Publicado: agosto 24, 2026, 10:30 pm
El fichaje de Esther González por el Al Qadsiah saudà ha abierto un debate que va mucho más allá del fútbol. La decisión de la campeona del mundo es cuanto menos, controvertida. Las redes sociales y voces de la afición han sido tremendamente crÃticas con la jugadora , atendiendo fundamentalmente a criterios de coherencia. ¿Cómo es posible que una futbolista que ha reivindicado la igualdad y que forma parte de una generación que ha transformado el fútbol femenino decida ahora continuar su carrera en Arabia SaudÃ? Esther, 33 años, puso fin este verano a su etapa en el Gotham FC y regresó a España por motivos personales. Poco después se conoció su fichaje por el Al Qadsiah, de momento con contrato por una temporada y con opción a otra. La decisión, lejos de lo que pudiera pensarse, no responde únicamente a una cuestión económica: también le permite continuar compitiendo al máximo nivel en unas condiciones que pueden encajar mejor con su vida personal. Arabia Saudà trata de construir una industria futbolÃstica propia con inversiones deportivas fortÃsimas. PodrÃan discutirse sus polÃticas, su respeto o no por los derechos humanos o el papel que otorgan la mujer en su sociedad. Pero lo que esta claro es que, a nivel estrictamente deportivo, esa inversión también crea oportunidades. Esther no se ha convertido en diplomática saudÃ. Se ha convertido en futbolista del Al Qadsia. Y ahà aparece justamente la oportunidad. El fútbol femenino saudà necesita experiencia, conocimiento y referentes. La llegada de una campeona del mundo supone incorporar a una jugadora formada durante años en España y Estados Unidos, acostumbrada a la máxima exigencia internacional y a torneos del alto nivel. Su presencia puede contribuir a elevar el nivel de una competición que todavÃa está creciendo y, sobre todo, puede ayudar a que más niñas tengan referentes deportivos femeninos. Eso también es globalización. Durante años hemos celebrado que los clubes europeos vendan sus camisetas en Oriente Medio, reciban inversiones de fondos árabes o firmen contratos millonarios con empresas del Golfo. El Real Madrid mantiene una relación con Emirates desde 2011 y acaba de ampliarla hasta 2031. El Barcelona tuvo durante años a Qatar Foundation y Qatar Airways vinculadas a su camiseta. Nadie consideró que cada futbolista que jugaba con esas camisetas estuviera respaldando automáticamente las polÃticas de Qatar o Emiratos. Entonces, ¿por qué deberÃa ser diferente cuando una jugadora europea decide hacer el camino contrario? El capital árabe lleva años saliendo de sus fronteras e invirtiendo en Europa. Compra empresas, inmuebles, infraestructuras y clubes. También patrocina competiciones y equipos. Es legÃtimo discutir las condiciones de esas inversiones, pero resulta difÃcil defender que el dinero pueda viajar libremente en una dirección y que, cuando son nuestros deportistas quienes viajan hacia esos mercados, tengamos que interpretarlo necesariamente como un problema. Puede ocurrir algo mucho más interesante: que esa inversión contribuya a crear nuevas oportunidades para las mujeres en el deporte. Esther pertenece a una generación que tuvo que luchar para que el fútbol femenino español fuera profesional y visible. Ahora puede formar parte de otra transformación: la expansión del fútbol femenino en mercados donde todavÃa está dando sus primeros pasos. La cuestión no es juzgar a Arabia Saudà por invertir en fútbol, sino preguntarnos qué ocurre cuando ese dinero sirve también para atraer talento, profesionalizar competiciones y abrir nuevos espacios para las mujeres. Quizá haya que hacer algo más sencillo: mirar el fenómeno como una oportunidad de intercambio. Ellos ponen inversión ; nuestras futbolistas aportan talento, experiencia y conocimiento. Y si de verdad creemos que el deporte puede transformar sociedades, deberÃamos aceptar que esa transformación también puede viajar en ambas direcciones. Esther González, como tantos otros futbolistas europeos que acaban allà su carrera, no tiene que pedir perdón por jugar al fútbol en Arabia SaudÃ. ¿O acaso con ellas es diferente?
