la riqueza de recursos seguirá siendo un potencial no realizado en lugar de una fuente duradera de recuperación nacional.
Por ende, el mensaje central es claro: los recursos de Venezuela constituyen el pilar para la recuperación, pero solo instituciones creíbles, infraestructura confiable, una secuenciación disciplinada y reglas de inversión duraderas podrán transformar ese potencial en una producción sostenida a lo largo de las décadas.
